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Un año después de que George W. Bush declarase oficialmente el “final de la guerra” en Iraq, ésta no sólo no ha terminado sino que ahora la coalición imperialista se enfrenta a una auténtica insurrección de las masas iraquíes que han decidido que yae Un año después de que George W. Bush declarase oficialmente el “final de la guerra” en Iraq, ésta no sólo no ha terminado sino que ahora la coalición imperialista se enfrenta a una auténtica insurrección de las masas iraquíes que han decidido que ya es hora de poner fin a la ocupación y decidir libremente su destino. El gobierno y el ejército estadounidenses pensaban, con su habitual miopía, que la ocupación sería un paseo militar y que los iraquíes aceptarían dócilmente su dominio. Pero catorce meses después del inicio de la guerra se han dado de bruces con la dura realidad. La guerra de Iraq se está convirtiendo no sólo en un pozo sin fondo que ingiere una enorme cantidad de recursos económicos (el coste de la ocupación es de 4.700 millones de dólares mensuales) sino que además está suponiendo una verdadera hemorragia de vidas humanas.

En Iraq, hasta el 22 de abril, habían muerto 809 soldados (706 norteamericanos) de la coalición, desde que terminó oficialmente la guerra han muerto 638 soldados. Este último mes de abril ha sido el más sangriento para EEUU, en sólo 21 días han muerto 103 de sus soldados (5 al día). Estas cifras oficiales no tienen en cuenta los soldados heridos que mueren después en los hospitales y el número de heridos se cuenta por miles. Por el lado iraquí es difícil saber el número de muertos, algunas organizaciones de derechos humanos calculan unos 10.000 iraquíes muertos (sólo en el asedio de Faluya murieron más de 600 iraquíes), la mayoría mujeres, niños y civiles iraquíes.

Fracaso de la política

de ‘divide y vencerás’

El imperialismo ha utilizado tradicionalmente la política de “divide y vencerás” (Irlanda, Yugoslavia...) para enfrentar a la población de los países ocupados y de este modo controlar mejor la situación. En el caso de Iraq desde el principio intentó enfrentar a sunnitas y chiítas. Los imperialistas se basaron en la mayoría chiíta, oprimida brutalmente por el régimen de Sadam Hussein, pensando que ésta aceptaría sin más sus dictados a cambio de un papel relevante en el gobierno de la posguerra. Pero esta táctica ha resultado ser un absoluto fracaso, ahora las dos comunidades se han unido (como ocurrió en 1920 contra el imperialismo británico) dejando a un lado sus diferencias religiosas y políticas, uniéndose en la lucha por una causa común. En las manifestaciones de las ultimas semanas una de las consignas más coreadas era: “No somos sunnitas ni chiítas, somos iraquíes” y las banderas religiosas han dejado paso a la bandera iraquí demostrando la existencia de una verdadera conciencia nacional por encima de las distintas divisiones religiosas o étnicas. Lamentablemente, la ausencia de una verdadera alternativa revolucionaria está dejando el papel protagonista de esta insurrección al clérigo chiíta al-Sadr que aunque ha demostrado un nivel de comprensión política mayor que otros dirigentes islámicos correctamente hace una distinción entre los gobiernos y la población de los países ocupantes no deja de ser un reaccionario que defiende una república islamista similar a la de Irán.

Los imperialistas se están enfrentando a una lucha feroz en Bagdad, Nayaf, Ramadi, Kerbala, Kufa, Kut, Mosul, Nasiriya, Faluya... En esta última ciudad, después de una semana de bombardeos, los imperialistas no sólo no consiguieron detener a los responsables del asesinato de los cuatro “contratistas” norteamericanos, sino que además tuvieron que negociar con los dirigentes de la rebelión y levantar el asedio, es decir, sufrieron una derrota. En el resto de las ciudades sublevadas los insurgentes consiguieron expulsar a los soldados de la coalición y tomar el control de las ciudades y las carreteras que están llenas de guerrilleros armados con kalashnikov.

