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El pasado 15 de diciembre Iraq volvió a vivir una nueva farsa electoral. Durante días la administración Bush utilizó estas elecciones para insistir, una vez más, en que la presencia del ejército estadounidense estaba justificada porque estaba cumplie El pasado 15 de diciembre Iraq volvió a vivir una nueva farsa electoral. Durante días la administración Bush utilizó estas elecciones para insistir, una vez más, en que la presencia del ejército estadounidense estaba justificada porque estaba cumpliendo su objetivo de llevar la “democracia” a Iraq. Desgraciadamente para George W. Bush, poco después empezaron a aparecer las primeras voces denunciando que las elecciones habían sido cualquier cosa excepto unas elecciones limpias y justas.

Los principales partidos sunnitas denunciaron que en el norte las milicias kurdas en muchos casos impidieron con las armas en la mano votar a los iraquíes de origen árabe. Un oficial electoral dijo a Associated Press que la comisión tenía pruebas de irregularidades al menos en seis provincias. Es tal la indignación que, en las últimas semanas, ha habido manifestaciones en las principales ciudades exigiendo la repetición de las elecciones y son tan evidentes las pruebas de fraude que la ONU, a pesar de la oposición de EEUU, ha tenido que enviar una comisión de investigación.

Malestar social en aumento

Al malestar creado por estas elecciones, hay que añadir las últimas medidas del gobierno iraquí. Durante el mes de noviembre el gobierno eliminó las subvenciones que tenía la gasolina, siguiendo las directrices del FMI, provocando una subida de precios. Antes la gasolina costaba 5 centavos el galón. Tras las nueve subidas aplicadas por el gobierno en diciembre, empezó el año 2006 costando 65 centavos, con el objetivo de terminar este mes de enero a un dólar el galón. Esta medida se encontró con la oposición abierta del ministro del Petróleo, Ibrahim Bahr al Ulum, que dimitió tras una semana de vacaciones forzosas y fue sustituido por Ahmad Chalabi. Ulum había criticado el aumento del precio del petróleo porque “esta decisión es una carga excesiva sobre los hombros de los ciudadanos y ya provocó el aumento de todos los productos básicos”. (Europa Press, 2/1/06). Además hay que añadir el cierre de la principal refinería del país en Beiji, ¡provocando la escasez de gasolina en el país que cuenta con las segundas reservas mundiales del petróleo!

Esta situación ha sacado a las calles de Iraq a miles de personas que no sólo han protestado por la escasez de gasolina, sino también por los continuos cortes de electricidad, la subida de precios de los productos básicos, en Kirkuk murieron dos manifestantes por los disparos de la policía y el pasado 4 de enero los parados salieron de nuevo a las calles para exigir un puesto de trabajo y la reapertura de todas las empresas estatales cerradas.

Cuando la ocupación entra en su tercer año la situación del imperialismo estadounidense en Iraq sigue empeorando. La administración Bush ya ha anunciado que no hay más dinero para la reconstrucción del país, que a partir de ahora el gobierno iraquí debe conseguir sus propios ingresos a través del petróleo, algo difícil cuando toda la exportación petrolera del sur está paralizada debido a los ataques de la resistencia y la lucha de los trabajadores contra la privatización, y que debe empezar inmediatamente un programa de liberalización y privatización de la economía siguiendo las directrices de los planes de ajuste estructural del FMI. Pero estas medidas lejos de estabilizar la situación sólo conseguirán aumentar la resistencia de la población a la ocupación y al gobierno títere que dirige el país en nombre del imperialismo norteamericano.