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Tras el fiasco de la reforma sanitaria, Obama ataca la educación pública PDF Imprimir E-mail
Escrito por María Castro   
Lunes, 03 de Mayo de 2010 13:20
En marzo la empresa de encuestas Pew Research Center publicaba un estudio que mostraba la situación de desencanto y frustración que existe entre la población norteamericana. Sólo el 22% de los encuestados confiaba en el gobierno (el índice más bajo en medio siglo), el 56% se sentía frustrado con el gobierno, el 21% furioso y sólo el 19% estaba contento (el nivel más bajo en una década). A sólo año y medio de que Obama llegara a la presidencia, su popularidad ha sufrido una dura caída.
En marzo la empresa de encuestas Pew Research Center publicaba un estudio que mostraba la situación de desencanto y frustración que existe entre la población norteamericana. Sólo el 22% de los encuestados confiaba en el gobierno (el índice más bajo en medio siglo), el 56% se sentía frustrado con el gobierno, el 21% furioso y sólo el 19% estaba contento (el nivel más bajo en una década). A sólo año y medio de que Obama llegara a la presidencia, su popularidad ha sufrido una dura caída.

‘Una aspirina para tratar un cáncer'

Así es como los físicos del National Health Plan calificaban la reforma sanitaria aprobada el 21 de marzo y que muchos han presentado como si se tratara de instaurar un sistema sanitario universal a cargo del Estado, como existe en muchos países europeos. Pero no tiene nada que ver. Hasta ahora existían dos sistemas en EEUU, el Medicare, que cubre el 52% de los gastos sanitarios de los ancianos, y el Medicaid, que es una ayuda para las familias con menos ingresos, madres solteras, niños, etc., actualmente 47 millones de personas dependen de este último programa sanitario. Después estaban los trabajadores cubiertos por el seguro médico pagado por la empresa, un derecho que en estos últimos años han perdido muchos trabajadores, y eso dejaba a 50 millones de personas sin cobertura médica alguna, bien porque no tenían derecho a ninguno de los programas estatales o bien porque no tenían dinero para pagar un seguro privado. El 60% de las bancarrotas individuales corresponden a personas arruinadas por sus facturas médicas.
El contenido básico de la nueva ley sanitaria es que todo ciudadano norteamericano tiene la obligación de contratar un seguro médico, de la misma manera que un propietario de un vehículo tiene la obligación de asegurar su coche, si no será multado. Se calcula que las aseguradoras médicas se embolsarán sólo con las nuevas pólizas 447.000 millones de dólares, no es de extrañar que al día siguiente de aprobarse la ley sus acciones pasarán de 20 a 35 dólares, realmente son las grandes beneficiadas de esta "reforma".  
Las pólizas no tendrán que cubrir el cien por cien de los gastos  sanitarios, sólo costearán el 70%, además aquellos que tengan más poder adquisitivo podrán contratar una póliza con más cobertura y los que ganen menos tendrán que recurrir a pólizas básicas que apenas cubrirán servicios mínimos, con lo que el riesgo de arruinarse por la factura médica o morir por no poder costear el tratamiento ante una enfermedad grave aún existirá. A pesar de esta "reforma" durante los próximos nueve años seguirán sin cobertura sanitaria de ningún tipo 23 millones de personas. La ley prohíbe a los inmigrantes sin papeles (actualmente hay 11 millones de trabajadores sin papeles en EEUU) contratar un seguro médico y los que están legales  no  lo podrán hacer durante un período de cinco años.
La ley obliga a las empresas que tengan más de 50 trabajadores a proporcionar cobertura sanitaria a sus empleados, por supuesto, una parte del gasto correrá a cargo del trabajador. La ley castiga con multas de 2.000 dólares por trabajador a los empresarios que no cumplan la ley, pero si tenemos en cuenta que el coste anual medio de una cobertura familiar supera los 13.000 dólares anuales, al empresario le sale más rentable pagar la multa porque así se ahorraría 11.000 dólares.

