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La crisis política no es más que la profundización de la crisis económica y social. Y esto es lo que viene sucediendo en nuestro Perú donde el descontento social es generalizado desde Tumbes a Puno. Mientras, por un lado, los altos mandos de la política y las fuerzas armadas peruanas se encontraban celebrando con whisky y caviar el nuevo año, por otro, en la ciudad de Andahuaylas (uno de los pueblos más pobres ubicado en la sierra central del país) unos 150 reservistas, militantes del Movimiento Nacionalista Peruano (MNP) y dirigidos por Antauro Humala, tomaron por asalto el 1 de enero la Comandancia de la Policía Nacional exigiendo la renuncia del presidente, Alejandro Toledo, por su inconsecuencia en la lucha contra la corrupción fujimontesinista.

La crisis política no es más que la profundización de la crisis económica y social. Y esto es lo que viene sucediendo en nuestro Perú donde el descontento social es generalizado desde Tumbes a Puno.

Como ya explicábamos en un artículo publicado en Septiembre del año pasado en nuestra web: “Lo cierto es que el oxígeno que le da la CGTP (Confederación General de Trabajadores del Perú) a Toledo y que logra inflarlo como un globo de cumpleaños es de corto aliento y en cualquier momento se desinfla. Por un lado, porque los destapes de corrupción (...) Y por otro lado, porque esta Administración necesita 8.000 millones de soles, aproximadamente, para poder solucionar las demandas sociales. Sin embargo, su carácter pro-imperialista le hace privilegiar sus compromisos con el FMI como el pago de la colonizadora deuda externa, la privatización de nuestra empresas eléctricas, la política de erradicación forzosa de la hoja de coca, etc...

En lo económico, la Confederación Nacional de Industriales y Empresarios del Perú (CONFIEP) ha elaborado un proyecto de ley para el Congreso, que atenta contra la flexibilidad laboral reduciendo las vacaciones de 30 a 15 días, entre otras cosas. Y en lo militar, con el nombramiento de los generales Murazzo y Muñoz como jefes del ejército, entre otras cosas éstos dieron de baja a Humala por “rebelde”. Estos generales habían jurado fidelidad a la dictadura fujimontesinista en la década pasada.

El levantamiento en Andahuaylas

La toma de la comandancia se realizó de manera fácil, según los insurgentes los diez rehenes estaban ebrios. Una vez tomada la institución estatal, se hicieron con las armas y uniformes de la policía. Luego se atrincheraron convirtiendo la comisaría y sus alrededores en una zona de combate.

Al día siguiente, toda la institucionalidad capitalista —que no pasa del 30% de aprobación en su conjunto— puso el grito en el cielo e hicieron causa común para pedir mano dura con los “terroristas” que amenazan el “orden democrático”.

Hay que tener en cuenta que Andahuaylas es un pueblo pobre que vive de la agricultura en buena medida. Para hacernos una idea, históricamente este combativo pueblo fue trinchera de los grupos ultraizquierdistas en los ochenta. Los sucesivos gobiernos decretaron el estado de sitio durante años.

Fueron estas condiciones de podredumbre e inseguridad las que inclinaron el apoyo de la juventud estudiantil y campesina hacia los insurrectos. Este apoyo se concretó en movilizaciones de solidaridad de cientos de andahuaylinos. También se movilizaron en Arequipa, Tacna, Ilave-Puno.

El 3 de enero Humala fue capturado junto a su guardaespaldas cuando pretendía imponer nuevas condiciones de entrega. Durante estos tres días de enfrentamientos, la Administración Toledo siguió la estrategia de aislar a los rebeldes del pueblo llamando a movilizaciones de reservistas progobierno en Ayacucho, calificando de “terroristas” a los insurgentes (contando con la ayuda de los medios de comunicación) decretando el estado de sitio en la ciudad y aplicando el toque de queda con un contingente de cientos de militares y fuerzas contrasubversivas.

La realidad es que los Humala son ahora un referente político nacional para un sector importante de la juventud, los trabajadores y los pobres peruanos. Después de su captura y la entrega de los reservistas, se han sucedido enfrentamientos entre la población andahuaylina y la policía.

Por una auténtica política revolucionaria

En este sentido es un menester decir que es completamente justa y legitima la reivindicación de que se vaya Toledo, pero la salida no es reemplazarlo por su vicepresidente, como propone el movimiento humalista, sino echar a todo el gobierno capitalista. Es necesario explicar pacientemente que el problema no son las personas sino el propio sistema. Que la democracia burguesa se basa precisamente en que los trabajadores y los pobres pueden votar pero los que toman todas las decisiones son los capitalistas y las multinacionales. Para lograr que el pueblo recupere su derecho a decidir qué país quiere, y no sólo “quién” nos debe gobernar es necesario que sean precisamente los trabajadores y los pobres del campo y la ciudad los que tomen el poder e instauren una democracia auténtica: la democracia obrera, el gobierno de los trabajadores.

No le damos ninguna autoridad a este Estado para hablar de justicia y paz, porque son los mismos que nos matan de hambre con sus políticas capitalistas y reprimen a nuestro pueblo cuando salen a luchar por sus justas demandas. La rebelión humalista expresa la crisis del sistema capitalista peruano y mundial. Por lo tanto, hay que exigir la libertad del movimiento humalista y su líder Antauro.

Sin embargo, hay que expresar que no creemos en que la defensa de nuestra identidad socio cultural y la perspectiva de nuestro desarrollo futuro esté en la lucha fraticida entre chilenos, ecuatorianos, peruanos o de cualquier otra nación de América Latina, sino en una lucha entre los poseedores de las riquezas y aquellos que las crean, entre trabajadores y capitalistas, sean del país que sean.

José Gabriel Condorcanqui

Fuerza de Izquierda Socialista - Militante (Perú)