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Hace exactamente dos años Obama conseguía una victoria histórica en las elecciones presidenciales norteamericanas, su campaña electoral movilizó a millones de personas y generó enormes ilusiones de cambio. La magnitud y el significado de la derrota electoral del Partido Demócrata, y de Obama, en las elecciones del 2 de noviembre sólo se pueden entender por la desilusión, la frustración y el desengaño generados por el incumplimiento de todas aquellas promesas. Los republicanos consiguen una mayoría superior a 60 congresistas, la mayor conseguida por cualquiera de los dos partidos desde 1966, cuando estaba en la presidencia Johnson, y fue una consecuencia directa de la guerra de Vietnam. Los demócratas consiguen mantener el senado, aunque pierden seis senadores.
Tea Party, reflejo de la polarización política

El otro aspecto importante en el que han insistido mucho los medios de comunicación es la elección de candidatos del reaccionario Tea Party. Como ya vimos en Europa con figuras como Le Pen en Francia, Haider en Austria o la reciente entrada de la ultraderecha en el parlamento sueco, muchos ya hablan del "giro a la derecha" de la población norteamericana. Pero, resulta significativo que precisamente los tres candidatos al senado más estrechamente identificados con este movimiento ultraderechista (Alaska, Nevada y Delaware) no hayan resultado elegidos, los otros candidatos elegidos por el Tea Party eran candidatos tradicionales del Partido Republicano que o bien se habían presentado con el apoyo del Tea Party o se habían pasado recientemente a este movimiento.
Aunque se intente presentar al Tea Party como un movimiento de masas con una base popular, la realidad es que no es así, sus candidatos consiguieron salir elegidos en las primarias del Partido Republicano con una participación que apenas llegó al 20%, reflejando también la crisis que existe dentro del propio Partido Republicano. Detrás del Tea Party hay grandes intereses económicos, como la cadena de televisión Fox, y grandes empresas que están dedicando ingentes cantidades de dinero para crear un movimiento ideológico que contrarreste el giro a la izquierda que sí se está produciendo en la sociedad norteamericana. El ejemplo de este giro es la última encuesta publicada por Gallup para The Washington Post, en ésta se decía que el 36% de los norteamericanos pensaba que el socialismo era superior al capitalismo, esa proporción ascendía al 43% en la franja de edad entre 18 y 29 años de edad, todo eso a pesar de décadas de Guerra Fría y rabiosa propaganda anticomunista; ese es el verdadero peligro para la burguesía. Una vez más, se constata la enorme polarización social y política de la sociedad norteamericana.

Promesas frustadas y abstención

La clave de la derrota demócrata ha sido la abstención entre aquellos sectores que hace dos años acudieron masivamente a votar ilusionados con lo que representaba la figura de Obama. Respecto a las elecciones de 2008 los republicanos han perdido 11 millones de votos, pero los demócratas han perdido casi 30 millones de votos, es decir, prácticamente la mitad de los votos que hace dos años. La participación ha caído significativamente en los centros industriales, feudos tradicionales demócratas, por ejemplo Detroit, donde ha votado uno de cada cinco electores, o Michigan, donde la participación apenas ha llegado al 45%.
En 2008 uno de los factores de la elección de Obama fue la juventud. Entonces un 18% de los votantes fueron jóvenes entre 18 y 29 años de edad, ahora esta proporción ha caído hasta el 10%; en cambio, un sector claramente conservador, los mayores de 65 años, que en 2008 representaron un 15% de los votos, en estas elecciones ha ascendido al 24%. Este sector ha sido, además, uno de los perjudicados por la "reforma" sanitaria1 de Obama, porque ha significado un recorte económico del Medicare, el programa destinado a la cobertura sanitaria de los jubilados, por lo que ha sido un sector especialmente receptivo a toda la propaganda reaccionaria republicana y del Tea Party. Según los datos preliminares, el voto conservador ha representado el 41% de los votantes, frente al 34% de 2008 y el 32% de las legislativas de 2006, sería la mayor proporción de voto conservador desde las elecciones de 1972.
Obama llegó al poder prometiendo reducir la pobreza y la desigualdad, más empleo y acabar con la guerra de Iraq. Pero dos años después 35 millones de personas están parados o subempleados, 44 millones viven bajo el umbral de pobreza, EEUU no sólo no ha salido de Iraq sino que ha enviado más soldados a Afganistán,  prometió sanidad universal y lo que ha hecho es una "reforma sanitaria" que favorece a las grandes aseguradoras privadas, ha intensificado los ataques a los derechos democráticos con la excusa de la "guerra contra el terrorismo", ha regalado miles de millones de dólares a los bancos y grandes empresas en planes de rescate mientras aplica recortes salvajes en la educación pública, y su última medida, justo una semana antes de las elecciones, fue negarse a aprobar una moratoria para los desahucios.
Si quedaba alguna duda de a qué intereses representa Obama, ha quedado despejada en su discurso después de las elecciones cuando en lugar de ofrecer un cambio de rumbo y gobernar para todos aquellos que le eligieron hace dos años, lo que hizo fue una oferta a los republicanos para colaborar en cuestiones como la reforma sanitaria (a la que se oponen), o dejó muy claro de qué lado está: "Tengo que dejar absolutamente claro que la única manera en que EEUU triunfe es que las empresas tengan éxito". Estas elecciones marcan un antes y un después no sólo para los demócratas y Obama, sino también para los jóvenes y trabajadores norteamericanos, cada vez más conscientes de que este sistema no sirve y de la necesidad de tener su propio partido de clase independiente.

1. Ver en www.elmilitante.net: La reforma sanitaria de Obama: mucho ruido y pocas nueces.