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Para las masas iraquíes la ocupación imperialista de Iraq sólo está significando miseria y calamidades. Las leyes aprobadas por la Autoridad Provisional anglo-estadounidense han ido destinadas, en su gran mayoría, a recortar los derechos laborales de Para las masas iraquíes la ocupación imperialista de Iraq sólo está significando miseria y calamidades. Las leyes aprobadas por la Autoridad Provisional anglo-estadounidense han ido destinadas, en su gran mayoría, a recortar los derechos laborales de los trabajadores. Basta echar un vistazo a las mismas, como el caso de la Orden 30 (referente a las condiciones salariales, laborales y de seguridad en el trabajo) que reduce los salarios a todos los trabajadores del sector público (la mayoría de la fuerza laboral del país), establece el salario mínimo en 40 dólares mensuales y además suprime todos los subsidios que recibían los trabajadores para comida, vivienda, etc., que fueron instaurados por el régimen de Sadam Hussein y que en su momento consiguieron aliviar los efectos del embargo económico. Estas medidas están teniendo unos efectos devastadores para los trabajadores porque desde el inicio de la ocupación los precios de los productos básicos se han duplicado e incluso triplicado.

Democracia ‘made in USA’

Otra de las leyes, la Orden 37, no sólo permite la total privatización de las empresas iraquíes, sino que además prohíbe a los trabajadores afiliarse a un sindicato o ir a la huelga. La primera respuesta de los trabajadores fue la creación de sindicatos y la elección de sus representantes sindicales que se reunieron el mes de junio pasado en Bagdad para crear la Federación de Sindicatos Iraquíes, que agrupa a sindicatos de doce sectores distintos. Además los parados crearon también este verano su propio sindicato, el Sindicato de Parados, que ha protagonizado muchas protestas durante los últimos meses y que con su lucha consiguieron arrancar a la Administración un subsidio de desempleo.

Estas leyes han provocado una oleada de luchas y huelgas en las principales empresas del país. Los trabajadores de Southern Oil Company (SOC), la refinería más grande del país situada en Basora, han estado tres meses en lucha para exigir la subida de sus salarios. La lucha se extendió a las refinerías en el norte Kirkuk, Baaji y también a Bagdad. Los representantes de la Autoridad Provisional se negaron a negociar con los trabajadores y éstos respondieron con la siguiente amenaza: “Si el ministro se niega a pagar nuestros salarios, todas las refinerías, centrales eléctricas y pozos de extracción dejarán de funcionar (...) Suponemos que los soldados ocuparán los pozos. Si lo hacen, lucharemos contra ellos. Resistiremos con todas nuestras fuerzas y nos uniremos a la resistencia”.

La simple amenaza de huelga en el sector petrolero encendió las luces de alarma y rápidamente el ministro del Petróleo se trasladó a Basora para negociar con los trabajadores y ceder a sus reivindicaciones.

Otra lucha importante ha sido la protagonizada por los trabajadores de State Leather Industry, la mayor fábrica de zapatos de Oriente Medio. Aquí la dirección de la empresa negó a los trabajadores el derecho a organizar un sindicato. Cuando los trabajadores intentaron negociar los directores recurrieron a una ley de 1987 dictada por el régimen de Sadam Husein que prohibía afiliarse a un sindicato a los trabajadores del sector público por cierto, la única ley que la Autoridad Provisional ha mantenido. Los trabajadores ocuparon la fábrica, la dirección recurrió a la represión policial pero los trabajadores no sólo resistieron al ejército y a la policía sino que además consiguieron expulsar a la administración corrupta de la empresa.

¡No a las privatizaciones!

La victoria de los trabajadores del petróleo ha tenido un gran efecto en el resto de la clase obrera. El último ejemplo son los trabajadores de las centrales eléctricas de Najebeeya, Haathn Khor Zubair y She’iba que han protagonizado varias semanas de movilizaciones para protestar por los bajos salarios y las largas jornadas laborales. Los trabajadores de Najebeeya incluso asaltaron las oficinas de la dirección y atacaron al director. Las principales reivindicaciones son igual salario para las mujeres, el pago de las bajas maternales, la reapertura de las guarderías de empresa que existían anteriormente en todos los centros de trabajo estatales y la supresión del turno de noche. Los trabajadores amenazaron con dejar sin luz todo el sur de Iraq y sus hermanos petroleros dijeron que se unirían a la huelga del sector eléctrico. Finalmente consiguieron una subida salarial del 25 por ciento.

Estos no son casos aislados, es la tónica general en Iraq. Durante las últimas semanas en las principales ciudades ha habido manifestaciones con miles de trabajadores para exigir subidas salariales, la derogación de todas las leyes antisindicales y antiobreras, el final de la ocupación imperialista y además se oponen a la privatización de las empresas públicas porque saben que eso supondría miles de despidos. Recientemente el director de la refinería Al Daura, Dathar Al-Kashab, manifestó que la privatización “supondrá el despido de 1.500 trabajadores [la mitad de la plantilla]. En EEUU cuando una empresa despide a trabajadores, éstos tienen subsidio de desempleo y no se morirán de hambre. Si yo despido ahora a los trabajadores les estoy asesinando a ellos y sus familias”.

En esta refinería la jornada laboral es de 11-13 horas diarias a cambio de un salario de 60 dólares al mes y las normas de seguridad laboral brillan por su ausencia. Los trabajadores han organizado un sindicato y se han unido con otras industrias para coordinar la lucha, algo que se está extendiendo por todo el país, por ejemplo en Basora se ha formado un Consejo Central de Trabajadores que reúne a todos los sindicatos de la región y ha convocado muchas de las manifestaciones de masas que vemos por la televisión y que nos dicen que están organizadas por fanáticos chiítas y por motivos religiosos.

‘Nosotros tenemos

el control’

El malestar y el ambiente militante entre los trabajadores se está extendiendo por todo el país y está convirtiéndose en una seria amenaza para el imperialismo. Una huelga general de los trabajadores del petróleo y la electricidad supondría retrasar aún más las tan ansiadas exportaciones petroleras que podrían aliviar el tremendo coste económico que está suponiendo la ocupación para el imperialismo estadounidense. Como dijo el representante del sindicato de Southern Oil Company, Hassan Jum: “Primero fue el sector petrolero, después seguirán los otros, pronto cambiará la situación y se sentirá su influencia (...) Nosotros tenemos el control de este país”.

Por esa razón la represión del ejército estadounidense durante los últimos meses ha ido dirigida directamente contra los activistas y dirigentes sindicales. El ejército asalta los locales de los sindicatos (hace unas semanas asaltó el local donde se celebraba una reunión del Sindicato de Transportes y Comunicaciones, arrestando a veinte dirigentes sindicales), reprimen violentamente las manifestaciones obreras, las huelgas, encarcela trabajadores...

Estas luchas y victorias de los trabajadores iraquíes demuestran quien tiene realmente el poder en el país. Sin duda la resistencia armada está teniendo un efecto importante en la moral del ejército estadounidense y está asestando duros golpes al imperialismo. Pero la única forma de derrotar al ejército de ocupación es combinando la lucha de masas de los trabajadores iraquíes en las ciudades, con la lucha del movimiento de resistencia. Sólo así se podrá expulsar del país al imperialismo estadounidense.

Fuentes: Occupation Watch, AFP, Reuters y Labourstar.