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Éste es el comienzo de la revolución no sólo en Indonesia, sino en toda Asia y en potencia a escala mundial. Por todas partes, la crisis económica está intensificando la polarización entre las clases. En Corea, el intento de la burguesía, escondida detrás de Kim Dae Jung, de situar el peso de la crisis sobre los hombros de la clase obrera se ha encontrado con la oposición de los trabajadores. La Confederación Coreana de Sindicatos ha respondido con una manifestación de masas y una huelga general para finales de mayo. Los sindicatos no quieren despidos y proponen, en vez de reducciones salariales, repartir el trabajo reduciendo la jornada laboral sin reducción salarial. “Es una reacción muy diferente a la sugerida por Kim en su primera reunión en enero, cuando estaba recién elegido. Era cuando su popularidad estaba alta, nueve de cada diez coreanos le apoyaban. Ahora afronta la hostilidad del Parlamento y la furia de los trabajadores… El 13 de mayo, Kim avisó a los estudiantes que no participaran con los sindicatos en las calles” (The Economist, 16/5/98).

Esto es un ejemplo para los trabajadores indonesios de lo que ocurre cuando se confía en la burguesía “progresista”. La colaboración de clases sólo significa más austeridad, desempleo y el aumento de la dependencia de Indonesia, Corea y los otros países respecto al imperialismo. Toda Asia es ahora una caldera de descontento en ebullición. El 1º de mayo en Japón vimos las manifestaciones más grandes de los trabajadores en años. Dos millones de personas asistieron a los actos en más de mil lugares, según el servicio de noticias Kyodo. Los manifestantes denunciaron la política del gobierno de Hashimoto. El desempleo en Japón (oficialmente el 3,9%) es el más alto desde 1953.

No es un accidente que precisamente en este momento la India haga explotar su primera bomba nuclear. Es un intento de desviar la atención y evitar el desarrollo de la revolución en la India. ¡La India es una gran potencia mundial! es el mensaje para millones de personas, a fin de hacerles olvidar su hambre y miseria. Temporalmente podría tener un efecto, pero no por mucho tiempo. Cuando se disipe el humo del chovinismo, los trabajadores y campesinos hindúes volverán de nuevo a la realidad de su vida. Las condiciones para una revolución en la India están maduras, al igual que en Indonesia. Lo único ausente es el factor subjetivo, dado que los denominados Partidos Comunistas de la India están jugando un papel desafortunado, actuando como apagafuegos en vez de preparar a las masas para el poder.

El potencial revolucionario es inmenso. La ausencia del factor subjetivo es el potencial para la derrota. Durante un período de dos, tres o cinco años, la cuestión del poder se presentará ante las masas una vez tras otra. Si allí existiera incluso un pequeño núcleo revolucionario, toda la situación se transformaría. Pero ante su ausencia, y con la desastrosa política de la dirección del Partido Comunista, la magnífica revolución indonesia puede de nuevo acabar en derrota. La revolución pasará a través de distintas etapas, ahora estamos siendo testigos sólo del primer acto. La posibilidad de la victoria de la clase obrera dependerá de la calidad de la dirección. Los estudiantes y trabajadores ya han demostrado gran coraje e iniciativa. Armados con un programa y perspectiva correctos, la victoria estaría asegurada. Pero si no se construye la dirección necesaria, el caos puede desarrollarse e incluso aparecer elementos de barbarie, como en Uganda y Somalia, llevando a la ruptura de Indonesia y a una nueva e incluso más sangrienta dictadura. Los trabajadores indonesios tendrán ante sí la oportunidad de tomar el poder, no una vez sino muchas veces. Las únicas dos opciones para la revolución indonesia son o la más sublime de las victorias o la más terrible de las derrotas.