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Nepal: La insurrección de 2006, la asamblea constituyente y la abolición de la monarquía PDF Imprimir E-mail
Escrito por Rajesh Tyagi (desde Delhi)   
Jueves, 05 de Junio de 2008 05:54

La recién elegida asamblea constituyente de Nepal, consecuencia de la insurrección de abril de 2006, ya está en movimiento. Ha promulgado la declaración formal del final de la monarquía, a la que ha dado una salida airosa.

La recién elegida asamblea constituyente de Nepal, consecuencia de la insurrección de abril de 2006, ya está en movimiento. Ha promulgado la declaración formal del final de la monarquía, a la que ha dado una salida airosa.

Como sistema de gobierno, la monarquía ya había perdido todo su fuelle desde la gran insurrección popular de abril de 2006, mientras las fuerzas de la reacción medieval, hasta ahora bajo las alas de la monarquía nepalí, ya se estaban adaptando al dominio de la burguesía nepalí. Debido a esta situación, la abolición de la monarquía como sistema de estado y el consiguiente surgimiento de una república, tiene un significado limitado. Este sistema representaba un gran contraste con el dominio burgués que se extendió por Europa durante el siglo XIX, cuando surgieron las repúblicas burguesas, y representa un regreso a la historia mundial. En el siglo XXI Nepal, como república (aunque un paso adelante en términos democráticos burgueses), no tiene un significado real ni tampoco un uso práctico para el pueblo de Nepal, y no lo tendrá hasta que el poder no pase directamente a las manos de la clase obrera y el campesinado. El poder no tiene sentido mientras esté dirigido por la burguesía.

La vieja escuela del estalinismo y el maoísmo

Desafortunadamente, en Nepal la dirección comunista fue maleducada en las escuelas del estalinismo y el maoísmo, no tienen ninguna perspectiva ni tampoco están dispuestos en dirigir al proletariado hacia la toma del poder. En su lugar, buscan el poder en colaboración con la burguesía y los terratenientes. Su fracaso en comprender los mecanismos reales de la revolución en Nepal ha llevado a perder grandes oportunidades de llevar a cabo la revolución, oportunidades que se les han presentado una y otra vez.

La gran marea revolucionaria de abril de 2006 contra el viejo régimen monárquico-burgués nepalí, retrocedió después de que la dirección fracasara en conducir a ese movimiento histórico hasta su conclusión lógica, la destrucción de la monarquía y la toma del poder por parte del proletariado. La revolución tuvo que retroceder cuando estaba a las puertas del triunfo, con algunas escasas concesiones de la monarquía. Después de fracasar y no conducir la rebelión hacia el triunfo de la revolución y consolidar el poder del proletariado (apoyado por el campesinado), la dirección desorientada presentó las concesiones como grandes conquistas de la revolución. Esta política pasiva y reformista de la dirección comunista provocó un retroceso rápido del ambiente revolucionario de la población nepalí. En lugar de darse cuenta de su error y preparar una nueva oleada, la dirección dio un giro y comenzó a moverse, más y más, hacia el legalismo y la colaboración de clase, adaptándose al reflujo de la revolución del que es responsable.

Sin embargo, la insurrección de abril de 2006 ha dejado su impronta en la historia de Nepal.  La importancia de la insurrección no está en las concesiones conseguidas de manos de la monarquía, como creen los dirigentes maoístas y la burguesía, sino en el hecho de que mostró un nuevo camino para la acción del proletariado en las ciudades clave, demostrando una vez más la bancarrota del estalinismo-maoísmo. Lo que no se pudo conseguir en más de diez años de lucha armada, se consiguió en diez días de huelga general del proletariado. Esta insurrección sacudió desde sus cimientos al régimen monárquico. Ahora hay todo un abismo entre el nuevo Nepal que surgió después de la insurrección de 2006 y el que existía antes.

