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Elecciones en EEUU. Los trabajadores y la juventud votan masivamente por el cambio PDF Imprimir E-mail
Escrito por Juana Cobo   
Martes, 11 de Noviembre de 2008 06:23

¿Responderá Obama a las expectativas creadas?

Nunca antes unas elecciones norteamericanas habían provocado tanta expectación ni tampoco habían generado tantas ilusiones y esperanzas en EEUU. Nada más conocerse el triunfo de Obama una masa entusiasta de hombres, mujeres, jóvenes, blancos, negros, hispanos, llenaron las calles de todo EEUU para celebrarlo: sólo en Chicago más de un millón, en Harlem fueron decenas de miles al grito de "¡Poder para el pueblo!", o "¡Sí podemos, sí podemos, lo hicimos!" en Times Square. Es difícil recordar algo parecido en la historia reciente del país.

¿Responderá Obama a las expectativas creadas?

Nunca antes unas elecciones norteamericanas habían provocado tanta expectación ni tampoco habían generado tantas ilusiones y esperanzas en EEUU. Nada más conocerse el triunfo de Obama una masa entusiasta de hombres, mujeres, jóvenes, blancos, negros, hispanos, llenaron las calles de todo EEUU para celebrarlo: sólo en Chicago más de un millón, en Harlem fueron decenas de miles al grito de "¡Poder para el pueblo!", o "¡Sí podemos, sí podemos, lo hicimos!" en Times Square. Es difícil recordar algo parecido en la historia reciente del país.

Tanto el resultado de estas elecciones como el desarrollo de la campaña electoral y de las primarias en el Partido Demócrata son la consecuencia de toda una serie de acontecimientos ocurridos durante los últimos años y que han sacudido la conciencia de los jóvenes y trabajadores norteamericanos. El fraude electoral del año 2000, los atentados terroristas del 11-S, las guerras de Iraq y Afganistán, el colapso de empresas como Enron, el huracán Katrina y la incapacidad de la administración Bush para socorrer a las víctimas, los ataques a los derechos democráticos y, por último, la crisis económica, se han convertido en acontecimientos que han empujado a millones de personas a cuestionar toda la política de los Republicanos, el papel de las gran banca y las "empresas", y, en última instancia,  el "Estado" y al propio sistema capitalista.

Hace un año The New York Times publicaba un artículo con el siguiente titular: "Según las encuestas, los jóvenes norteamericanos están girando a la izquierda". Pero no era el único. The Economist también afirmaba en otro artículo titulado "¿Está girando a la izquierda EEUU?" lo siguiente: "La población estadounidense parece reaccionar a la revolución conservadora con un giro a la izquierda. La mayoría quiere sanidad universal; desconfía en la fuerza como una manera de conseguir la paz (...) e incluso desaprueba la intolerancia frente a las cuestiones sociales" (The Economist, 9/8/2007).

Una extrema polarización: participación de masas en la campaña electoral

Estas elecciones han demostrado la existencia de una extrema polarización, no sólo económica y social, sino también política entre la derecha y la izquierda. El apoyo de masas a Obama y al Partido Demócrata es la expresión de este giro a la izquierda, que adopta un carácter completamente distorsionado debido a la ausencia de un partido obrero de masas capaz de reflejar de una forma más nítida este giro. Obama no es un revolucionario ni un socialista, incluso dentro del Partido Demócrata pertenece a lo que se podría denominar "ala de derechas", pero su discurso "populista" ha conseguido conectar con los deseos de cambio de la mayoría de la población estadounidense después de ocho años de políticas reaccionarias por parte del gobierno de George W. Bush.

Las elecciones primarias que finalmente llevaron a la elección de Obama como candidato demócrata también fueron una prueba clara de este proceso de politización. Millones de personas participaron en esas elecciones, que se convirtieron en una campaña histórica con mítines de masas no vistos desde la época de Kennedy (en Cleveland o Houston 80.000 personas, 150.000 en Chicago...) Además en torno a tres millones de personas contribuyeron económicamente o participaron en la organización de la campaña, entre ellos 250.000 activistas sindicales, y se crearon más de 700 oficinas de campaña por todo el país. Estos datos demuestran lo rápido que los jóvenes y trabajadores pueden pasar de la apatía a participar activamente en política cuando creen que sus intereses están en juego y que ellos pueden contribuir a cambiar su situación. Lo que también es una prueba del potencial que existe para el rápido desarrollo de un genuino partido obrero de masas en el próximo período.

