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Después de la repentina y unilateral retirada israelí de Gaza, "casualmente" dos días antes de la ceremonia de toma de posesión del presidente norteamericano, Barack Obama, el país se llenó de un aluvión de propaganda sobre la carnicería provocada por su propia clase dominante. La masacre de Gaza presentada por los medios de comunicación y los políticos como una "gloriosa victoria". ¡Sí, una victoria gloriosa! Uno de los ejércitos más fuertes y mejor equipados del mundo derrotó "gloriosamente" viviendas familiares, jardines de infancia y hospitales. Más de 1.300 civiles fueron "gloriosamente derrotados", entre ellos, el ejército también "derrotó" a 300 niños.

Sin embargo, una vez desaparecido el éxtasis militar y casi tribal, han comenzado a surgir preguntas. Aunque la mayoría de los comentaristas apoyaron las operaciones, cada vez empiezan a preguntar más qué ha ocurrido realmente. Después de todo, Hamás parece más fuerte y más popular que nunca. Sigue disparando cohetes, durante y después de la retirada, su dirección sigue intacta. Por otro lado, Israel es odiado en todo el mundo y los judíos corrientes comienzan a sentir un creciente antisemitismo, alimentado por la masacre de Gaza. Incluso en el fiasco de 2006 en Líbano, Israel consiguió algunos logros como fue la desmilitarización del sur del Líbano. En este caso, la bárbara violencia, aunque ha significado un duro golpe para Hamás, no la ha destruido. En ese sentido no ha conseguido nada, sólo una brutal venganza.

Estos comentaristas tenían razón, que desde el punto de vista puramente de la seguridad no se ha conseguido nada con la masacre, en ese sentido Hamás aún es una fuerza en el terreno. Pero los que iniciaron la masacre no pensaban en esos términos, sino que estaban enviando un mensaje al mundo para decir que Israel es una fuerza seria con la que se debe contar. Al mismo tiempo, pensaban en sus propios intereses políticos inmediatos. Desde esta perspectiva, la masacre fue una victoria que consiguió mejorar la posición en las urnas de los dos candidatos que iniciaron la masacre: Ehud Barak y Tzipy Livny. Antes de la operación, la popularidad de estos dos candidatos estaba en decadencia. Se preveía una victoria arrolladora de su contrincante, Benjamín Netanyahu. Después de la operación militar todo cambió totalmente. El apoyo a Netanyahu cayó, y cada vez más votantes se pasaban al campo de Livny y Barak.

La masacre de Gaza dobló la confusión entre los votantes. Por un lado, barrenaba la campaña dura de Netanyahu, porque de facto adoptaron su misma posición. Mostraron a las masas frustradas que Livny y Brak podían ser tan militaristas como Netanyahu. Por otro lado, dio a los votantes más sofisticados una prueba de lo que pueden realmente conseguir las "soluciones" más duras: nada. Esta confusión, esta situación mediante la cual todos los partidos importantes parecían defender la misma política básica, convirtió lo que antes era una elección decidida hacia Netanyahu en una selección aleatoria entre los candidatos, con muchos votantes que no sabían a quién votar hasta el último momento. El resultado fue casi una contienda entre los dos campos, con una mínima ventaja sobre Netanyahu. Incluso esta leve ventaja se debía a los logros de otros partidos de derechas y no a un desencanto con el partido de Netanyahu.

Desde cualquier perspectiva, no hay una diferencia política fundamental entre los candidatos o sus partidos. No obstante, si nos preguntamos cuál de ellos sería el que más probable provocaría un despertar una oposición de clase en Israel, el primero en la lista es Netanyahu. Éste consiguió con éxito criticar la política del anterior gobierno en muchos terrenos, pero sus soluciones al final son más de lo mismo. Su gobierno proporcionará a las masas sin sombra de duda que ninguno de los partidos burgueses es capaz de resolver ningún problema político o económico.

Debemos comprender que en una situación de declive y desesperanza dentro del viejo orden, y especialmente donde no hay una alternativa socialista clara ni una perspectiva de clase disponible, las masas no siempre directamente emprenden el camino revolucionario. Muchas veces en el pasado hemos visto cómo se las ha enredado en distintos desvíos. Uno de ellos es el populismo.