La marea de la revolución durante la insurrección de abril de 2006 obligó a una ruptura radical entre el viejo y el nuevo Nepal. La monarquía perdió toda su fuerza y legitimidad, después de que sus fuerzas armadas intentaran ahogar en sangre la insurrección, pero también se quedaron paralizadas ante el poder de la rebelión popular, dejando a la monarquía dando tumbos. Durante la insurrección, por primera vez, el proletariado urbano marcó su entrada como clase en la escena política, convirtiendo el centro del poder monárquico/burgués, la ciudad de Katmandú, en el centro del drama revolucionario. Se pusieron a prueba varias hipótesis sobre la revolución en Nepal, la primera fueron las formulaciones del maoísmo y su consigna del "camino chino", refutadas en la práctica revolucionaria. También se derrumbó el mito extendido por los dirigentes maoístas sobre la debilidad de la clase obrera en los países atrasados, donde el campesinado constituye la mayoría de la población. Demostró más allá de toda duda que a pesar de su pequeña fuerza numérica, el proletariado es totalmente capaz de tomar la dirección de la revolución y organizarse como vanguardia de la masa campesina, independiente de la burguesía y oponiéndose a ella.

Todas las fuerzas del viejo Nepal: la monarquía, las fuerzas del medievalismo y la burguesía, temblaron ante esta insurrección. Aunque la insurrección fue espontánea, demostró la inmadurez política de la clase obrera, pero hizo avanzar la inmensa energía política latente dentro del proletariado, que por sí mismo estuvo a las puertas de conseguir el poder político, y si se tuvo que retirar fue sólo debido a la ausencia de una verdadera dirección.

¿Qué impidió a los comunistas tomar el poder?

¿Qué se interpuso entre la monarquía y el pueblo? ¿Qué impidió a los comunistas tomar el poder y ponerse al frente de la clase obrera, ayudados por el campesinado? ¡Prácticamente nada! Pero la dirección comunista en Nepal, maleducada en la escuela del estalinismo y maoísmo, se negó a tomar el poder a través de la clase obrera y contra la burguesía, y sólo estuvo dispuesta a tomar el poder en una alianza con la burguesía. Habían planificado ejecutar una revolución democrático-burguesa, a través de un "bloque de todas las clases", con la burguesía como socio. No estaban dispuestos ni preparados para dirigir la revolución contra la burguesía, pero esta última tampoco estaba dispuesta a prescindir de la monarquía.

La dirección equivocada de los partidos maoísta-estalinista, se encontró en la insurrección de 2006 ante un dilema y una virtual crisis política. Todos los partidos y grupos comunistas de Nepal en aquel momento colaboraron estrechamente, de una y otra forma, con los partidos burgueses. La insurrección de repente les enfrentó con la cuestión de tomar el poder mediante la eliminación de la monarquía. Pero, en primer lugar, partidos burgueses como el Congreso Nepalí, en el punto álgido de la revolución miraba hacia la monarquía, no quería su destrucción. Además, la destrucción de la monarquía mediante un golpe radical de las masas inmediatamente plantearía la cuestión del poder, con clases hostiles enfrentándose entre sí, por un lado la burguesía y los terratenientes, y por el otro el campesinado y el proletariado.

La burguesía se habría enfrentado a una lucha directa y decisiva por el poder, si la insurrección hubiera culminado en una revolución victoriosa. Pero los partidos comunistas no estaban dispuestos a enfrentarse con este dilema. De la noche a la mañana cambiaron las tornas, ya no estaban contra la burguesía ni defendían su destrucción. Voluntariamente perdieron una oportunidad histórica y fallaron el tiro. La línea de colaboración con la burguesía en un "bloque de todas las clases", la "teoría de la revolución en dos etapas" y la consigna del "camino chino", demostraron ser fatales para la revolución. La perspectiva equivocada de los dirigentes maoístas provocó una parálisis política de la revolución. El proletariado perdió la oportunidad de llegar al poder de una forma revolucionaria.

Debido a su perspectiva incorrecta, con relación al papel y correlación de clases sociales, y consiguientemente la naturaleza y dinámica de la revolución en Nepal, los dirigentes maoístas no pudieron sentir el pulso en abril de 2006 ni tampoco aprovechar su victoria electoral en abril de 2008. El triunfo electoral, que sólo era un eco débil y tardío de la insurrección de 2006, pilló por sorpresa a los propios maoístas, de la misma forma que la insurrección de 2006 les había cogido desprevenidos. Lo irónico es que los maoístas aún siguen demostrando su bancarrota política y no han comprendido al verdadero significado y espíritu del mandato electoral de 2008.

La naturaleza y significado del mandato electoral

Los maoístas, igual que con su fracaso a la hora de estimar la naturaleza y calado de la insurrección de abril de 2006, han demostrado que no comprenden el significado ni la naturaleza del mandato que les han dado los trabajadores y explotados de Nepal. Los maoístas consideran que se trata de una reivindicación de su política incorrecta, cuando en realidad es un mandato para derrocar no sólo a la monarquía y al feudalismo, sino también para cumplir las tareas reales y fundamentales, que tienen una naturaleza socialista y que, por lo tanto, van más allá del dominio de la revolución democrática. Pero los maoístas creen que su tarea es evitarlo, y esa es la esencia real del maoísmo nepalí actualmente.