Otra característica importante fue la persistente aparición en la campaña de la palabra "socialismo", utilizada por los Republicanos como un intento desesperado de asustar a la clase media y movilizar su voto recurriendo al viejo fantasma del socialismo y comunismo que tan útil fue para la clase dominante durante décadas. Aunque en este caso resultaba chocante que asustaran con el socialismo, las nacionalizaciones, cuando en mitad de la campaña Bush utilizaba el dinero público para nacionalizar bancos. El hecho de que este tipo de cosas no hayan tenido el efecto que deseaba la derecha es un reflejo del nuevo período en el que ha entrado EEUU.

Los resultados electorales

Resulta difícil comprender como en el país más poderoso del planeta, el más avanzado tecnológicamente, no se puedan conocer datos electorales exactos hasta semanas o incluso meses después de celebradas las elecciones. Lo que sí se sabe es que la participación ha sido muy alta. Los colegios electorales se llenaron desde primeras horas de la mañana y en algunos casos hubo colas de 4 o incluso de 8 horas como sucedió en Georgia. Parece que han votado unos 133 millones de personas, lo que representaría un 64,1% de los ciudadanos registrados. Debemos tener en cuenta que en EEUU para votar no basta con tener 18 años, hay que inscribirse en el censo electoral y se puede perder el derecho a voto por múltiples razones que varían en cada uno de los estados. Por ejemplo, la población reclusa estadounidense, más de dos millones, no tienen derecho a voto; también puede perder el derecho a voto alguien condenado a una multa por fumar marihuana o conducir con exceso de velocidad; en otros muchos casos, sobre todo en el sur del país, se borra arbitrariamente de las listas a votantes potenciales demócratas. En 2006 más de 19 millones de personas tenían privado su derecho a voto.

En las elecciones precedentes ha sido habitual que aproximadamente un 30 por ciento de los ciudadanos con derecho a voto no estuvieran inscritos. Obviamente el porcentaje era mucho mayor en las zonas obreras, mientras que en los feudos republicanos la proporción de inscritos y de participación en las elecciones siempre ha sido bastante más elevada. En estas elecciones han votado 10 millones de personas más que en las presidenciales de 2004. Han votado 24 millones de jóvenes entre 18 y 29 años de edad, lo que supone 3,2 millones más que en 2004 y el 66% ha votado a Obama. También han votado 4 millones más de afroamericanos y 2,7 millones más de hispanos. Se calcula que la participación entre la población afroamericana ha sido de un 70%, la más alta desde 1968, primer año en el que disfrutaron del derecho a voto en todo el país y donde la participación entre los afroamericanos fue del 58% (desde entonces la participación de este sector de la población apenas superó el 30%). Obama, a falta de terminar el escrutinio, ha conseguido el 53% de los votos, 65.431.955 (6,4 millones más que los conseguidos por Kerry en 2004), y McCain ha obtenido 57.434.084 (4,5 millones menos que Bush), los demócratas han sacado casi 8 millones de votos de diferencia a los republicanos.

Los demócratas han ganado en casi todos los estados más afectados por la crisis: California, Florida, Nevada, Virginia, Ohio y Michigan. En el Senado, que renovaba la mitad de sus miembros, todos los candidatos republicanos han perdido y todos los demócratas que se presentaban a la reelección ganaron. En el Congreso, que se renovaba completamente, también ganaron los demócratas con 256 congresistas frente a los 173 de los republicanos.

El mapa político después de estas elecciones es muy claro. La base de apoyo republicana es fundamentalmente rural, donde McCain ha conseguido el 60% de los votos, mientras que los demócratas barren en toda la costa este, la costa del Pacífico y en todo el medio este industrial. En las ciudades han ganado los demócratas con una clara ventaja, 7 de cada 10 votos urbanos ha sido demócrata: 70% en Detroit %; 58% en Miami; 79% en Nueva Orleans; 69% en Los Ángeles; 60% en Chicago, Filadelfia, Pittsburgh, Delaware; 69% en Cleveland o 65% en Toledo. En Nueva York, por ejemplo, Obama ganó en el Bronx con el 88% de los votos, en Queens con un 75% y en Brooklyn con un 79%.

