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Durante el mes de mayo hemos asistido a un enfrentamiento en las calles de Dili, la capital de Timor Leste, que nos retrotraería a los años noventa, cuando miles de muertos y más de 120.000 desplazados nos recordaron la realidad de un pueblo oprimido Durante el mes de mayo hemos asistido a un enfrentamiento en las calles de Dili, la capital de Timor Leste, que nos retrotraería a los años noventa, cuando miles de muertos y más de 120.000 desplazados nos recordaron la realidad de un pueblo oprimido por la dictadura de Suharto, que luchaba, como antes lo había hecho contra la colonización portuguesa, por hacerse con el control de sus recursos. Pero hoy la causa es diferente.

Hace cuatro años, el 20 de mayo de 2002, nacía un nuevo Estado, Timor Leste, antiguo Timor Oriental. La conquista de la independencia significaba para ellos el poder acceder a mejorar su nivel de vida y disfrutar de las riquezas que tiene el nuevo Estado, ya que el Mar de Timor acoge una de las reservas de petróleo y gas más importantes del mundo. Pero esta riqueza es un bocado demasiado apetecible para los imperialistas, empezando por Australia, y los timorenses no están sacando ningún provecho de su riqueza.

Cambio de dependencia

En un análisis de la situación de Timor publicado en El Militante nº 133 el año 2000 (un año después del referéndum en que se aprobó la independencia), ya avisábamos de que, bajo el capitalismo, el futuro de Timor era pasar de una forma de dependencia a otra. Hoy, cuatro años después de la proclamación de la República Democrática de Timor Leste y de haber denunciado los tratados por los que Australia, de acuerdo con Indonesia en 1975, se hacía con el control del Mar de Timor y por tanto con su riqueza petrolífera y gasística, el país es uno de los más pobres del mundo.

Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) el índice de desarrollo humano está por debajo de todos los países de la zona. El 80% de las familias viven de la agricultura, pero si no hay inversión en infraestructuras y tecnología su situación va a empeorar. La mitad de la población carece de agua potable, 60 de cada mil recién nacidos mueren antes de cumplir el año. La gran mayoría de las actuales inversiones van a la capital, donde se ve cada vez más lujo, mientras sólo un tercio del gasto público y una quinta parte de los bienes y servicios van a parar a los distritos rurales. Los ingresos anuales per cápita (Timor tiene unos 800.000 habitantes) son de 370 dólares/año y están bajando. Es decir, sería necesaria una fuerte inversión pública para mejorar el nivel de vida de la población pero, mientras las masas de Timor malviven, el imperialismo australiano ha obtenido entre 1999 y 2004, según datos de Txente Rekondo publicados en Rebelión, más de un billón de dólares de la explotación de las reservas de petróleo que pertenecen al pueblo timorense.

Los acontecimientos de finales de mayo, con los disturbios provocados en Dili y el miedo a una nueva catástrofe humanitaria parecida a la de 1998, provocó la invasión de tropas australianas para restablecer la paz, según la ONU y el gobierno de Australia. Pero la realidad es muy diferente. El objetivo es cambiar el actual gobierno de Alkatiri por otro más en consonancia con los intereses australianos y de los sectores que se enriquecen con el control económico del país.

Australia quiere

un gobierno títere

Pero, ¿por qué esa mala gobernabilidad de Alkatiri? ¿Quizá que había decretado la gratuidad de la enseñanza primaria y secundaria, la gratuidad de la sanidad para lo que cuenta con la ayuda de médicos cubanos? Además, Alkatiri no quería entrar en el FMI y llevar la política de privatización y endeudamiento que tanto beneficia a las multinacionales. Timor es un país sin, prácticamente, deuda externa. Intenta por todos los medios renegociar el tratado por el que Australia se ha hecho con la riqueza del Mar de Timor, ya que, según la legislación internacional, las fronteras deberían estar a la misma distancia de ambos países por lo que las reservas petrolíferas caerían en la zona de Timor Leste. Además había amenazado con entrar en negociaciones con otros países que estarían muy interesados en el petróleo y el gas como son China y Japón.

Ésta es la causa fundamental de los incidentes ocurridos en Timor. No les interesa un gobierno como el de Alkatiri que no pueden controlar. Son las masas las que van a sufrir en sus carnes las garras de los depredadores, en este caso australianos. La única manera de mejorar los timorenses sus condiciones de vida es luchando contra el capitalismo, que les saca hasta la última gota de su sangre.

Después de muchos días de tensiones entre Mari Alkatiri y el presidente de Timor, Xanana Gusmao, el primer ministro finalmente dimitió. Eso significa que los sectores que apoyan al imperialismo australiano, que incrementará su explotación de las riquezas del Mar de Timor, se han salido con la suya. El resultado más probable será que Timor Leste pedirá “ayuda” al Banco Mundial y al FMI, lo que se traducirá en que las élites locales consigan algunas migajas de esa ayuda, que la Iglesia católica se salga con la suya en el terreno educativo y que, lo más importante, el pueblo timorense verá como su miseria se incrementa a la vez que los medios de comunicación se olvidan de que Timor Leste existe.