Los maoístas están traduciendo el mandato en el sentido contrario, se niegan a aceptar este mandato para el avance revolucionario y consolidación del poder en manos del proletariado con el apoyo del campesinado. En cambio lo interpretan, en primer lugar, como un "mandato fracturado" y por esa razón proponen un frente amplio de todas las fuerzas políticas del país para poner en práctica este mandato, es decir, consolidar y construir una república democrático burguesa. En lugar de librarse totalmente no sólo de la monarquía sino también de la burguesía, los maoístas intentan perfeccionar su alianza con la burguesía y planean un desarrollo capitalista pacífico en Nepal para la próxima década por lo menos. Al negarse a ver la adaptación total del capitalismo y medievalismo en el Nepal actual, los maoístas equivocadamente atribuyen a la burguesía un papel en la lucha contra la monarquía, y proponen una alianza con ella. En lugar de caminar junto con el proletariado y luchar directamente contra la burguesía, luchan por conseguir una alianza entre los dos, basándose en la doctrina de la revolución en "dos etapas", actualmente sería la democrática (¡burguesa!), y sólo en algún momento futuro sería socialista. Su programa limitado no va más allá de los límites de la república burguesa y están preparando una hoja de ruta que en su naturaleza esencialmente es capitalista. En un momento histórico donde las fuerzas de la revolución ya han madurado lo suficiente como para luchar contra la monarquía y la burguesía, los maoístas están capitulando, depositando sus esperanzas en la burguesía en lugar de dirigir la revolución contra ella.

El pueblo nepalí, que espera un cambio radical en sus vidas, ha celebrado la derrota electoral de los partidos pro-establishment, tanto monárquicos como burgueses. Pero la dirección maoísta ya ha sofocado estas esperanzas buscando una alianza con estos partidos.

Reafirmación de la burguesía y los terratenientes

Inmediatamente después de los resultados electorales, Prachanda declaró: "En este siglo XXI necesitamos para el desarrollo la cooperación de todos". Además añadió que el "PCN (M) está dispuesto a trabajar con todos los partidos para elaborar la Constitución".

En una entrevista publicada en Nepal Times, Baburam Bhattarai lo aclaró aún más:

"Cuando decimos que queremos acabar con el feudalismo, no queremos decir acabar con la propiedad privada. Nuestra revolución en nuestro lenguaje es una revolución democrático burguesa. En otras palabras, colectivización, socialización o nacionalización no están en nuestra agenda actual. Nos gustaría asegurar a todos que una vez los maoístas lleguen al poder, el clima para la inversión será más favorable. No debería haber malentendidos innecesarios en esta cuestión".

Tanto Prachanda como Bhattarai se reunieron con la Federación de Cámaras de Comercio e Industria de Nepal, durante más de dos horas, y les dijeron lo siguiente a los capitalistas:

"Dentro de diez años nuestro trabajo provocará una revolución económica que maravillará a todo el mundo. Permitiremos la inversión privada y promoveremos la inversión extranjera".

Y continúan:

"No pierdan la confianza. No vamos a expropiar industrias. Necesitamos su cooperación para conseguir la prosperidad económica".

En medio de los aplausos de la elite dominante, Prachanda declaró: "Somos maoístas del Siglo XXI", y respondiendo a todos los temores de los allí presentes añadió: "Es necesario una mano enérgica para construir una nación fuerte".

Tanto Prachanda como Bhattarai en sus discursos citaron a Corea del Sur y Malasia como modelos de cómo dirigir la inversión en Nepal. Cuando se le preguntó sobre China, Prachanda alabó la eliminación del sistema feudal "que estableció una base sólida para el crecimiento económico". Además señaló que: "una vez reestructuremos el estado e impliquemos al sector privado, será posible conseguir ese crecimiento económico".

El 20 de abril, Baburam Bhattarai, afirmó que Nepal presenciaría una revolución económica en los próximos diez años. Los dirigentes maoístas después se reunieron con altos funcionarios del Banco Mundial para discutir los futuros planes de desarrollo para Nepal, garantizando la protección de los intereses de la burguesía. Han ofrecido inmunidad al rey junto con sus propiedades, si abdicaba voluntariamente, después de la revuelta de 2006 se trata de una gran concesión al rey.

