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El miércoles 12 de septiembre, Japón experimentó una inestabilidad política no vista en muchos años. El primer ministro en aquel momento, Shinzo Abe, dimitió a causa de su tremenda impopularidad. La venía arrastrando desde hacía tiempo, su gabinete estuvo desde el principio salpico de escándalos, con varias dimisiones e incluso un suicidio. Sin embargo, no sólo la corrupción ha provocado esta oleada de impopularidad del Partido Democrático Liberal, el partido que ha gobernado Japón desde 1955, sino que está directamente relacionada con la política que el partido intenta aplicar.

El miércoles 12 de septiembre, Japón experimentó una inestabilidad política no vista en muchos años. El primer ministro en aquel momento, Shinzo Abe, dimitió a causa de su tremenda impopularidad. La venía arrastrando desde hacía tiempo, su gabinete estuvo desde el principio salpico de escándalos, con varias dimisiones e incluso un suicidio. Sin embargo, no sólo la corrupción ha provocado esta oleada de impopularidad del Partido Democrático Liberal, el partido que ha gobernado Japón desde 1955, sino que está directamente relacionada con la política que el partido intenta aplicar.

Abe llegó al cargo con la consigna de crear un "Japón maravilloso". Por supuesto, maravilloso para los ricos empresarios y mayor erosión de las condiciones de vida para los trabajadores y pobres. Su idea era simplemente continuar con las "reformas" del anterior primer ministro, Junichiro Koizumi, más privatización, menos gasto social y mayor liberalización del mercado.  Los efectos de estas "reformas" ahora se dejan sentir entre la población que, correctamente, muestra su disgusto con una total falta de apoyo al gobierno. Las elecciones al Parlamento del pasado mes de julio fueron un absoluto desastre para el PDL, que pasó de tener una gran mayoría a quedarse en minoría. El principal partido de la oposición, el Partido Democrático de Japón, barrió incluso en zonas rurales que eran feudos tradicionales del PDL.

Sin embargo, la oposición al gobierno actual no sólo llegó exclusivamente por las peores condiciones de vida de los trabajadores japoneses, en un momento en que la economía por primera vez en años se supone que está creciendo, sino también por el giro en la política exterior que intenta realizar el gobierno.

Desde la invasión de Afganistán e Iraq, el gobierno japonés ha hecho lo que ha podido por ayudar a EEUU y sus aventuras imperialistas. Irónicamente, sus acciones han estado limitadas por una Constitución que fue escrita por los norteamericanos después de la rendición de Japón en la Segunda Guerra Mundial. La Constitución prohíbe al ejército ir más allá de lo necesario para objetivos de autodefensa. Aunque Japón tiene una considerable y avanzada "fuerza de autodefensa", tiene prohibido por la Constitución entrar en combate. El gobierno ha presionado para cambiar la Constitución y para ello ha recurrido a azuzar los sentimientos nacionalistas. El intento no ha conseguido ganarse a la mayoría de la población japonesa, muy consciente de los resultados de la guerra. Japón, en la actualidad, juega un papel mejor en su apoyo al ejército norteamericano en Iraq, por ejemplo, reabastecimiento de combustible a los barcos y aviones en la región. También envió durante un corto período de tiempo soldados a Iraq, pero como la Constitución les prohíbe entrar en combate, en la práctica, han tenido que quedarse recluidos en los barracones todo el tiempo. Pero cuando se descubrió que se habían tenido que ocupar de la "autodefensa", el gobierno tuvo que sacarlos de allí por la inmensa impopularidad de la misión.

El Senado, controlado aún por el PDL, eligió a Yasuo Fukuda como primer ministro. Es visto como parte de la vieja guardia, básicamente nació en el partido, como su padre que también fue primer ministro. Está aplicando exactamente el mismo programa que los que le precedieron. Su primer desafío como primer ministro es intentar aprobar una ley que amplíe la misión naval japonesa en el Océano Índico, para apoyar a las tropas norteamericanas en Afganistán. El DPJ ha dijo que intentarán detener esta misión en el parlamento.

Así que debido a la falta de popularidad de este gobierno, es probable que después de las próximas elecciones veamos un nuevo gobierno, seguramente un gobierno del Partido Democrático de Japón. Sin embargo, ¿Qué es exactamente este partido y qué defiende?