Según los datos de la encuesta que hizo a pie de urna la CNN, Obama gana entre los que tienen menos ingresos (50.000 dólares o menos anuales); entre las mujeres un 53%; entre los que han votado por primera vez, un 88%; entre los que se oponen a la guerra de Iraq con un 76%. El único segmento de edad en el que ganan los republicanos es entre los que tienen 65 años o más.

Una catástrofe social en medio de un boom económico

En el fondo de estos resultados está el contexto social y económico del país. El huracán Katrina desveló ante los ojos de todo el mundo la realidad del "sueño americano": millones de personas viviendo en la pobreza extrema y unas condiciones de vida más propias de países del Tercer Mundo que de la nación más poderosa del planeta.

En el último periodo se han publicado toda una serie de informes sobre las condiciones de vida y la pobreza en EEUU que retratan una situación social no vista desde Gran Depresión de los años treinta. Lo más destacado no son los datos por sí mismos, ya de por sí terribles, sino que además toda esta catástrofe se ha desarrollado en un período de boom económico. Reseñaremos algunos de los más representativos:

  • En 2005, antes del pinchazo de la burbuja inmobiliaria, sólo en las zonas urbanas había 3,5 millones de "sin techo", una cifra a la que habría que sumar otros tantos de las zonas rurales.
  • Recientemente se publicó un informe titulado: Mitos y realidades sobre las familias trabajadoras con bajos ingresos. Según se lee en el mismo, en 2006 un 28,2% de las familias trabajadoras norteamericanas vivían por debajo del umbral de pobreza (casi 9,6 millones de familias). No se trata de familias marginales, pues el 72% de estas familias cuentan con uno o dos miembros con trabajo, pero sus ingresos no llegan para cubrir sus necesidades básicas. En ese mismo año había más de 29,3 millones de puestos de trabajo con salarios inferiores al nivel de pobreza y  sólo el 25% de las familias en EEUU disponían de un salario decente para asegurar sus necesidades fundamentales, incluido el seguro médico.
  • Al otro extremo de esta masiva extensión de la pobreza, tenemos una obscena concentración de riqueza en manos de unos pocos. El 10% de la población más rica tiene el 71% de la riqueza y el 1% entre el 25 y 33% de la riqueza. Se trata de la mayor concentración de riqueza desde 1928, justo antes del crack de 1929, cuando el 1% más rico controlaba el 24% de la riqueza.
  • Otro de los mitos que durante décadas propagaron los medios de comunicación era presentar a EEUU como el paradigma de la riqueza, donde el "sueño americano" permitió a los trabajadores convertirse en clase media.  Pero también este mito ha hecho aguas. Según un informe de la Foundation for American Communication: "Los patrones que después de la Segunda Guerra Mundial servían para definir a la clase media hoy no sirven". Y estos patrones eran: tener una vivienda (los desahucios este año han aumentado un 75%); acceso a la enseñanza superior (los costes desde 1994 han aumentado un 25-30%); tener seguro médico (hoy casi 50 millones de personas no lo tienen); un plan de jubilación (la crisis financiera ha evaporado 2 billones de dólares de los planes de pensiones) y un salario que cubriese todos los gastos familiares.

Una recesión profunda

Unos días después de las elecciones el Departamento de Trabajo publicó los últimos datos del paro en EEUU: 603.000 desempleados más sólo en octubre, lo que coloca la tasa de desempleo en el 6,5% (la más alta desde 1994), superando los 10 millones de parados (la más grande desde 1983). En lo que va de año se han perdido 1,2 millones de puestos de trabajo, más de la mitad en los tres últimos meses. Este último mes se han destruido 90.000 empleos en el sector manufacturero; 49.000 en la construcción; 51.000 en el sector servicios; 38.000 en comercio y 24.000 en el sector financiero. El número de parados de larga duración (27 meses o más en paro) aumentó hasta los 2,3 millones de personas, el 22% del total de parados y la proporción más elevada en 25 años.

