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Los días 23 y 24 de octubre el mundo ha presenciado lo que el propio Colin Powell calificó en el periódico francés Le Figaro como un “telemaratón” por Iraq. La Conferencia de Donantes ha demostrado ser sólo una hoja de parra para intentar “legitimar” Los días 23 y 24 de octubre el mundo ha presenciado lo que el propio Colin Powell calificó en el periódico francés Le Figaro como un “telemaratón” por Iraq. La Conferencia de Donantes ha demostrado ser sólo una hoja de parra para intentar “legitimar” la brutal ocupación y el saqueo imperialista de Iraq. Más que donantes, las empresas y los países que han participado en esta conferencia, se han comportado como “subasteros” en busca de un jugoso botín.

Finalmente, a pesar de las valoraciones “optimistas”, la conferencia ha sido un rotundo fracaso. El Banco Mundial y la ONU esperaban recaudar aproximadamente 56.000 millones, pero sólo han conseguido 13.000 millones de dólares. Los otros 20.000 son los que ya había decidido aportar EEUU y que serán gestionados directamente por ellos sin necesidad de guardar ninguna apariencia. Además, dos terceras partes de este dinero no son “donativos” sino que será entregado en concepto de préstamos, lo que agravará aún más la carga de la deuda externa iraquí que asciende a 350.000 millones de dólares, veinte veces su PIB, de los cuales la gran mayoría, 200.000 millones, son deudas por compensaciones de guerra por la invasión de Kuwait. Por cierto, la ONU ¿también exigirá a los norteamericanos e ingleses una indemnización de 200.000 millones de dólares para el pueblo iraquí por la invasión?

Por si alguien tenía alguna duda, durante la conferencia, la ONG británica Christian Aid denunció que de los 5.000 millones de dólares del fondo entregado a la Autoridad Provisional (compuesta por norteamericanos, ingleses, etc.) han desaparecido 4.000 millones. Lo que sí se sabe es que 600 millones de dólares han ido a la empresa estadounidense Halliburton (vinculada al vicepresidente de EEUU Dick Cheney) para pagar las “importaciones de gasolina a Iraq”. Y también se sabe que esta empresa ha vendido la gasolina a la Autoridad Provisional con un sobreprecio de 1,59 dólares por galón de combustible. Es decir, ¡uno de los principales productores de petróleo del mundo tiene que importar gasolina y pagarla por encima de su valor en el mercado!

Los países que han asistido a esta reunión lo han hecho en calidad de representantes de las empresas de sus respectivos países, como ha reconocido la CEOE en el caso español, aunque cuando han llegado allí sólo se han encontrado con migajas porque la parte más importante de la tarta —el petróleo—se la reparten las empresas estadounidenses.

Los buitres se reparten los despojos mientras las masas sufren las consecuencias. Después de doce años de embargo y tres guerras, uno de los países más ricos de la región se ha visto reducido a la más absoluta pobreza. En 1980 el ingreso medio anual per cápita era de 3.000 dólares, hoy es de 450 dólares. Según el Ministerio de Trabajo iraquí más del 70 por ciento de los iraquíes en edad laboral está en paro —12 millones de personas—. La malnutrición se ha duplicado. Dos tercios de la población dependen del racionamiento de comida y menos del 50 por ciento tiene acceso al agua potable.

‘Nuestra moral no es ni alta ni baja: no hay moral’

Ya es habitual leer diariamente en los medios de comunicación como aumenta el número de bajas entre las tropas de la coalición. Hasta el 17 de octubre la cifra oficial era de 391 muertos (337 estadounidenses). La Casa Blanca alarmada y haciendo gala de su carácter “democrático” ha prohibido a la prensa que saque imágenes de los ataúdes y de los funerales.

Pero lo más interesante es la encuesta publicada en Stars and Stripes (Barras y estrellas), una revista que fue fundada por el Pentágono. La encuesta demuestra el nivel de desintegración de la moral entre los soldados y por supuesto la publicación de este artículo también es un síntoma de las crecientes divisiones que existen no sólo entre el Pentágono y la administración Bush, o entre distintos sectores del ejército, sino que muestra las divisiones entre los oficiales y los soldados.

Según esta encuesta el 34% de los soldados cree que la moral es baja, el 27% alta y el 37% media. Un soldado de la 111 División de Infantería describía perfectamente la situación: “Nuestra moral no es ni alta ni baja: no hay moral”. El 50% tienen dudas sobre la justificación de la invasión. El 49% de los soldados piensa abandonar el ejército tan pronto como le sea posible, sólo un 18% cree “probable” continuar. Por cierto, también empiezan a aparecer noticias de deserciones, como los 30 soldados que después de pasar dos semanas de vacaciones en su país “perdieron” el vuelo que les llevaba de regreso a Iraq.

La encuesta también explica en qué condiciones viven los soldados. Existe insatisfacción general con las condiciones de vida (higiene, ocio, comunicaciones, alimentación...). El 64% creen que sus condiciones de vida han empeorado. La mayoría no recibe más de una comida al día. No tienen luz ni aire acondicionado. Se quejan de los privilegios que disfrutan los oficiales con frases como éstas: “Ellos viven en palacios y nosotros en la arena” “¿Estamos en la misma guerra o me he perdido algo?”.