El DPJ es una coalición de partidos con distintas fracciones de antecedentes socialdemócratas y liberales. Es un partido relativamente nuevo, formado en 1998 y promovido sobre todo por el ala de derechas del Partido Socialdemócrata. Tiene un programa confuso que expresa la división interna del partido entre derecha e izquierda. Se opone a la militarización y, de palabra, está en contra de la guerra de Iraq y Afganistán. No obstante, en política interior sólo busca el mantenimiento del status quo.

¿Qué otra elección tiene el electorado japonés? El Partido Socialdemócrata, conocido formalmente como Partido Socialista de Japón, tiene una larga historia y vínculos con varias organizaciones sindicales. Después de ser un partido político importante hace sólo veinte años, entró en un declive continuo. Debido a su papel muy dudoso en un gobierno de coalición en la década de los años noventa en los que abandonó todos los principios del partido, después cambió de nombre por el de: Partido Socialdemócrata, desde entonces ha continuado su decadencia.

La historia de este partido es realmente muy interesante, desde su creación en 1945 ha tenido un ala de izquierdas importante, que también coincidió con el éxito del partido. A pesar de los muchos intentos del ala de derechas de romper el partido y crear otros partidos rivales, todos han terminado en fracaso.

A mediados de los años noventa, la dirección del partido intentó lo que llamaron una "perestroika" contra ese sector del partido conocido como Asociación Socialista de Japón, que se decía estaba comprometida con la doctrina marxista. Aunque fueron incapaces de librar totalmente del marxismo al partido, sí consiguieron cambiar el programa del partido y su nombre. Es importante observar que contrariamente a lo que pensaba la dirección del partido, este hecho provocó que el partido entrara en declive, no ganaron votos como pretendían. Al abandonar el viejo nombre y girar más abiertamente a la derecha, lo que han conseguido es perder aún más votos. Actualmente tienen 11 escaños tanto en el Senado como en el Parlamento. También se especula que su constante declive se debe a su apoyo a Corea del Norte, que es una cuestión importante en Japón, sobre todo durante las últimas elecciones.

El Partido Comunista de Japón ha conseguido evitar los problemas que han afectado a otros partidos comunistas tras el colapso de la Unión Soviética. En realidad, es uno de los partidos comunistas más grandes del mundo, con aproximadamente 400.000 militantes con vínculos en distintos sindicatos. Sin embargo, a pesar de llevar el nombre de comunista, no está comprometido con la revolución socialista, sino con conseguir el "cambio democrático en la política y la economía" y también "la restauración completa de la soberanía nacional de Japón". En realidad, no reconocen que Japón es una potencia imperialista importante y, además, defienden que las Naciones Unidas sean el centro de la lucha contra el terrorismo global. Aunque sus llamamientos a la retirada total de las bases militares norteamericanas de Japón son correctos, su idea de Japón está dominado por el imperialismo estadounidense es absolutamente falsa. Resulta increíble que, para un partido que pretende ser "comunista", hayan abandonado su oposición al Emperador, dicen que puede seguir siendo el jefe del estado mientas sea simplemente un "testaferro". Se mantienen como partido, en parte, por el declive del Partido Socialdemócrata y ahora tiene una posición superior en términos electorales.

Después de examinar brevemente los distintos partidos de Japón, podemos ver claramente que falta un partido con un programa revolucionario claro. El voto al DPJ no debe ser visto como un signo de que la población apoya su difusa política liberal. Lo que refleja es que nadie ofrece un programa claro de cambio y que todos los partidos dicen cosas similares en relación a la política exterior. La mayoría de la población está de acuerdo en que el apoyo en las elecciones parlamentarias al DPJ no fue un voto a favor de su programa, sino un voto contra el gobierno, contra las "reformas" y el status quo.

Como podemos ver al examinar la "buena y vieja época" del Partido Socialista de Japón, lo que hace falta para ganar popularidad no es la moderación, sino la radicalización y un programa revolucionario claro, que mientras hable el lenguaje de la población y muestre una salida clara hacia una sociedad mejor.

El DPJ pronto quedará desacreditado ante los ojos de la población, si puede formar gobierno después de las próximas elecciones. En las cuestiones económicas difiere muy poco con el gobierno anterior. Eso dará a partidos como el Partido Socialdemócrata y el Comunista la oportunidad necesaria para llegar a las masas. Es inevitable que en determinado momento los trabajadores se giren hacia estos partidos. Sin embargo, para ofrecer una verdadera alternativa, primero deben regresar a las ideas del socialismo, el marxismo y la revolución.