Debemos añadir otro punto, que el lanzamiento de cohetes de Hamás contra Israel, en lugar de debilitar el sionismo realmente le ha fortalecido. Ha empujado a los trabajadores corrientes israelíes a los brazos de sus explotadores sionistas. También ha dado a la clase sionista una aparente "justificación" para la terrible masacre de Gaza. El sionismo es el enemigo del pueblo palestino y la tarea de los verdaderos revolucionarios es derrotar al sionismo. La forma de hacerlo sólo puede ser con una política de clase, a través del cual la sociedad israelí no permanezca más como un bloque unido por el terror de las masas, sino donde la clase obrera se vuelva contra la clase dominante.

El ascenso del populismo de derechas

En este contexto, una de las fuerzas más reaccionarias que ha avanzado es el partido populista de derechas de Avigdor Lieberman, ‘Yisrael Beiteinu'. Muchos en Israel y también en el mundo árabe están muy preocupados por el creciente fortalecimiento de este partido. Muchos de sus oponentes califican a Lieberman de fascista. Aunque esta etiqueta no exactamente lo refleje verdaderamente, Lieberman en realidad es un racista reaccionario que contemplaría la expulsión masiva de palestinos israelíes, eso muestra el miedo que provoca entre las masas progresistas.

Como la mayoría de las clases de populismo, el apoyo de Lieberman procede de numerosas fuentes, pero la principal son los inmigrantes rusos. Este sector no tiene representación política y Lieberman los atrae por sus orígenes rusos. Estos inmigrantes también se han convertido en nacionalistas debido a la propaganda derechista distorsionada que se presenta en los medios israelíes en lengua rusa, y sobre todo, debido al miedo a los vecinos árabes. Otra fuente importante de apoyo es la denominada "sub-clase", los trabajadores pobres, parados, pequeños comerciantes y los moradores olvidados de las "ciudades de desarrollo" aisladas en Israel. También hay un segmento de sionistas cultos y devotos procedentes de la pequeña burguesía que han llegado a la conclusión de que el sionismo sólo se puede cumplir totalmente mediante la limpieza étnica.

El populismo de Lieberman capitaliza las emociones primarias de miedo y venganza. Los medios de comunicación y los políticos burgueses son responsables de empujar a una capa de las masas hacia Lieberman, como un cordero hacia el matadero. La división histórica de la clase obrera israelí en dos grupos étnicos separados, enfrentados entre sí, forma la infraestructura de la agenda populista de Lieberman. Prometiendo el uso del poder estatal para defender a los "judíos" de la amenaza árabe y castigar la "falta de lealtad" de los árabes israelíes, consigue reunir apoyo de un gran número de "judíos israelíes" aterrorizados.

Pero el populismo de Lieberman, a pesar de sus grandes palabras no ha conseguido nada concreto. En el último gobierno fue el perrito faldero de Olmert. Se sentó obedientemente en un gobierno que prometió evacuar de manera unilateral a los colonos y no hizo nada contra el fortalecimiento de Hamás, todo a cambio de un ministerio artificial, creado sólo para él, con ningún tipo de autoridad. Recientemente comentó que pretendía pedir el ministerio de exteriores, lo que ilustra que esta situación no cambiará en el futuro porque en Israel el ministro de exteriores tiene muy poca influencia política, sobre todo en materia de seguridad, que ha formado el núcleo central del populismo de Lieberman.

Aunque sus poderes aún estarán muy restringidos, tendrá que llevar a cabo algunas reformas y actos peligrosos para calmar a sus seguidores. Estas reformas sólo pueden aumentar más las contradicciones del capitalismo sionista, provocando una explosión inevitable.

El Partido Comunista de Israel

La única oposición real en Israel, más que los partidos árabes sectoriales, es el Partido Comunista de Israel (PCI), que está representado en el parlamento bajo la bandera del Partido Hadash (iniciales de Frente Democrático por la Igualdad y la Paz). Hadash no ha conseguido reproducir a nivel nacional su reciente éxito histórico en las elecciones municipales de Tel Aviv. Consiguió el mismo número de escaños que en las últimas elecciones, unos modestos cuatro escaños entre un total de 120.