Al mismo tiempo que se publicaba esta encuesta ha saltado el escándalo de las cartas falsificadas que han enviado altos mandos del ejército a más de 500 periódicos de todo el país y que supuestamente eran enviadas por los soldados desde Iraq. En estas cartas se podía leer cosas parecidas a esta: “la mayoría nos ha dado la bienvenida con los brazos abiertos... Desde que hemos llegado nosotros han mejorado las condiciones de vida de los iraquíes...”. Obviamente se trataba de un intento burdo de manipular a la opinión pública ya que la oposición a la guerra sigue en aumento como demuestran las manifestaciones del 25 de octubre en más de 140 ciudades. Sólo en Washington, según los organizadores, se manifestaron 200.000 personas en una de las manifestaciones más grandes de los últimos años.

Aumento de la represión

Mientras la oposición a la guerra crece en EEUU, la situación en Iraq no es muy halagüeña. El alto mando estadounidense ha tenido que reconocer que durante las últimas semanas se han intensificado los ataques de la resistencia iraquí contra las tropas de la coalición. Antes del verano recibían entre 10 y 12 ataques diarios, ahora reciben 35 al día y, por poner un ejemplo, sólo el 20 de octubre recibieron 43. También reconocen que estos ataques cada vez están más organizados y son más certeros. Al mismo tiempo, ha aumentado la represión ejercida por el ejército y la Autoridad Provisional. Oficialmente reconocen tener 5.500 prisioneros políticos y más de 13.000 detenidos.

El 12 de octubre el periódico británico The Independent publicaba la última táctica del ejército estadounidense, copiada directamente de las tácticas utilizadas por el ejército israelí en los territorios ocupados. Cuando alguien se niega a delatar a la guerrilla los soldados estadounidenses derriban sus casas con buldózeres y en el caso de los campesinos aplastan las palmeras, limoneros... que son su única forma de subsistencia. Sólo en Dhuhraya (al norte de Bagdad) 32 campesinos y sus familias se han quedado en la calle. Esta represión es la que alimenta y nutre las fuerzas de la resistencia.

Los jóvenes y trabajadores apoyamos el derecho a defenderse de la población iraquí contra los invasores extranjeros. Se trata de una lucha de liberación nacional contra una potencia imperialista ocupante. Por ahora parece que la resistencia está formada por distintos grupos, con diferente ideología, que han cogido las armas y cuentan con el apoyo, la simpatía y la ayuda de una gran parte de la población, pero los últimos ataques perpetrados coincidiendo con el inicio del Ramadan, parece indicar que podrían estar actuando bajo un mando único.

No obstante, la tarea más urgente en Iraq es construir un movimiento de masas, en el que participen trabajadores, estudiantes, campesinos, pobres urbanos, parados... para expulsar a las fuerzas ocupantes. La guerra de guerrillas es un método de lucha válido en un país ocupado, pero corre el riesgo de aislarse de las masas y caer en los métodos del terrorismo individual. La resistencia armada sólo puede triunfar como un instrumento auxiliar del propio movimiento de masas.

Si la resistencia quiere triunfar debe vincularse a los trabajadores y jóvenes en las ciudades. Debe organizar a la población, con huelgas, manifestaciones y otros métodos de lucha. Deben hacer también un llamamiento de solidaridad y agitación entre las tropas ocupantes. Ya hemos visto cual es la situación entre los soldados estadounidenses; hay que explicarles que los jóvenes y trabajadores iraquíes no son sus enemigos; hay que explicarles que los trabajadores estadounidenses, británicos, polacos, españoles..., tienen un enemigo común: la clase capitalista que ha iniciado esta guerra de rapiña.

Actualmente en Iraq existe la base para crear este movimiento de masas. Todos los días, a lo largo y ancho del país, se celebran manifestaciones y protestas en las que participan miles de personas para exigir sus derechos básicos y el final de la ocupación. El último ejemplo son los parados, dirigidos por el Sindicato de Parados, que después de cuarenta y ocho días de movilizaciones en las que han participado miles de trabajadores, han conseguido que la Autoridad Provisional apruebe un subsidio de desempleo de 100 dólares al mes.

Lamentablemente la izquierda iraquí, en concreto el Partido Comunista Iraquí, que en su momento fue uno de los partidos comunistas más grandes de la región, en lugar de plantear una alternativa independiente y ponerse al frente de la resistencia, dotándola de un programa revolucionario y de clase, está colaborando con la burguesía iraquí, participando en el gobierno provisional y ha abandonado cualquier perspectiva socialista e internacionalista. En su lugar defienden las privatizaciones, eso sí dando prioridad al capital árabe, y una “democracia” al estilo occidental. No comprenden que cualquier gobierno que cuente con el apoyo del imperialismo estadounidense sólo será un gobierno títere que seguirá los dictados imperialistas y que seguirá saqueando y expoliando el país mientras que la mayoría de la población permanece en la pobreza.

La naturaleza aborrece el vacío y si no aparece ninguna alternativa revolucionaria este vacío lo llenarán los fundamentalistas (como por ejemplo el Consejo Supremo de la Revolución Islámica). Eso sería fatal para los jóvenes y trabajadores iraquíes que retrocederían a la barbarie como hemos podido ver en Irán durante los últimos veinte años.

¡Fuera las tropas de ocupación!

¡Por la Federación Socialista de Oriente Medio!