Apagando las llamas de la revolución

La equivocada dirección estalinista/maoísta ahora intenta apagar las llamas de la revolución que aún pervivían después de la debacle de abril de 2006. Mientras se codeaban con los capitalistas extranjeros y locales, la dirección maoísta abiertamente defiende un cambio del papel de las Juventudes Comunistas. Prachanda ha garantizado a los capitalistas que las JC se desprenderán de su pasado para dedicarse a actividades "constructivas". Las JC representan a la generación más jóvenes de revolucionarios nepalíes, podrían convertirse en la primera baja de la maniobra política de esta dirección, que ya ha emprendido su camino hacia el reformismo.  Para facilitar la participación tranquila y pacífica en el poder burgués, la dirección maoísta ha mostrado su disposición a devolver las propiedades confiscadas durante la última década. Ha aceptado la disolución de las milicias armadas que estaban bajo su control.

En lugar de tomar el poder a través de la acción directa de los trabajadores y campesinos, los maoístas están dispuestos a asumir el poder mediante un "bloque de todas las clases", incluidos los capitalistas, tanto locales como extranjeros. El proyecto que tienen para el desarrollo de Nepal durante la próxima década se basa esencialmente en una perspectiva nacionalista, que debe ser ejecutada junto con la burguesía, lo que contrasta profundamente con la dictadura del proletariado y su perspectiva internacionalista. Por ahora, la propiedad burguesa seguirá siendo algo sacrosanto y estará protegida, y desarrollarán el capitalismo. Estos dirigentes maoístas, estos revolucionarios pequeño burgueses, han entregado prácticamente todo el poder a la burguesía, convirtiéndose en una "capa burocrática" que representa este poder. Lo hacen en nombre de la "revolución democrática", a la que contraponen frente a la "revolución socialista", dejando esta última para un futuro lejano sin especificar.

Sin embargo, paradójicamente, existe una coincidencia peculiar entre las tareas socialistas y democráticas en Nepal. La monarquía y la burguesía están integradas y son inseparables, como lo están la gran propiedad burguesa y la industria nepalí que pertenecen a la familia real, ya sean los sahs o los ranas, junto con las haciendas feudales que poseen. La burguesía nepalí, de la que la familia real es su capa superior, está amalgamada con el medievalismo nepalí, y también está atada directamente al capitalismo mundial. De esta manera, cualquier alianza con la burguesía en Nepal retrasará la lucha en ambos frentes. La revolución en Nepal no puede avanzar ni un milímetro si está aliada con la burguesía. La revolución sólo puede avanzar si la punta de su espada siempre está dirigida contra la burguesía. Las alianzas políticas con la burguesía sólo profundizan más la crisis política. La república burguesa en Nepal es una ficción, ni la burguesía ni el proletariado tienen fe o interés en ella.

Cualquier tipo de acuerdo con la monarquía o la burguesía supone una traición reaccionaria y abierta de la revolución. La simple abolición formal de los títulos feudales, en lugar de destruir el feudalismo y sobre todo la monarquía, no supondrá un cambio de las relaciones sociales en Nepal. Los maoístas, incapaces de comprender el ABC del marxismo, intentan emprender el camino de la colaboración de clase en lugar de la lucha de clases. Mientas inoculan a la propiedad capitalista frente a una invasión de la revolución, los maoístas prestan un flaco servicio a la causa de la destrucción del feudalismo en Nepal, ignorando el hecho de que la propiedad capitalista y el feudalismo están inseparablemente unidos.

Abolición simbólica de la monarquía

La realidad es que mientras la burguesía prefería la supervivencia ceremonial de la monarquía, los maoístas querían su abolición simbólica. Parecen las dos caras de la misma moneda. En el pasado, los partidos estalinistas-maoístas de Nepal se contaminaron de esta situación. Su larga asociación con la monarquía con el rey Birendra no es un secreto en Nepal. Su lucha oportunista por la dirección política, tanto del poder burgués como por la dirección comunista, se conoce sarcásticamente en los círculos políticos nepalíes como la "tendencia principesca". Colaboraron con la monarquía incluso contra la democracia burguesa, cuando lo que deberían haber hecho es dirigir la lucha contra la monarquía, y ahora que es el momento de luchar contra la burguesía lo que hacen es colaborar con ella. Si los maoístas en determinado momento se movieron contra la monarquía sólo fue debido a la enorme presión de su base.

