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1914: Minas de Hiendelaencina (Guadalajara). 647 firmas contra la guerra de Marruecos PDF Imprimir E-mail
Escrito por Enrique Alejandre   
Lunes, 23 de Noviembre de 2009 05:24

El pasado 9 de julio se cumplieron 100 años del ataque por los rifeños a un grupo de trabajadores  que construían un puente para el ferrocarril minero del Rif, que dio lugar al comienzo de la guerra de Marruecos. Los intereses españoles en las Minas del Rif, desde su descubrimiento a principios del siglo XX, estuvieron en el  centro  de este conflicto  que desde  1909 hasta 1925 enfrentó al ejército colonialista español contra los rifeños. Junto con el  Marqués de Comillas, el Duque de Tovar y el propio rey Alfonso XIII, el Conde de Romanones   era uno de los principales accionistas de la Compañía Española de Minas del Rif, explotadora de los yacimientos. La burguesía española, tras la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas apostaba por la presencia en Marruecos, como una fuente de beneficios económicos, donde además de las explotaciones mineras se ofrecían otros campos de inversión en construcción de ferrocarriles, obras públicas, etc. Por otra parte, razones de prestigio para el mando militar, tras su humillación en la guerra contra EE. UU., le hacia necesitar un nuevo conflicto donde recobrar el honor perdido. A su vez Alfonso XIII ponía su interés en tener contentos a los generales, ya que la recuperación del trono por la dinastía borbónica española en 1874  se había debido a ellos.

La guerra de Marruecos se convirtió en una terrible sangría de hombres y recursos, lo que la hizo tremendamente antipopular, desencadenando una amplia oposición a la misma. La movilización de reservistas en 1909 (muchos de ellos casados), tras las cuantiosas pérdidas militares españolas en los combates del monte Gurugú, decretada por el entonces presidente del gobierno Antonio Maura, suscitó un ola de movilizaciones en todo el país, cuya máxima expresión la constituirían los sucesos revolucionarios de la Semana Trágica de Barcelona, entre el 26 de julio y el 9 de agosto de ese mismo año. Anarquistas, republicanos y socialistas encabezaron la protesta  contra la misma. Una guerra donde "los de siempre", obreros y campesinos, defendían los intereses de unos pocos, pues los que podían se libraban de ir a filas pagando su redención en metálico, unas 1500 pesetas.

En Guadalajara, los trabajadores y la juventud hicieron entonces su aportación a la lucha contra esta guerra. Las Sociedades de panaderos, dependientes de comercio, albañiles, agricultores, carpinteros, obreros en piedra, tipógrafos, pintores decoradores, tejeros, cerrajeros, camareros, cocineros y similares, de la Federación local  de UGT se adhirieron en 1913 a la campaña promovida por el Partido Socialista contra la "carnicería" en Marruecos.  Las Juventudes Socialistas celebraron un mitin en Guadalajara en el verano de ese año, donde todos los oradores se pronunciaron enérgicamente contra la contienda, como igualmente se hacia en una adhesión al mismo de la escritora progresista, afín a las ideas del socialismo, Isabel Muñoz Caravaca, y la de 120 trabajadores del pueblo alcarreño de Sacedón que habían constituido una sociedad obrera.

A principios del pasado siglo, Hiendelaencina era la localidad donde, desde su descubrimiento en 1844,  la explotación de las minas de plata concentraba una de las mayores poblaciones obreras de la provincia, en la que existía una agrupación republicano-socialista. La prensa de Guadalajara publica en 1910 la reseña de un acto que ha celebrado dicha coalición en este pueblo, en el que han intervenido un abogado llamado Quesada y otro orador socialista.

En 1911 se publican en El Socialista un conjunto de notas firmadas por  Indalecio Bravo, secretario de dicha Agrupación, felicitando la labor parlamentaria de Pablo Iglesias.  Para aquél, en otro ejemplar de El Socialista aparece un envío cuantioso de literatura socialista.  De la pluma de Indalecio Bravo se informa en el diario mencionado sobre accidentes en las minas, las condiciones de vida de los trabajadores  y el cierre de la mayor parte de la explotación minera en 1915. Especialmente interesante es esta nota sobre las vicisitudes de la recogida de 647 firmas contra la guerra de Marruecos en enero de 1914 en este pueblo minero, donde nos describe a los personajes y sus reacciones cuando les pide que estampen su rubrica, lo que constituye un interesante testimonio del profundo sentimiento popular que existía contra esta guerra:

Hiendelaencina 27. Sr. D. Mariano García Cortés, director de EL SOCIALISTA.

Estimado  director: Remítole pliegos con 647 firmas. No van con aquella limpieza que hubiéramos deseado, toda vez que han sido sorprendidas en el trabajo y estampadas por manos prácticas.

Me he tomado la molestia de ir casa por casa, y puedo decirle que al llegar á algunas casas y decirles el objeto de mi visita varías mujeres lloraban, aunque estas no tenían hijos ni parientes en África (mil firmas decían cogerían). Puede usted estar orgulloso de esa iniciativa tan laudable. Le aseguro que todos los vecinos están representados.

Es digno de tenerse en cuenta y pueden insertar sus nombres para que sean conocidos en toda España por los obreros, los que en esta se han negado a firmar, dada su cultura y posición. ¡Sólo tres!.

Roque Pascual, cuando se lo anunciaron en la barbería, donde dejó su pliego y me recogieron 20 firmas, personalmente a mí se me negó.

Daniel Bansora, administrador y pagador de la mina La Plata. este me dijo sí firmaba; pero antes de hacerlo tenía que ver la firma de sus jefes; aunque firmó uno, no quise volver a molestarlo.

Y vamos con el tercero: éste fue en su propia casa. Juan Targhetta, capataz facultativo de las minas. Me dijo que no firmaba porque no sabía si era ó no la guerra beneficiosa para España. Contesté que  de ninguna forma son las guerras beneficiosas.

Tal vez espere este hombre, si fracasa como director de una mina que tiene el hermano de Romanones, y de otras que representa en ausencia del director, merecer que el "Sindicato del Diablo Cojuelo"   le coloque en África por su negativa a firmar.

Los médicos, farmacéuticos, maestros y capataces de otras minas de este, en contra de su voluntad, debieron haber firmado. Creedme que si hubiera tenido tres mujeres de rasgo como las verduleras, ó las cigarreras, el domingo, al ir á la iglesia, les hubiera animado para que le hubieran dado un baño en la fuente del pilón.

Todos los concejales y el alcalde han firmado.

Como no dejará de llamarles la atención las firmas que van autorizadas a ruego con mi firma, éstas pertenecen parte a la calle  de Guadalajara y Peñas, donde no encontré más que media docena que supieran firmar. ¡ Cuanto sentían no poder hacerlo!.

Debo manifestar que el ir a las casas es emocionante, y solo, como fui, mas; dos horas que fui acompañado de un compañero fue más llevadero; fíjense en la firma de Bernabé Cortezón que va en la hoja. Es la del señor alcalde de Hiendelaencina; por ella puede juzgarse a la altura  de cultura en que nos encontramos. I. Bravo.7 

1 El SOCIALISTA, 1-8-1913

2 LA PALANCA, 4-10-1910

3 EL SOCIALISTA, 6-1-1911, 13-1-1911, 19-3-1914 y 16-6-1914

4   "            "           , 2-6-1911

5   "            "           , 2-6-1914

6             Velada alusión al conde de Romanones, pues, como es sabido, padecía cojera.

7             EL SOCIALISTA, 29-1-1914 

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