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La semana pasada informamos de la dolorosa muerte de nuestro compañero Rafael Jiménez Portillo. Publicamos a continuación una carta que nos ha enviado su tío Andrés Portillo.
Estimados compañeros,

Mi nombre es Andrés y tuve la enorme fortuna de conocer a Rafael Jiménez Portillo. Fui su tío, pero también fui su amigo, ya que además de la misma sangre, compartimos muchas ilusiones. Él nos dejó el pasado jueves 13 de octubre, pero los que le conocisteis como yo sabéis que no se fue por propia voluntad.

A Rafa lo mataron sus enemigos de siempre: la desidia, la incompetencia, la dejadez a la que conduce un sistema social contra el que él luchaba, donde el dinero prevalece sobre la justicia, donde se subvencionan guerras injustas escatimando en gastos sanitarios, donde junto a hospitales decadentes se alzan suntuosos edificios consagrados a las finanzas. A Rafa lo mató la inoperancia de alguien que ni siquiera tendrá el coraje de pedir perdón. Así de triste y así de indignante.

Mi sobrino acudió el jueves 29 de septiembre al Servicio de Urgencias del Hospital Universitario San Cecilio de Granada, con una crisis aguda de una enfermedad que padecía desde hacía dos años (Síndrome de Crohn); una enfermedad crónica pero no mortal. Ese día le mandaron a casa tras considerar que dicha crisis no revestía gravedad. El viernes 30, Rafa seguía mal y regresó al Servicio de Urgencias donde, esta vez sí, los médicos consideraron que debería someterse a una serie de pruebas para ver el alcance de la dolencia. Curiosamente, en esas 24 horas todo se había complicado.

Hasta que se completaron dichas pruebas el dolor de Rafa fue en aumento hasta hacerse insoportable y, debido a una medicación tal vez excesiva o inapropiada, comenzó a sufrir alucinaciones, perdida de visión y mareos intensos que agravaron su estado. Cinco días después de su ingreso, ¡por fin! hubo un diagnóstico: había que operar con urgencia... ¡Cinco días después!

La operación se realizó, pero a los riesgos de cualquier intervención quirúrgica se sumó que su intestino se había perforado provocando una infección que en pocas horas más, dos o tres según algunos miembros del servicio médico, habría sido irreversible. Rafa ganó esa batalla aunque hubo de permanecer seis días en la UCI del hospital dado que su estado aun era crítico. Pero fue mejorando, al menos eso comunicaban los médicos diariamente a sus padres, incluso el martes 11 de octubre mi sobrino fue subido "a planta" a pesar de que aun persistían algunos problemas que, al parecer preocupaban a los especialistas, al menos eso decían ellos y, evidentemente algo no se estaba haciendo bien pues en la madrugada del 13 de octubre, Rafa se fue en un suspiro.

¿Por qué no fue ingresado el primer día que acudió al hospital?

¿Por qué permitieron que se le perforara el intestino estando ya hospitalizado?

¿Por qué que no le operaron antes?

¿Por qué le sacaron de la UCI si aun no estaba fuera de peligro?

Su certificado de defunción dice que murió por una "hematemesis masiva", o sea, una hemorragia interna de sangre, pero nada dice de por qué se produjo, nada dice de si se pudo evitar, nadie ha pedido perdón y mucho me temo que nadie pagará por esta muerte. Sólo nosotros, los que le quisimos. Sólo nosotros pagaremos con nuestro dolor. Otra vez pagaran los mismos: los que sufren.

A él le quedaba mucho por hacer y mucho por lo que luchar. Me lo dijo en nuestra última conversación; su música, su compromiso con la sociedad, sus amigos su familia... todo le alentaba a pesar de que se estaba consumiendo por dentro sin que nadie acertara a remediarlo.

Cuento lo que sé, que no es mucho. A mi pesar, solo estuve con él algunas horas de sus últimos días. Muchos de vosotros, los que compartisteis sus años en el sur tal vez sepáis más. Pero hay va mi testimonio en esta CARTA ABIERTA, que espero que se vaya llenando con el de otros que como yo, no queremos que esta injusticia se olvide.

Todos sabemos lo difícil que es desenmascarar una negligencia médica; ellos son fuertes y se unen para protegerse. Pero nosotros tenemos voz y podemos alzarla para pedir justicia. Él lo habría hecho, todos conocíamos su rebeldía, por eso lanzo este grito para que alguien me oiga y grite también y así entre todos consigamos que los responsables de la muerte de mi sobrino, de mi amigo, al menos lleguen a sentir vergüenza.

Andrés Portillo González

Getafe, a 26 de Octubre de 2005