La abolición formal de la monarquía no tiene sentido si sólo se limita a eliminar algunos títulos y privilegios. El programa inmediato de la revolución en Nepal es eliminar a la monarquía con todas sus instituciones sociales y políticas, confiscar las propiedades de la realeza y destruir todas las relaciones feudales que existen en el país. Mientras se ejecuta este programa inmediato, que por supuesto se encontraría con la feroz resistencia de las fuerzas de la reacción en Nepal, sobre todo de la propia burguesía, la revolución debe destruir la propiedad burguesa, es un movimiento ininterrumpido. Ese es el veredicto claro de las recientes elecciones generales.

Los dirigentes maoístas no quieren entender ni ejecutar este veredicto revolucionario. Luchan celosamente por el establecimiento de la democracia burguesa y, por tanto, detienen la revolución en la etapa democrático burguesa. Los maoístas no han conseguido reconocer que en los albores del siglo XXI, la democracia burguesa, desprovista de toda la energía política, es incapaz de presentar una alternativa viable a los regímenes feudales y que sólo la dictadura del proletariado, es decir, una verdadera democracia obrera, es lo que puede llevar a la práctica  con éxito el programa de la revolución.

La burguesía nepalí hace mucho tiempo que agotó su papel

La burguesía nepalí agotó sus energías ya en 1958, es decir, en la década que comenzó la lucha armada con la reivindicación de la democracia parlamentaria burguesa en lugar de la monarquía, una lucha que traicionó abiertamente al aceptar la constitución entregada por el monarca. Cambiaron la democracia parlamentaria por la monarquía constitucional. La burguesía débil fracasó miserablemente en hacer avanzar ni un ápice la revolución burguesa ni tampoco resolvió las tareas de naturaleza democrática. La "revolución" de la burguesía se paró en seco hace medio siglo. No se puede ya repetir, ni tampoco puede haber una segunda revolución burguesa. Sólo la revolución proletaria puede resolver las tareas democráticas, como una parte de la revolución permanente, no sólo como una revolución democrático-burguesa que es lo que imaginan los maoístas. Lo que debería estar en primer punto del orden del día no es una democracia parlamentaria, sino la dictadura del proletariado apoyado por el campesinado.

La población ha votado a los maoístas con la esperanza de acabar con la explotación y la represión, pero han traicionado estas esperanzas al aliarse con la burguesía. Es fácil de ver que el plan de los dirigentes maoístas para la próxima década incluye todo para el desarrollo burgués de Nepal, pero nada para la expansión y extensión de la revolución, nada para los trabajadores y campesinos nepalíes. Lo que no se consiguió en el punto álgido de la insurrección de masas de abril de 2006, no se puede conseguir por medios legales con una democracia burguesa constitucional.

Los trabajadores y jóvenes de Nepal, que levantaron la bandera de la rebelión contra la monarquía en 2006, con las consignas: "Queremos la cabeza del rey" y "no es el rey quien tiene el verdadero poder", que apoyaron a los maoístas en las elecciones, con la esperanza de conseguir cambios radicales, ahora se preguntan si es esto por lo que lucharon. Han surgido enormes contradicciones entre el potencial revolucionario que ofrece la situación y el estrecho programa con reivindicaciones limitadas presentado por los maoístas. El programa de los maoístas se basa en una perspectiva nacionalista del "progreso" nacional y la "unidad nacional", es decir, un "progreso" esencial en líneas capitalistas y la "unida" entre los trabajadores/campesinos, por un lado, y los capitalistas/terratenientes por el otro.

Coyuntura histórica crítica

En esta coyuntura histórica crítica, cuando se nos presentan grandes oportunidades revolucionarias en Nepal, los maoístas cantan el "bloque de todas las clases" para tranquilizar a los burgueses/terratenientes de Nepal y a los capitalistas mundiales. En lugar de dirigir la revolución contra el bloque terrateniente/capitalista, en lugar de expropiar a los expropiadores de las masas explotadas, algo evidente en el mandato electoral, los maoístas están haciendo ofertas lucrativas de colaboración con los reaccionarios locales y extranjeros, incluso les invitan a compartir el poder. No es casualidad que los estrategas norteamericanos ya hayan comenzado a discutir si la coalición de gobierno encabezada por los maoístas puede ser utilizada para los planes estadounidenses en la región.

