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Toda la experiencia de lucha del movimiento obrero en su objetivo histórico de acabar con el capitalismo y construir una sociedad socialista, demuestra que la clase trabajadora necesita un partido como instrumento imprescindible para canalizar la energía revolucionaria de las masas hacia esta tarea y que ese arma no se improvisa al calor de la revolución, sino que debe haberse forjado previamente, en los períodos de normalidad e incluso en los de reacción más oscura.
Toda la experiencia de lucha del movimiento obrero en su objetivo histórico de acabar con el capitalismo y construir una sociedad socialista, demuestra que la clase trabajadora necesita un partido como instrumento imprescindible para canalizar la energía revolucionaria de las masas hacia esta tarea y que ese arma no se improvisa al calor de la revolución, sino que debe haberse forjado previamente, en los períodos de normalidad e incluso en los de reacción más oscura.

En estos tiempos de apostasía política y de retroceso ideológico por parte de la mayoría de los dirigentes obreros, los revolucionarios tenemos un combate ideológico constante para recuperar las ideas del genuino marxismo para el movimiento obrero, es muy importante el estudio del período de reacción negra que siguió a la derrota de la revolución rusa de 1905 y de cómo los bolcheviques pudieron superar los enormes obstáculos que esa situación imponía para el desarrollo de su actividad.

La revolución de 1905 es derrotada

El punto álgido de la revolución de 1905 en la ciudad se produce en diciembre de ese año. Después, el epicentro de la agitación social se traslada al campo. Allí se producen multitud de insurrecciones campesinas que hacen tambalearse el poder de los terratenientes.

Pero el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR) —tanto bolcheviques como mencheviques— tiene poca influencia entre el campesinado y aunque la socialdemocracia rusa hace un esfuerzo importante por influir entre los campesinos, interviniendo decididamente en los acontecimientos, no tiene el tiempo suficiente y las insurrecciones, descoordinadas y sin un programa claro, son derrotadas.

Al calor de los acontecimientos revolucionarios y presionados por las masas y por los obreros mencheviques, los dirigentes de esta fracción giran a la izquierda y las tendencias hacia la unidad se hacen muy fuertes.

La posición de Lenin es clara al respecto: sí a la unidad, pero sobre la base de principios políticos claros.

Empiezan a darse pasos para restablecer dicha unidad en diciembre de 1905, con la constitución de un Comité Central unificado, la formación de un Comité de Redacción conjunto responsable de una nueva publicación (Noticias del Partido) y con el anuncio de un congreso de unificación.

Pero ya a principios de 1906, con el movimiento en retroceso en las ciudades, los dirigentes mencheviques vuelven a girar paulatinamente a la derecha y los interrogantes sobre el futuro de la reunificación vuelven a estar presentes.

Lenin insiste, en este contexto, en trabajar por la unidad pero sin abandonar la lucha ideológica en el interior del POSDR y por ello en la necesidad de mantener la fracción bolchevique constituida.

Finalmente en abril de 1906, se celebra el IV Congreso del POSDR, en Estocolmo. En este congreso, los mencheviques son mayoría. La ola de represión generalizada y arrestos que se está imponiendo en toda Rusia, afecta fundamentalmente a los bolcheviques y esto mermó su representación

Debate sobre la cuestión agraria

Entre todos los temas que se debatieron cabe destacar el que se produjo en torno al programa agrario que debería defender el partido.

En un país en el que la inmensa mayoría de la población eran campesinos, la cuestión agraria era un tema clave para el futuro de la revolución.

La elaboración del programa agrario fue el asunto que evidenció más claramente el giro a la derecha experimentado por los dirigentes mencheviques, puso más de relieve las diferencias de fondo que les separaban de los bolcheviques y también los elementos de indecisión y duda que había entre algunos miembros de la fracción de Lenin.

Lenin y la mayoría de los bolcheviques defendían la nacionalización de las tierras de los terratenientes.

Esta reivindicación estaba basada en la perspectiva de la necesidad del derrocamiento de la autocracia zarista sobre la base de la insurrección de las masas. Éstas tendrían enfrente a los terratenientes y también a la llamada burguesía liberal, que como la revolución de 1905 había demostrado, en el momento clave se aliaría con la reacción más dura para aplastar a los obreros y a los campesinos. Por tanto luchar por la nacionalización de los latifundios se convertía en un arma central en el objetivo de destruir el régimen autocrático sobre el que tanto terratenientes como burgueses basaban su dominio.

El menchevismo, en la medida que no compartía esta perspectiva, se oponía rotundamente a la consigna de la nacionalización.

El paulatino agotamiento de la revolución refuerza entre los mencheviques su desconfianza en el movimiento de masas, incrementando las tendencias hacia el pacto con la burguesía liberal. Los mencheviques concluyen que es imposible el derrocamiento de la autocracia por la acción de los obreros y campesinos y abogan por llegar a acuerdos con los burgueses liberales y por las maniobras parlamentarias para ir limando poder a la autocracia zarista.

Partiendo de esta perspectiva abogaban por la municipalización de la tierra lo que suponía que en la medida que los municipios estaban controlados directa o indirectamente por los terratenientes, no se habría avanzado ni un centímetro en la emancipación de los millones de campesinos rusos sedientos de tierra.

Un sector de los bolcheviques abogaba por el reparto de tierra entre los campesinos, argumentando que era lo que estos querían, aunque esa consigna no atacaba tan claramente como la defendida por Lenin el poder de los grandes hacendados.

Al final, para derrotar la consigna de la municipalización, Lenin retiró la suya de nacionalización —la única consecuentemente revolucionaria a favor de la del reparto—, llegando a un compromiso que él calificó de insatisfactorio.

