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Todavía no se habían acallado las críticas contra la administración Bush por su negligencia, ineficacia e incapacidad en la gestión de los daños causados por el huracán Katrina, cuando una nueva tormenta tropical, Rita, volvió a golpear la mermada cr Todavía no se habían acallado las críticas contra la administración Bush por su negligencia, ineficacia e incapacidad en la gestión de los daños causados por el huracán Katrina, cuando una nueva tormenta tropical, Rita, volvió a golpear la mermada credibilidad del presidente estadounidense. A pesar de que se estaba sobre aviso, la evacuación de Houston y otras localidades ha resultado completamente caótica, demostrando una vez más la falta de medios y la inoperancia de las autoridades.

Mientras centenares de miles de personas colapsaban todas las carreteras de salida en interminables atascos y en condiciones dramáticas, que han provocado la muerte de 24 ancianos por la explosión de su autobús, los más desfavorecidos eran abandonados a su suerte en medio de la trayectoria del huracán. El Rita ha paralizado la producción petrolera de Texas, corazón energético de EEUU, obligando a utilizar las reservas estratégicas de crudo. En Nueva Orleans los diques reventados por el Katrina y apenas reconstruidos han vuelto a desbordarse inundando de nuevo la ciudad, impidiendo así la vuelta de los refugiados y haciendo aun más costosa la reconstrucción.

En medio de la catástrofe los de siempre aprovechan para seguir haciendo buenos negocios: el New York Times denunciaba, en su edición del 26 de septiembre, que la administración Bush estaba concediendo a dedo contratos de miles de millones de dólares para la reconstrucción de la zona, entre ellas a la infame Halliburton, corporación dirigida en tiempos por el vicepresidente Dick Cheney, e igualmente implicada en numerosos casos de corrupción en Iraq.

Gran manifestación en Washington

Las críticas al gobierno republicano llegan también por su política imperialista en Iraq, donde la guerra y la ocupación ya se han cobrado la vida de casi 2.000 soldados estadounidenses y de decenas de miles de civiles iraquíes. El movimiento contra la guerra ha resurgido alrededor de Cindy Sheehan, madre de un joven soldado muerto en Iraq, quien inicio el 6 de agosto su protesta delante del rancho de Bush en Texas y que ha culminado con una gran manifestación de 300.000 personas delante de la Casa Blanca el pasado 24 de septiembre bajo el lema “¡Ni un muerto más en Iraq, que vuelvan las tropas ya!” convocada por las coaliciones pacifistas ANSWER y Unidos por la Paz y la Justicia, entre otras. La presencia de familiares de soldados muertos en Iraq, así como de veteranos de la guerra fue muy destacada. También acudieron a la manifestación personalidades como la cantante Joan Baez, símbolo del movimiento contra la guerra de Vietnam, o el reverendo Jesse Jackson; así como familiares de víctimas del conflicto en Iraq como María Isabel Permuy, madre de José Couso, el cámara de Telecinco asesinado por tropas estadounidenses durante la toma de Bagdad. Los manifestantes también expresaron su rechazo a la actuación de las autoridades federales ante el Katrina portando pancartas donde se podía leer: “Ayuda, no Guerra” o “Bagdad arde, Nueva Orleans se hunde y Halliburton se forra”. Mientras en Washington tenia lugar la manifestación más grande desde el inicio de la guerra, el mismo día 24 se celebraron concentraciones de apoyo en San Francisco (con 50.000 personas), Los Ángeles (15.000), Seattle (7.000), Roma, París o Londres, demostrando que la ocupación imperialista de Iraq sigue siendo tremendamente impopular a nivel internacional.

Represión

Posteriormente, durante una sentada delante de la Casa Blanca el 26 de septiembre, Sheehan y varias decenas de activistas contra la guerra fueron detenidos por manifestarse y multados con 75.000 dólares. Este es un nuevo caso de la represión de la administración republicana contra el movimiento contra la guerra; cuyo ejemplo más escandaloso es el de los “Cuatro de San Patrick” a los que se intenta incriminar falsamente por conspiración contra agentes federales a raíz de su participación en una pacífica protesta antiguerra en un centro de reclutamiento el 17 de marzo de 2003.

El capitalismo del siglo XXI sólo tiene que ofrecer hambre, miseria y violencia a todos los oprimidos del mundo… sin excepción. Esta es la dura lección que la clase obrera y la juventud estadounidense ha tenido que aprender tras el 11-S, la guerra de Iraq y la catástrofe del Katrina. La ilusión de que una vida pacífica es posible bajo el capitalismo es cada vez más endeble; pronto los trabajadores estadounidenses despertarán de su letargo y unirán sus tremendas fuerzas a las de los oprimidos de Latinoamérica y el mundo entero en la lucha común contra el imperialismo y el capitalismo.