Los maoístas recibieron una cantidad de votos sin precedentes, no por su actual perspectiva política, que la historia demostrará pronto que es incorrecta, sino porque por un accidente de la historia han ocupado todo el espectro de la "izquierda" en Nepal, debido a la ausencia de un verdadero partido proletario. Eso explica cómo y por qué los maoístas en los recientes acontecimientos no han conseguido prever o comprender por adelantado esta victoria, un triunfo que a ellos les pareció un trueno caído de un cielo azul radiante, y por supuesto, que no han conseguido comprender su verdadero significado.

En cuanto al predominio del PCN (M) sobre las demás fracciones maoístas/estalinistas se refiere, se puede comprender por el hecho de que las demás fracciones han permanecido dentro del viejo parlamento y han demostrado su oportunismo en las actividades cotidianas, el PCN (M) aunque en esencia ha defendido la misma política, ha escapado a este destino porque durante mucho tiempo boicoteó el viejo parlamento. Con esta ventaja sobre las demás fracciones, el PCN (M) ha podido garantizar una ventaja sobre los demás y consolidar una victoria electoral favorable. Sin embargo, está claro que este voto no es una aprobación de la política oportunista de los maoístas, con todos sus zig-zags, sino que es un voto de cambio radical por una política de izquierdas, con un mandato claro de llevar a cabo la revolución. Este patrón de voto demuestra claramente la seriedad y profundidad de la crisis política y social que vive Nepal, y el programa de la revolución por etapas de los maoístas, ahora democrática después socialista, no puede solucionar esta situación. Los maoístas no comprenden el espíritu de este voto. En lugar de llevar hacia adelante la revolución, lo que han hecho es empezar a poner frenos a la revolución, la han privado de su esencia de clase. Los maoístas conciben la abolición de la monarquía como algo que afecta a todas las clases en Nepal, y algo en lo que están interesadas todas las clases por igual, de ahí que la priven de su esencia de clase.

Los trabajadores y campesinos no van a conseguir nada con proclamas de "república". Estas proclamas no tienen sentido si el poder no está en manos de los trabajadores, apoyados y seguidos por el campesinado. La población no ha dado su voto a la república burguesa ni a la fórmula de un "bloque de todas las clases". El voto no se puede comprender en términos simplemente aritméticos de votos proporcionales a partidos que representan intereses sociales diferentes. Para comprender los resultados de las elecciones hay que tener una visión correcta de la naturaleza de la revolución y del distinto papel que las clases juegan en ella, lo que representa una forma algebraica. La percepción de los maoístas es que la "gente ha votado por distintos partidos para que trabajen juntos en el desarrollo de Nepal", pero esta idea es incorrecta. El péndulo político ha sufrido un giro histórico y sin precedentes hacia las fuerzas de la izquierda revolucionaria, lo que significa el derrocamiento forzoso de todos los explotadores, uno detrás de otro. Los votos son para el abandono de la idea de la república burguesa, contra la perspectiva del "etapismo", contra la compartimentazación de las etapas democrática y socialista de la revolución y, en esencia, a favor de la dictadura del proletariado apoyada por el campesinado. Pero los maoístas, en ausencia de una perspectiva revolucionaria, no comprenden nada de esto y han emprendido el camino del desarrollo burgués pacífico en Nepal, con la cooperación de todos.

El rumbo del desarrollo político en Nepal ha empujado a los comunistas al poder, pero éstos no están dispuestos a tomarlo y van a desaprovechar la oportunidad entregando el poder a la burguesía, limpiando el camino para el desarrollo capitalista. Al malinterpretar este mandato, los maoístas se niegan a ir en contra de los enemigos del pueblo. En lugar de llevar a cabo la revolución, los maoístas han emprendido la colaboración de clases. Han invitado a todos, desde el Congreso Nepalí hasta el PCN-UML, para formar un bloque que gobierne pacíficamente el país y emprenda el camino del desarrollo burgués. Claramente es una colaboración de clases con la burguesía.

Inventar una burguesía revolucionaria en Nepal

Los maoístas quieren llevar a cabo la revolución según la "teoría de las dos etapas" y por eso han inventado la burguesía revolucionaria nepalí, el Congreso Nepalí, etc., como un colaborador con la promesa de un crecimiento capitalista en el país durante la próxima década.

