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El pasado 14 de marzo, toda la executiva nacional del BNG dimitía y convocaba una asamblea extraordinaria para elegir a una nueva dirección. Los malos resultados electorales del pasado 1 de marzo precipitaron la crisis, que en realidad venía gestándose en el tiempo.
El pasado 14 de marzo, toda la executiva nacional del BNG dimitía y convocaba una asamblea extraordinaria para elegir a una nueva dirección. Los malos resultados electorales del pasado 1 de marzo precipitaron la crisis, que en realidad venía gestándose en el tiempo.

En las pasadas elecciones autonómicas gallegas el BNG perdió más de 40.000 votos. Pero el retroceso viene de largo. En las elecciones autonómicas de 2005 ya había perdido 35.000 votos, y en las de 2001 casi 50.000. En total, entre 1997 y las últimas elecciones, la organización nacionalista perdió 125.000 votos, es decir, casi un tercio de su electorado. Y este fortísimo retroceso es aún más impactante si analizamos las siete ciudades gallegas, que concentran al grueso de la clase trabajadora del país. Ahí el Bloque ha perdido el 50% de sus votantes en estos doce años.

¿Qué ha ocurrido?

El BNG protagonizó un ascenso imparable desde principios de los ochenta hasta mediados de los noventa, pasando de ser una fuerza extraparlamentaria a convertirse en el segundo partido más votado de Galiza, superando al PSOE. Desde entonces, su retroceso electoral ha sido una constante.
El vertiginoso ascenso del Bloque fue el producto de su combatividad, su oposición frontal a la derecha, su actitud no sectaria hacia la base del PSOE, su perfil netamente de izquierdas y, su papel dirigente en las luchas sociales. Hasta hace pocos años, los militantes del Bloque se encontraban a la cabeza de las luchas obreras, estudiantiles, vecinales y en defensa de los derechos democrático-nacionales. Esto provocó que amplísimos sectores de la clase trabajadora y la juventud miraran con entusiasmo a esta organización, lo que terminó por plasmarse también en éxitos electorales.
Y precisamente, en el momento en que el BNG tenía una mayor autoridad entre la izquierda, comenzó su rápido giro a la derecha. El propio Beiras inició esa trasformación: tregua con Fraga, pactos con la derecha vasca y catalana, coqueteo con los empresarios... La propia gestión municipal del BNG en los ayuntamientos que regía, no se diferenciaba demasiado de la del PSdeG, incluyendo privatizaciones de servicios municipales, como en Vigo. El giro a la derecha empezó a tener efecto, casi de inmediato, en el terreno electoral, con una pérdida progresiva de votos.
Pese a esto, la expectativa de entrar en la Xunta aceleró el cambio de rumbo, que era presentado como la forma de ganar a sectores del empresariado y del rural. La entrada  finalmente en la Xunta, en 2005, agudizó hasta el extremo esta tendencia. La dirección del BNG renunció de facto a la movilización en la calle. El Bloque no existió durante las huelgas del metal del 2006, ni en la lucha contra el Plan Bolonia, ni en defensa del tren rexional. En estos cuatro años en los que los trabajadores han protagonizado una oleada huelguística, en ningún momento la dirección del BNG manifestó su apoyo a éstos. La dirección nacionalista llevó acabo una política que sólo benefició a la burguesía gallega: apuesta por la privatización del astillero de Fene y de la Cidade da Cultura, privatización de Servicios que dependían de Vicepresidencia (Quintana)... Incluso las formas heredadas de Fraga no cambiaron sustancialmente. La famosa excursión/mitin-sorpresa de ancianos que organizó el BNG en plena campaña generó un profundo malestar entre la base social y electoral del Bloque.
Como resultado, en todos estos años la dirección nacionalista no logró ganar el apoyo de la burguesía y la pequeña burguesía, pero sí espantó a una parte decisiva del voto obrero y joven que había logrado ganarle al PSOE en los años anteriores.
En el origen del problema está el que la dirección del BNG renunció a luchar por una alternativa socialista al capitalismo. Y aceptar el capitalismo implica en última instancia aceptar toda su lógica interna (concesiones a los empresarios para que "creen empleo", garantizar la paz social...)

Lecturas equivocadas desde la dirección

Comprender esto es clave para poder enmendar los errores. La próxima asamblea extraordinaria es una gran oportunidad para corregir el rumbo del BNG. Pero lamentablemente, la lectura que hacen los sectores mayoritarios de la dirección del Bloque es equivocada.
Anxo Quintana incide en aspectos como la "infravaloración del potencial real del PP como corriente ideológica", la "evolución españolizadora" de la sociedad, o la "crisis económica".
Por su parte, Francisco Rodríguez, dirigente de la UPG, principal partido del BNG, que se reclama comunista, hace una valoración similar y añade el papel determinante que a su juicio tuvo la campaña sucia de La Voz de Galicia.
En estos análisis no se incide en el aspecto clave: que la política de la dirección del BNG no contribuyó en nada a mejorar las condiciones de vida de la clase trabajadora gallega y la juventud. La supuesta fortaleza del PP o la españolización, etc., no hubiesen podido impedir un apoyo masivo al BNG si realmente éste hubiese luchado por mejoras en nuestras condiciones de vida.
La Voz de Galicia, en efecto, llevó a cabo una campaña salvaje contra el BNG, por ejemplo publicando en medio de la campaña una foto antigua de Quintana en el yate del constructor Jacinto Rey. Pero, como dijimos en el número anterior de El Militante, "no es menos cierto que esto no hubiese sido posible si los dirigentes de la Xunta no anduviesen cortejando a los empresarios gallegos".

Rearmar al BNG con el programa del marxismo y el internacionalismo

Galiza está dividida en clases sociales con intereses antagónicos. No es posible contentar simultáneamente a trabajadores y empresarios. Sólo se puede gobernar en beneficio de una de estas dos clases. Por eso, cuando Quintana habla de gobernar para "todos los gallegos" o de pelear por los "intereses de Galiza"  falta a la verdad. Es urgente luchar por un BNG que se coloque inequívocamente del lado de los trabajadores y rompa tajantemente con la burguesía gallega.
El mundo se enfrenta a la mayor recesión desde el año 29. Los efectos de esta crisis van a ser tremendos en los próximos años. Ya empiezan a serlo. En Galiza, el fantasma del paro masivo sobrevuela comarcas enteras, como la viguesa. En el último año, casi mil familias gallegas han sido desahuciadas. Bancos y cajas se han quedado con sus viviendas. Bancos y cajas que, como Caixa Galicia, Caixanova o Banco Pastor han recibido ayudas públicas millonarias. Los trabajadores debemos luchar y organizarnos por encima de fronteras nacionales, en el conjunto del Estado español y a nivel internacional, para hacer frente a esta amenaza y defendernos.
La única alternativa para garantizar una vida digna a millones de trabajadores es la expropiación, sin indemnización, de la gran burguesía y la utilización democrática de esos recursos para satisfacer las necesidades sociales. Este es el programa que necesita el BNG.