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El 28 de marzo, 31 partidos competían por los votos de unos 5.104.622 israelíes que tenían derecho a votar en las elecciones, según los datos publicados por la Comisión Electoral Central. Sólo 14 de estos partidos entrarán en el Knesset, el parlament El 28 de marzo, 31 partidos competían por los votos de unos 5.104.622 israelíes que tenían derecho a votar en las elecciones, según los datos publicados por la Comisión Electoral Central. Sólo 14 de estos partidos entrarán en el Knesset, el parlamento israelí.

La cuestión principal para algunos de los partidos que se presentaban a las elecciones era el futuro de Cisjordania y las fronteras de Israel, y según algunos expertos, se centraron en la fabricación de frases vacías —una industria muy popular en Israel— como “la propia existencia de Israel”. Pero la cuestión real que estaba en la cabeza de los políticos burgueses es la creciente crisis del sistema que está provocando miseria, inestabilidad y creando una rápida polarización a derecha e izquierda.

El hecho de que el laborismo consiguiera un resultado mejor de lo esperado antes de las elecciones, y que el Partido de los Pensionistas consiguiera siete escaños, demuestra que en la mente de la mayoría de los israelíes están las cuestiones socio-económicas y no sólo la “seguridad” (es decir, la opresión de los palestinos).

Durante semanas nos han dicho qué ocurriría el día de las elecciones. Las encuestas habían pronosticado un resultado mayor para el Kadima. Les daban 35-40 escaños al Kadima, pero finalmente sólo consiguió 28 escaños, eso significa que su principal opción para gobernar es formar un gobierno con la izquierda.

La izquierda

El principal partido de la izquierda es el “nuevo” Partido Laborista. Su programa sobre la cuestión nacional es similar al del Kadima, es decir, retirada unilateral de algunas partes de Cisjordania.

En las primeras semanas, la campaña laborista, con su nuevo líder Amir Peretz, se centró más en las cuestiones económicas. Al principio, Peretz era percibido por muchos judíos y árabes como una esperanza nueva. Pero, rápidamente, pasó a la derecha centrándose en la cuestión nacional mientras olvidaba las cuestiones socioeconómicas, precisamente aquellas que despertaban mayor interés para la mayoría de la población israelí.

Cuanto más a la derecha iba el partido, mayor era la desmoralización entre sus seguidores tradicionales, eso explica el elevado número de votos conseguido por el Partido de los Pensionistas. Durante las primeras semanas de la campaña electoral, las encuestas daban al Partido Laborista entre 27 y 28 escaños, finalmente consiguió 19 escaños. Si el partido hubiese defendido un programa diferente, uno que reflejara los intereses de los trabajadores y los pobres, el Partido Laborista podría haberse convertido en el principal partido del país.

También está el Meretz, considerado un partido de izquierdas, que está a favor de las negociaciones con los palestinos y de algunas causas liberales como el matrimonio entre personas del mismo sexo. Sin embargo, apenas planteó cuestiones sociales y sólo consiguió 4-5 escaños.

En Israel, los partidos de la minoría árabe-palestina de Israel se considera que son de izquierda. Quizá sea porque tienden a apoyar a cualquier gobierno que no sea una coalición de derechas. Aunque los árabes forman una quinta parte de los 6,8 millones de habitantes, los partidos árabes-israelíes despiertan la misma apatía que los partidos principales.

Los principales partidos árabes son: Hadash, Balad y la Lista Árabe Unida. El Hadash es un frente del Partido Comunista, pero este ha perdido el control y su programa es básicamente democrático, centrado en los votantes árabes. El Balad es un partido liberal de izquierdas procedente de una escisión del PC. La Lista Árabe Unida es un partido burgués conservador. Los dos primeros han conseguido 3 escaños cada uno y la Lista Árabe Unida 4.

Muy baja participación

Las pilas de mentiras han influido en la participación, la más baja de la historia electoral israelí, aproximadamente un 5% inferior que en las elecciones de 2003. Del 68% ha caído al 63%.

La abstención se entiende porque las cuestiones reales que afectan a la mayoría de la población —salarios decentes, seguridad en el empleo, programas sociales, una vida libre de muertes... han quedado una y otra vez enterradas sobre una montaña de palabras huecas.

Es una indicación clara del creciente alejamiento de una capa significativa de la población —hasta el punto de no ver necesidad de votar— y eso espanta a la clase dominante israelí. Ésta sabe que esta “apatía fría” en determinado momento se convertirá en un odio de clase contra aquellos que prometen el cielo para robar unos votos en las elecciones. Ni siquiera mostrar el juicio de Ahmed Saadat, el dirigente del Frente Popular para la Liberación de Palestina, que comenzó el día de las elecciones generales, cambió esta apatía. Saadat fue detenido el 14 de marzo, dos semanas antes de las elecciones.

El partido principal de la burguesía hasta el pasado mes de diciembre, el Likud, perdió el control del gobierno cuando Sharon se fue del partido para formar Kadima debido a la oposición de los “rebeldes” del Likud a la retirada de Gaza. Pero, finalmente, sólo ha conseguido 11 escaños, 3 o 4 por debajo de lo que le daban las encuestas previas.

¿Y ahora qué?

La crisis del sistema capitalista mundial se deja sentir agudamente en Israel. Sólo es cuestión de tiempo que la clase obrera comience a luchar como en Francia. Cuando la clase obrera pase a la ofensiva, y esto ocurrirá durante el mandato del nuevo gobierno, se girará hacia el Partido Laborista y exigirá verdaderas reformas. Las masas exigirán a Peretz que cumpla sus promesas y los dirigentes del partido tendrán que “explicar” si es más importante pactar con el Kadima que llevar a cabo medidas que ayuden a los trabajadores y los pobres.

Con el aumento de la crisis del sistema, la mayoría de las personas están comenzando a darse cuenta de que las cuestiones políticas no están separadas de las socio-económicas. Esto hará que sea más fácil comprender que no hay solución en este sistema capitalista decadente a los problemas socio-económicos ni políticos.

Yossi Schwartz

Israel