Los partidos estalinistas/maoístas en Nepal, ya sea el PCN-maoísta, el UML o los pequeños partidos, todos comparten la misma perspectiva de "etapismo", es decir, la teoría menchevique de las "dos etapas", desacreditada hace mucho tiempo con las revoluciones de febrero y octubre de 1917, también refutada en muchas ocasiones por la experiencia revolucionaria en distintos países. Basándose en la separación de las tareas "democráticas" y "socialistas" de la revolución, adoptado más tarde por la Komintern bajo Stalin, esta línea demostró esr una trampa que paralizaba la revolución en su etapa democrático burguesa durante un período indefinido. Sólo sirve para desorientar y desmoralizar al proletariado, empujar la revolución hacia el reflujo, reforzar y fortalecer a la burguesía y, en última instancia, perder el poder. Eso es exactamente lo ocurrido en China, España, Indonesia, Irán, Iraq, Sudán, Chile, Nicaragua y en otras zonas del mundo, allí donde se aplicó esta teoría de las etapas. En todas partes fue un desastre para la revolución y provocó la derrota de las masas. Con esta perspectiva común, compartida entre por todos ellos, todos los partidos comunistas/maoístas de Nepal aspiran a la revolución democrático-burguesa, que según sus sueños establecerá un "poder democrático compartido por todas las clases, durante un período de tiempo. Partiendo de esta plataforma política común, sobre la que no tienen diferencias entre ellos, estos partidos toman caminos diferentes para ejecutar este programa menchevique. Mientras que todos los demás emprendieron el camino parlamentario, los maoístas tomaron la senda de la lucha armada, pero sólo para establecer el mismo régimen democrático burgués en Nepal.

Conmocionados por la inmensa energía revolucionaria generada por la insurrección de abril de 2006, cuyo epicentro fueron las ciudades y el proletariado urbano, que demostró los límites de la guerra de guerrillas en el Nepal rural, sin la dirección del proletariado de las ciudades, los maoístas regresaron a las ciudades pero sólo para reforzar su alianza con la burguesía y los terratenientes, y con sus partidos como el Congreso Nepalí. Este regreso de los maoístas a las ciudades en víspera de la insurrección de abril, abandonando la lucha guerrillera en las zonas rurales, refuta la idea de que la insurrección de abril es el resultado de diez años de guerra de guerrillas. La insurrección en realidad es una refutación de la estrategia maoísta, calificada como el "camino chino".

Esta perspectiva común de "etapismo" y el objetivo común de la "democracia burguesa" es la verdadera plataforma política de los partidos estalinistas/maoístas de viejo cuño que dominaron la escena política nepalí. Ninguno de estos partidos intenta responder a las cuestiones fundamentales y reales, sólo responde a cuestiones secundarias. Los maoístas centran sus discusiones en cuestiones tácticas como las formas de lucha, un debate falso que contrapone la acción armada frente a la parlamentaria, mientras al mismo tiempo aplican la línea política de la colaboración de clase, ya sea en el parlamento o mediante la lucha guerrillera.

No hay una diferencia fundamental entre las distintas tendencias maoístas

Los maoístas tienen su punto de partida en el Partido Comunista de Nepal, abandonaron el partido después de criticar a su dirección como renegada y revisionista, principalmente por su participación en la política parlamentaria. Inmediatamente propusieron la lucha armada del campesinado como una estrategia alternativa. Esta estrategia, sin embargo, cambió después de la insurrección de abril de 2006, pero la perspectiva política del maoísmo, la "teoría de las dos etapas" y el "bloque de distintas clases", se ha mantenido. Los maoístas no difieren del PCN en ninguna de las posiciones políticas o ideas fundamentales, los conflictos surgieron por aspectos tácticos, secundarias a las principales cuestiones estratégicas.

La insurrección de 2006 obligó a los maoístas a cambiar de táctica, a cambiar el centro de su trabajo de las zonas rurales a las ciudades, incluso aunque fuera en contra de lo predicado por el maoísmo. Prachanda dijo en una entrevista en 2006 que en cualquier caso no regresarían a las aldeas para reiniciar la lucha armada. Igualmente, en 2007, CP Gajurel manifestó en una rueda de prensa que una revolución basada en la ciudad era la perspectiva para Nepal. Pero los maoístas no han conseguido cambiar sus perspectivas políticas fundamentales y han mantenido todas las particularidades básicas. Aún se niegan a abrir los ojos ante la inutilidad de su antigua perspectiva estalinista/maoísta de la "revolución por etapas" y la colaboración de clases, de esta manera, minimizan el papel del proletariado y artificialmente amplifican el papel de la burguesía en la revolución. Dieron importancia a la acción en las ciudades y la inutilidad de la guerra de guerrillas basada en el campo, era una desviación evidente del "camino" convencional del maoísmo, pero como no consiguieron comprender la naturaleza de la revolución en los países atrasados y el papel que juegan la burguesía y el proletariado en ella, se aferraron a los prejuicios sobre la burguesía y el parlamentarismo, en lugar de hacer los preparativos para una revolución proletaria en Nepal.