Ataque sin precedentes a la educación pública

Pero mientras la "reforma" sanitaria ocupaba las portadas de medio mundo, la administración Obama lanzaba el mayor ataque contra la educación pública norteamericana en décadas. Esta contrarreforma educativa sacó el 4 de marzo decenas de miles de estudiantes, profesores, trabajadores de la enseñanza y de otros sectores a las calles de todo el país en más de cien manifestaciones y en 33 estados. Una movilización que se volvió a repetir el 29 de marzo y que aún no ha terminado.
La aplicación práctica de la ley significa cerrar cientos de centros educativos por todo el país, aquellos que tengan resultados escolares más bajos, es decir, los situados en barrios obreros y pobres que cuentan con menos recursos. En Kansas City, por ejemplo, se anunció el cierre de 29 de las 61 escuelas públicas, en Cleveland 13, en Detroit 45 y la lista continúa a lo largo y ancho del país. Prevé el despido de todo el personal educativo y laboral, que volverá a ser contratado con un nuevo convenio, evidentemente con peores condiciones, y sólo se garantiza que se contratará al 50% de los despedidos. Los despidos ya han comenzado, en California han recibido la notificación 22.000 trabajadores de la enseñanza, 17.000 en Illinois, 15.000 en Nueva York, 8.000 en Michigan, 6.000 en Nueva Jersey, 5.000 en Oklahoma y se espera que la lista se incremente en los próximos meses. La contrarreforma va acompañada de un recorte de 22.000 millones de dólares, según la American Association of School Administrators el 90% de los directores de colegios pueden perder su empleo, un 30% más que el año anterior; según este mismo estudio el 62% de los distritos escolares aumentará el número de alumnos por aula, el 34% estudia eliminar la escuela de verano, el 13% imponer una semana escolar de 4 días, otras medidas que se estudian es cerrar edificios y reducir o suspender el transporte escolar.
Obama ha apoyado públicamente el despido de todo el personal de la facultad de Central High School en Rhode Island, el primer presidente norteamericano que lo hace después de Reagan, defendiendo los despidos como ejemplo de lo que se debería hacer en todo el país para que combatir los "pobres resultados".

Los inmigrantes de nuevo en lucha

El Primero de Mayo de 2006 fue una jornada histórica para EEUU, millones de inmigrantes participaron en una huelga general y manifestaciones para exigir la derogación de las leyes antiinmigración y la regularización de los que no tienen papeles (1 de cada 20). Durante su campaña electoral Obama prometió cumplir esta reivindicación, pero en este terreno tampoco ha hecho nada, es más, las deportaciones han aumentado un 13%. Esa es la razón por la que de nuevo han salido a la calle para exigir que cumpla lo prometido. El 21 de marzo más de 250.000 se manifestaron en Washington, decenas de miles hicieron lo mismo en otras ciudades. La movilización se repetirá el próximo 1º de Mayo, las organizaciones de inmigrantes han convocado junto con los sindicatos y en muchas zonas los estudiantes han anunciado que se manifestarán junto con los inmigrantes, por ejemplo los estudiantes de la Universidad de Nueva York lo anunciaron con el siguiente lema: "Vuestra lucha es nuestra lucha".
La polarización política sigue profundizándose. En marzo se celebró la convención del Tea Party, una organización de extrema derecha, que reunió a unas 5.000 personas en Washington y contó con Sarah Palin (candidata republicana a la vicepresidencia en las últimas elecciones) como estrella invitada, reflejando cómo un sector de la clase dominante y de la pequeña burguesía está girando cada vez más a la derecha. Mientras en Nueva York se celebraba el Foro de la Izquierda, convocado por académicos que en su mayoría se consideran marxistas, este año recibió más de 3.500 inscripciones, la cifra más grande desde que se comenzó a celebrar esta reunión en 1982 y que refleja cómo un sector de jóvenes y trabajadores comienzan a buscar una alternativa.
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