La campaña del Hadash apelaba mayoritariamente a los jóvenes con estudios que han estado girando a la izquierda, pero que por ahora no están dispuestos a lanzar totalmente los lazos con el sionismo. Hadash se presentó como un partido "fresco" con un espíritu juvenil y un programa progresista. Fue el único partido (más que los partidos árabes) que se posicionó desde el principio contra la masacre en Gaza.  Pero para muchos jóvenes israelíes no es motivo suficiente para votarle.

Pero en el fondo, sus soluciones no eran diferentes a las que planteaban otros partidos burgueses. Defienden la burguesa "solución de los dos estados", es decir una bantustinización de Palestina. Ha apoyado todos los distintos acuerdos burgueses promovidos por el imperialismo norteamericano desde los Acuerdos de Oslo. Estas soluciones han demostrado ya su fracaso. Apoyar estas supuestas "soluciones" no da ventaja al Hadash frente a los demás partidos. Incluso el "fascista" Lieberman apoya algún tipo de solución basada en dos estados. Además, el Hadash hablaba mucho de justicia económica y social, pero muy poco del poder político y económico potencial de la clase obrera si estuviera unida, y no forzosamente dividida por el estado.

Esto no quiere decir que el partido no atraiga a nuevas capas. Muchos nuevos militantes se han unido al partido. En algunos colegios electorales de Tel Aviv, Haifa e incluso Jerusalén, el Hadash ha duplicado sus votos, incluso cuadruplicado, en comparación con las anteriores elecciones. Claramente la bancarrota de la política sionista está teniendo un efecto sobre una capa más avanzada de la sociedad israelí. La disposición de este sector a votar por un partido no sionista por primera vez se arraiga en una comprensión profunda de que el sionismo y el sistema capitalista que lo ha engendrado, no les lleva en la dirección que desean.

Conclusión

Desde mediados de los años noventa, cada uno de los distintos gobiernos en Israel parecía ser más degenerado y corrupto que el anterior. Los políticos parecen ser más obtusos, más incompetentes y mucho menos preocupados por otra cosa que no sean sus propias carreras personales. Israel bajo su reinado se ha quedado cada vez más aislado, es más odiado y está más desintegrado tanto a nivel regional como internacional. Esto les lleva a basarse cada vez más en el ejército y la violencia como la única manera de consolidarse. Sin embargo, esta solución empuja a Israel al camino de presentarse como una entidad artificial y ajena dentro del conjunto de Oriente Medio. En lugar de integrarse más en la región.

Este sentimiento de aislamiento introduce un sentimiento arrollador de miedo en las masas israelíes y este temor se traduce en más militarismo y más apoyo a los mismos políticos y a sus promesas vacías. Por esa razón, la degeneración del Estado se refleja también en la sociedad. Ciertas capas de la población cada vez están más desesperadas por esta situación.

Pero hay otro aspecto en esta situación. Los cambios dentro del PCI, incluso aunque no se han traducido en más escaños, indican claramente que cada vez más capas en Israel comienzan a mirar más allá del sionismo en busca de soluciones. Considerando la total bancarrota de la política burguesa, será sólo cuestión de tiempo que les sigan las masas. Paradójicamente, en este momento de convergencia ideológica entre todos los partidos burgueses por arriba, Israel está al borde de la división política más profunda de su historia. Por un lado tenemos los seguidores del viejo orden, que se basan cada vez más en el ejército y los que buscan un cambio radical, que sólo pueden basarse en una colaboración inter-étnica de los trabajadores y los estudiantes.

Por ahora Israel está inmerso en una oleada de reacción, el resultado directo del aislamiento del país sin una alternativa verdaderamente de clase. Pero el nuevo gobierno no ofrecerá ninguna solución real a los acuciantes problemas sociales y económicos que sufren las masas. La historia enseña, y el nuevo gobierno demostrará la bancarrota de los políticos burgueses. Los pequeños signos en la izquierda indican que en el futuro se abrirán oportunidades para una verdadera fuerza de izquierdas. A largo plazo, la única solución real está en la unidad de clase por encima de la división étnica, no en la guerra constante entre los pueblos.