Ahora está la cuestión de cómo esta falsa receta de la "teoría de las dos etapas" y el "bloque de todas las clases", incompatible con los sueños de desarrollo del capitalismo, será recibido por los trabajadores y campesinos pobres de Nepal, o si estarán dispuestos a esperar otros diez años. Ahí entra la doctrina de Prachanda: "una mano enérgica para construir una nación fuerte". Esta mano enérgica presionará al proletariado y al campesinado, si se niegan  aceptar la receta del desarrollo capitalista preparada por los maoístas. Los trabajadores y campesinos nepalíes pronto comprenderán que los maoístas van a jugar el papel de guardianes del sistema, que serán utilizados como una garantía para proteger la propiedad burguesa, como han manifestado una y otra vez.

Como defensores de la teoría menchevique del "etapismo", los maoístas están demostrando ser los lugartenientes rojos de la burguesía y los terratenientes. El poder en sus manos, más pronto que tarde, se convertirá en un aparato burocrático para aplastar la revolución proletaria y campesina. El poder del estado no irá dirigido contra la burguesía, sino que irá dirigido directamente contra los trabajadores y campesinos.

La historia presenta de manera cruda la cuestión del poder  

Mientras los maoístas están ocupados forjando la colaboración entre clases hostiles, bajo al consigna de la república, la historia presenta de manera cruda la cuestión del poder, ¿quién gobernará Nepal? ¿la burguesía o el proletariado? La simplista consigna maoísta de la república democrática no es una respuesta. La disputa es sobre el papel y carácter de esta república democrática. ¿Será frente o junto a la burguesía? ¿Una república bajo la dictadura del proletariado o la dictadura de la burguesía? El destino de la revolución está vinculado a esta cuestión. Los maoístas han demostrado su absoluta incapacidad para solucionar esta cuestión de una manera revolucionaria. La burguesía, sin embargo, no puede consolidarse en el poder a menos que se derrote a la revolución, apagarán sus llamas y los que estaban al frente de la revolución entregarán voluntariamente el poder.

El giro actual en la política de Nepal es sólo una caricatura de la revolución de febrero de 1917 en Rusia, sin un Octubre a la vista debido a la ausencia de una dirección bolchevique. Pronto veremos la misma renuncia al poder que hizo la dirección menchevique. Veremos a esta dirección defender el estado burgués, su ley y propiedad contra el pueblo. Según pasen los días, los maoístas cada vez se encontrarán más atrapados dentro de esta falsa red tela de araña de la democracia burguesa. Si los maoístas abandonan a la clase obrera, se convertirán en defensores abiertos de la democracia burguesa, los trabajadores cada vez estarán más desilusionados y finalmente tendrán que buscar otra alternativa que no sean los maoístas.

Desde el punto de vista del proletariado, la abolición de la monarquía es sólo un medio y no un fin en sí mismo. Los maoístas/estalinistas, los epígonos del leninismo, están buscando la colaboración con la burguesía nepalí, se encaminan hacia una república burguesa que representa una absoluta traición de la insurrección de abril de 2006 y de las últimas elecciones. El proletariado debe organizarse para tomar el poder en Nepal con la ayuda del campesinado pobre y de esta manera ejecutar el mandato derrocando tanto a la burguesía como a la monarquía. Para hacer esto, primero es necesario desprenderse de la influencia de la dirección estalinista/maoísta y de su perspectiva equivocada. Lo que hace falta es una verdadera oposición marxista dentro del movimiento comunista nepalí capaz de ganar a la base con el objetivo de aplicar una verdadera política leninista, armado con la perspectiva de la revolución permanente, en lugar de la vieja perspectiva estalinista/maoísta que busca la conciliación de clase en lugar de la lucha de clases.

Delhi, 28 de mayo de 2008

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