Se impone la reacción

Otra cuestión que se debatió en este congreso fue la actitud que el POSDR debía mantener ante las elecciones a la segunda Duma (especie de parlamento) convocadas por el régimen.

El claro carácter reaccionario de esta institución (no había voto directo; por ejemplo, las fábricas de entre 50 y 1.000 trabajadores elegían un elector, que eran los que elegían a los diputados. Las de menos de 50 obreros no podían votar y las mujeres, los menores de 25 años y los campesinos sin tierra, no tenían derecho a voto) y el todavía no claro desenlace de la revolución, hizo que los bolcheviques, con la oposición de Lenin, defendieran el boicot a estas elecciones.

La verdadera naturaleza de la Duma era evidente para los obreros más conscientes, pero no para las masas que tenían ilusiones constitucionales. Esto era más acusado entre los campesinos que tenían esperanzas en que a través de la Duma podrían conseguir tierras.

La decisión final que el POSDR adoptó fue la de participar en la primera ronda y boicotear la segunda. Esto fue un error, era necesario demostrar ante las masas, con la participación en este organismo, su inutilidad para resolver los problemas fundamentales. Como regla general se puede plantear que es correcto el boicot a un parlamento burgués, cuando el movimiento obrero tiene la suficiente fuerza como para poder sustituirlo por los organismos de poder proletario (soviets, comités obreros, juntas obreras, etc.), mientras tanto es necesario usar la tribuna del parlamento, no para crear ilusiones en que a través de los organismos de la democracia burguesa se pueden resolver los problemas fundamentales de las masas, sino para usar ese estrado como un amplificador para hacer llegar a millones de personas las ideas del marxismo.

El fuego de la primera revolución rusa se agota definitivamente en 1907 cuando los últimos levantamientos campesinos son sofocados por el zarismo. A partir de este momento, el régimen abandona todas las precauciones mantenidas durante los meses anteriores y desata una represión intensa y cruel contra las masas.

Disuelve la Segunda Duma e impone, primero la Tercera y meses después, la Cuarta Duma, todavía más restrictivas y reaccionarias. Los sindicatos, el POSDR y cualquier mínimo elemento de organización obrera y campesina, son sistemáticamente perseguidos. Las masas, agotadas, son incapaces de responder a la revancha que se estaba tomando el zarismo.

Los efectos de la represión son devastadores en las organizaciones obreras, que quedan prácticamente destrozadas. Por ejemplo, entre 1906 y 1910 son clausuradas 500 organizaciones sindicales y la militancia en los sindicatos legales pasa de 246.000 a 13.000.

Por otro lado la represión más feroz se ceba entre los revolucionarios, que son victimas de masivas ejecuciones sumarias y del destierro.

Pero la derrota alcanza también el terreno ideológico. Muchos intelectuales que al calor de la revolución simpatizaron e incluso se adhirieron a la causa obrera, abandonan la lucha y encabezan un movimiento ideológico en el que se reniega de la revolución y de la lucha contra la opresión. La corriente de pensamiento dominante pasa a ser el idealismo filosófico e incluso entre muchos “pensadores” el misticismo domina sus escritos. Lenin hablaba en esos momentos del dominio de la “prostitución política”.

Entre los mencheviques surge un sector que plantea trabajar solo en las condiciones de legalidad que permita el régimen, abandonando cualquier actividad clandestina. Esto, en una situación de brutal dictadura, suponía en la práctica la liquidación del partido.

Dentro de la fracción bolchevique se desarrolla una corriente (los otzovistas) que se coloca en el otro extremo; abogan por el abandono de todo trabajo en cualquier institución u organización que sea permitida por el régimen. El efecto que esto hubiera tenido es el de haber aislado el partido convirtiéndolo en una secta al margen del movimiento real de las masas. Lenin los caracterizaba de liquidacionistas al revés.

En defensa del marxismo

Estos años son decisivos para el futuro de la revolución rusa y de las fuerzas que constituirían el Partido Bolchevique. En estos momentos el papel jugado por Lenin es decisivo en evitar que la debacle política y organizativa que asolaba a las organizaciones obreras, causara daños irreparables también en la fracción bolchevique del POSDR. Esto no fue nada fácil. Las desviaciones políticas reinantes afectaron a una amplia capa de cuadros bolcheviques y además, acosados por la represión, sufrían continuas bajas y no tenían fondos para desarrollar su actividad.

En este contexto duro había muchas presiones provenientes de todas las alas del POSDR para unificar el partido y la desesperación era tal, que se abogaba por la unidad casi a cualquier precio, aparcando las diferencias o suavizándolas de manera artificial. Trotsky, aunque políticamente estaba muy cercano a los planteamientos de Lenin, jugó un papel destacado en estos intentos de unidad, recibiendo por ello furibundos ataques por parte de Lenin. Tiempo más tarde, el propio Trotsky reconoció la corrección de los planteamientos de Lenin sobre la organización del partido.

Lenin defendía la lucha ideológica sin cuartel; preservar el programa del marxismo era fundamental para poder ser el referente de las masas cuando estas curaran las heridas causas por la derrota de 1905. Esta lucha además tenía que tener su expresión organizativa. Lejos de diluir la fracción bolchevique en alianzas sin principios, era necesario organizar mejor la fracción y diferenciarse claramente frente a las masas de las demás tendencias del movimiento obrero.

El haber conseguido, no sin grandes dificultades, sacar adelante estos planteamientos, fue esencial para que desde los primeros síntomas de recuperación del movimiento obrero, en el año 1911, el bolchevismo estuviera en primera línea y aglutinara en torno a él a los mejores elementos que estaban volviendo a incorporarse a la lucha.