Colapso del nuevo ejército y policía iraquíes

Los estadounidenses llevan meses entrenando a miles de iraquíes para crear una policía y ejército formados por iraquíes en los que poder basarse, pensando que éstos podrían controlar mejor a la población. Pero en el momento de la verdad el experimento ha resultado ser un fracaso. Durante el asedio a Faluya el 2º batallón del Nuevo Ejército Iraquí formado por 620 hombres se negó a luchar y a cumplir las órdenes de los oficiales de la coalición. En muchas ciudades los policías abandonaron las comisarías y las armas, o se pasaron directamente al lado de los insurgentes. Como recogía El País: “Uno de cada diez nuevos miembros de la joven policía iraquí trabaja en realidad para los rebeldes... un mando militar de la coalición ha reconocido que gran número de insurgentes se han infiltrado en la policía y, peor aún, otros muchos abandonan estas fuerzas de seguridad después de haber recibido entrenamiento”. (El País, 23/4/2004). De este modo, una de las principales piedras angulares de la estrategia estadounidense en Iraq ha quedado hecha añicos ya que ellos pensaban reducir su presencia militar cediendo algunas de las funciones de seguridad a los iraquíes.

Otro quebradero de cabeza importante para la coalición son las nuevas tácticas utilizadas por los insurgentes, como reconocían altos mandos norteamericanos en un artículo aparecido en el Washington Post el 14 de abril titulado: Los insurgentes despliegan nueva sofisticación, “no sólo ha aumentado el número de ataques y atacantes, ahora las emboscadas y ataques son tan sofisticados que sólo pueden estar dirigidos por verdaderos expertos (antiguos militares, ingenieros, etc.), y además la simultaneidad y coordinación demuestra la existencia de una dirección nacional de la resistencia”.

Lo que demuestra realmente el éxito de los insurgentes es que han conseguido desbaratar completamente las líneas de suministro y comunicación de la coalición. Un artículo aparecido en Los Angeles Times (20/4/2004) describía la situación a la que se enfrentan los soldados de la coalición. “En un campamento al sur de Iraq los soldados estadounidenses duermen en camiones porque los comerciantes iraquíes no quieren repartir tiendas de campaña... En el aeropuerto de Bagdad se apilan toneladas de productos porque los camioneros iraquíes se niegan a transportarlos a las otras bases estadounidenses... EEUU no controla las líneas de suministro y comunicación en las rutas vitales que van a la capital. Los insurgentes golpean los puntos clave”. Hay escasez de comida, de combustible, munición, etc., y en estas condiciones los soldados estadounidenses han tenido que extender su radio de acción porque otros socios de la coalición (Ucrania, Polonia, Australia, Japón...) han decidido que sus soldados no salgan de los cuarteles y que sean los estadounidenses los que lleven a cabo personalmente la batalla. En la actualidad hay aproximadamente 135.000 soldados en Iraq, algunos analistas dicen que para hacer frente a la situación haría falta una fuerza militar formada por 400.000 soldados.

Como ya dijimos en el anterior número del periódico, la situación en Iraq ha dado un salto cualitativo. Ya no se trata de distintos grupos guerrilleros luchando contra los ocupantes, ahora estamos ante una auténtica guerra de liberación nacional del pueblo iraquí contra el imperialismo.

Millones de jóvenes y trabajadores del Estado español nos manifestamos contra la guerra y la ocupación, exigimos la retirada de las tropas españolas de Iraq, conseguimos echar al gobierno del PP. Ahora el gobierno del PSOE ha ordenado el regreso de las tropas, pero nuestra lucha no termina aquí. Tenemos que seguir manifestándonos para exigir el final de la ocupación imperialista de Iraq y debemos apoyar la justa lucha del pueblo iraquí contra el imperialismo. Su lucha debe ser nuestra lucha.