El aumento del desempleo tiene un efecto social devastador. Según publicaba New York Times sólo el 32% de los parados cobra un subsidio. Además la tasa oficial de paro, como ocurre en todos los países, subestima el paro real porque los gobiernos utilizan todo tipo de trucos para mantener la tasa de paro artificialmente baja, como ocurre con el IPC. Por ejemplo, no incluye a los que trabajan unas horas o un día a la semana (6,7 millones de personas). Tampoco a aquellos que cuatro semanas antes de la elaboración de los datos no buscan activamente empleo (1,6 millones de personas). Si todo esto se tuviera en cuenta la tasa real de desempleo sería del 11,8 por ciento, casi 20 millones de personas. Y no pasan los días sin que se anuncien nuevos despidos: Chrysler anunció el despido antes de fin de año del 25% de su plantilla; las aerolíneas 36.000 despidos; Wachovia 7.000, GMAC Financial Services 5.000 y el Servicio Postal acaba de anunciar los primeros despidos de su historia.

Hace pocos días Nariman Behravesh, economista jefe de IHS Global Insight, definía la situación en Bloomberg News: "Nos dirigimos hacia una profunda recesión. Borren la palabra suave de su vocabulario. Es grande, mala y generalizada". Según datos oficiales el PIB experimentó este tercer trimestre un crecimiento negativo del 0,3%; el consumo, responsable durante el boom económico de dos tercios de la actividad económica, cayó el mes pasado un 3,1%, (la primera contracción desde 1991 y la mayor desde 1980); los ingresos personales disponibles bajaron un 8,7%, la mayor caída desde 1947. Goldman Sachs acaba de revisar sus perspectivas para el desempleo y el PIB, prevén una contracción económica del 3,5% en el cuarto trimestre y otra del 2% para en el primer trimestre de 2009, lo que situaría la tasa oficial de desempleo en un 8,5% para finales del próximo año. De cumplirse estos pronósticos significaría la caída trimestral más importante desde 1981-82.

¿Y ahora qué?

Todos se hacen la misma pregunta ¿qué hará Obama? ¿Su política satisfará las esperanzas e ilusiones que millones de jóvenes y trabajadores han depositado en él?

Obama llega a la presidencia en medio de la peor crisis económica desde los años treinta que tendrá unos efectos devastadores sobre las vidas de millones de personas. Además recibe la herencia de dos guerras sin solución a la vista y un estado totalmente endeudado, situación agravada con el regalo de 700.000 millones de dólares a la banca y otros 25.000 millones a las tres grandes empresas automovilísticas. No es de extrañar, por tanto, que sólo hayan transcurrido algunos días de este triunfo para que Obama, los principales medios de comunicación de la burguesía y los dirigentes del Partido Demócrata, intentaran enfriar las esperanzas y expectativas levantadas. Dos días antes de las elecciones The London Times recogía las declaraciones de Obama en las que mostraba su preocupación por la euforia y unas esperanzas irreales. En su primer discurso después de conocer la victoria afirmó cosas como: "El camino será largo... Habrá percances y comienzos en falso. Hay muchos que no estarán de acuerdo con cada decisión o política que tome cuando sea presidente. Y sabemos que el gobierno no puede solucionar todos los problemas (...)". Los propios medios de comunicación de la burguesía llenan sus páginas con artículos explicando que no se pueden hacer milagros e, incluso, pidiendo al propio Obama que cuanto antes defraude las ilusiones mejor.

La ausencia histórica de un partido obrero de masas en los EEUU hace que los anhelos y deseos de los trabajadores se expresen de una manera distorsionada a través del Partido Demócrata, un partido de la clase dominante norteamericana. En gran parte es también la responsabilidad de las direcciones sindicales que durante años han sustentado a este partido (por ejemplo han dedico más de 300 millones de dólares a la campaña electoral demócrata). Pero el Partido Demócrata no tiene nada que ver con un partido de izquierdas clásico: si el Partido Republicano es la cara dura y reaccionaria del sistema capitalista, el Partido Demócrata es la otra cara de la moneda, la cara amable que en tiempos de crisis utiliza la clase capitalista para aplicar su política sin que ello implique un riesgo para la supervivencia del capitalismo. Durante décadas ha ocurrido así y no va a cambiar ahora. Una prueba de por dónde van a ir las cosas son los nombramientos decididos por Obama para conformar su equipo de gobierno, comenzando con Rahm Emanuel, representante del sector más derechista del Partido Demócrata que apoyó la guerra de Iraq y cuenta con importantes vínculos con las grandes empresas.

En cualquier caso una cosa está clara: La profundización de la crisis económica no va a permitir a Obama cumplir sus promesas ni satisfacer las necesidades de todos aquellos que han depositado su confianza en él. Se han hecho muchos paralelismos con la llegada de Franklin D. Roosevelt al poder, pero existe una diferencia fundamental: cuando Roosevelt asumió la presidencia en 1933 y aplicó la política del New Deal habían pasado cuatro años desde 1929 y lo peor de la recesión. Las condiciones actuales son completamente diferentes. La economía de EEUU está aplastada por una montaña de deudas y hay una espiral recesiva sin control. Obama podría introducir alguna reforma limitada pero no resolverá el descontento y la furia de millones de personas que lo van a perder todo. The New York Times (5/11/08) informaba que Obama iba a pedir al Congreso "100.000 millones de dólares para obras públicas, extender el subsidio de desempleo, conceder ayudas para pagar las facturas de calefacción este invierno, aumentar los cupones de comida y ayudas a ciudades y estados". También se habla del cierre de Guantánamo, como un gesto al resto del mundo. Pero todo esto es insuficiente ante la magnitud de lo que se avecina.

La burguesía es consciente de la situación que se prepara, no sólo en el plano económico, sino también en el terreno de la lucha de clases. No es casualidad que este verano un alto tribunal prohibiera las huelgas o actividades políticas en el centro de trabajo, sobre todo después de la huelga general que protagonizaron los estibadores el pasado 1 de mayo contra la guerra de Iraq, o un año antes la gran huelga de los inmigrantes. Tampoco es casual que el gobierno decidiera estacionar de manera permanente dentro del país a la 1ª Brigada de Combate de la 3ª División del ejército, una brigada de élite formada por 4.000 soldados que estaba en Iraq y cuyo principal objetivo será ocuparse del "malestar civil", es decir, de las más que probables explosiones sociales y levantamientos que se producirán en el próximo período.

Otro síntoma de la preocupación que embarga a la clase capitalista han sido los constantes llamamientos que Obama realizó a la "unidad nacional" en su discurso ante un millón de personas en Chicago y también del derrotado candidato republicano McCain, cuya alocución tuvo el mismo contenido. Incluso ya se habla abiertamente de que destacados dirigentes republicanos, como Colin Powell, podrían ocupar puestos en el futuro gobierno de Obama. Todo esto indica el profundo temor que existe en el seno de la clase dominante norteamericana a una explosión social que ponga patas arribas toda la estabilidad del régimen.

Millones han depositado su confianza en Obama con la esperanza de un cambio radical en sus vidas y muchos han despertado a la actividad política. Es normal que Obama disfrute de un breve período de luna de miel, pero ya es un síntoma que el Presidente electo comenzara pidiendo cien días de margen y ahora hable de mil días. La escuela del Partido Demócrata será amarga: más pronto que tarde los jóvenes y trabajadores verán que detrás de toda la retórica populista, detrás de todas las promesas de cambio, sólo hay más de lo mismo, depositar el peso de la crisis sobre los hombros de los trabajadores y sectores más desfavorecidos de la sociedad. Las necesidades de las masas no pueden esperar y finalmente tendrán que emprender el camino de la lucha para defender sus derechos y condiciones de vida. Estas elecciones representan un acontecimiento histórico y un punto de inflexión en la lucha de clases de EEUU. La oleada de despertar político y movilización que ha provocado la campaña, la radicalización de los jóvenes y trabajadores, no ha terminado, todo lo contrario, acaba de comenzar y asegura ser profunda y prolongada. En esas circunstancias maduraran las condiciones para levantar una alternativa socialista revolucionaria, con apoyo entre millones de trabajadores y oprimidos, en el corazón de la potencia capitalista más poderosa de la historia.

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