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Movilización popular en Marruecos y Argelia PDF Imprimir E-mail
Escrito por Yassin Ben Salem y Antonio G¬™ Sinde   
Martes, 08 de Marzo de 2011 01:00

La oleada revolucionaria que recorre el mundo √°rabe no ha dejado al margen a Marruecos y Argelia. Desde el primer momento, los j√≥venes y trabajadores de ambos pa√≠ses han dado pasos firmes en el camino que, antes o despu√©s, les llevar√° a fundirse con el levantamiento general que ya ha sacudido los reg√≠menes dictatoriales de T√ļnez y Egipto. Es tan fuerte el terror de las burgues√≠as marroqu√≠ y argelina a que se extienda a sus pa√≠ses este movimiento hist√≥rico de los trabajadores y los j√≥venes √°rabes, que ambos reg√≠menes se han apresurado a tomar medidas para intentar amortiguar el movimiento.

Manifestaciones en Argelia a pesar de su prohibición

Despu√©s de la revuelta de 5 de enero, en Argelia naci√≥ una Coordinadora Nacional para el Cambio y la Democracia, que re√ļne a treinta asociaciones pertenecientes a diversas corrientes, como la Liga Argelina para la Defensa de los Derechos Humanos, sindicalistas disidentes-UGTA, Central Sindical Nacional y las asociaciones de desempleados.
Argelia re√ļne casi todos los factores que deben hacer de ella una de las siguientes fichas en el domin√≥ de la revuelta √°rabe: el desempleo juvenil, la falta de oportunidades, la corrupci√≥n y el clientelismo, la implicaci√≥n del ej√©rcito argelino con las mafias del contrabando de armas y tr√°fico de inmigrantes en el sur del pa√≠s. Los argelinos, al igual de los tunecinos, sienten que viven en un pa√≠s confiscado por una camarilla arrogante y depredadora.
En este contexto, el gobierno argelino, ante el miedo de un explosi√≥n social, anunci√≥ el 24 de febrero el levantamiento del estado de excepci√≥n vigente en los √ļltimos 19 a√Īos, una medida que dio cobertura legal a todo tipo de acciones represivas contra la poblaci√≥n, y muy especialmente contra los habitantes de la Kabilia. No obstante, el gobierno ha mantenido la prohibici√≥n de las manifestaciones en las calles de Argel, una medida adoptada en 2001 despu√©s de una manifestaci√≥n sangrienta de kabile√Īos. El fin del estado de excepci√≥n se suma a las medidas adoptadas el 8 de enero para contener los precios de los productos b√°sicos, que hab√≠an experimentado una fuerte subida en los √ļltimos meses de 2010. Alimentos como el aceite, el az√ļcar o la harina, m√°s que duplicaron su precio en apenas unos meses. Estas subidas, que ponen a millones de familias al l√≠mite de la subsistencia, unidas a los altos √≠ndices de desempleo (el 25%, seg√ļn datos de los sindicatos, que se eleva al 55% entre los j√≥venes) fueron el origen de una serie de movilizaciones y levantamientos populares durante los primeros d√≠as del a√Īo, duramente reprimidos por la polic√≠a argelina, con un saldo de varios manifestantes muertos.

El Gobierno marroquí maniobra para tratar de contener las protestas

Tambi√©n el gobierno marroqu√≠ ha seguido el mismo camino de anticipar concesiones antes de que la movilizaci√≥n popular se las arranque mediante la lucha en la calle. A mediados de febrero, el gobierno aprob√≥ una dotaci√≥n de m√°s de 1.300 millones de euros para ampliar los fondos de la Caja de Compensaci√≥n, el organismo que regula los precios de los productos de consumo b√°sicos. Con este incremento, el gobierno marroqu√≠ dedicar√° nada menos que 3.000 millones de euros (algo m√°s del 4% del PIB marroqu√≠) para contener las subidas de precios y evitar que el malestar social acumulado durante a√Īos estalle s√ļbitamente, como ya ha ocurrido en numerosas ocasiones en Marruecos, y ponga en riesgo la supervivencia del r√©gimen.
Pero todas estas concesiones desesperadas no est√°n frenando la aspiraci√≥n de los pueblos del Magreb de deshacerse para siempre de los reg√≠menes que, con el pleno apoyo del imperialismo europeo y norteamericano, les han oprimido durante d√©cadas. As√≠, las movilizaciones han continuado en Argelia, con la masiva manifestaci√≥n del 29 de enero en la ciudad kabile√Īa de Bejaia, y las del 12 y 19 de febrero en Argel, todas ellas reivindicando abiertamente el fin del r√©gimen.
En Marruecos, las numerosas manifestaciones que se produjeron desde el inicio de a√Īo en apoyo de las revoluciones tunecina y egipcia, y en protesta por las p√©simas condiciones de vida, culminaron en la convocatoria de un D√≠a de la Ira el pasado 20 de febrero, en el que participaron miles de trabajadores y j√≥venes. El impulso de esta convocatoria se extendi√≥ como una mancha de aceite por numerosas ciudades, donde los d√≠as siguientes trabajadores y j√≥venes protestaron con energ√≠a contra el r√©gimen corrupto de Mohammed VI. En T√°nger, Alhucemas, Larache, Chefchaouen, Sefrou, y en otras muchas localidades, la polic√≠a reprimi√≥ con enorme brutalidad a los manifestantes, demostrando el nulo valor de las promesas de reforma pol√≠tica formuladas por el rey.
Una red de asociaciones y de j√≥venes marroqu√≠es anunciaron el mi√©rcoles 23 de febrero la continuidad de ‚Äúla movilizaciones por las reivindicaciones pol√≠ticas y sociales urgentes‚ÄĚ, pero no fijaron una fecha para otras manifestaciones.
La valentía y decisión de los manifestantes marroquíes y argelinos no se ve correspondida, por el momento, por las direcciones de los partidos de izquierda tradicionales y sindicatos mayoritarios de ambos países, que, aunque apoyan y convocan las protestas, no se deciden a lanzar una ofensiva general para echar abajo el régimen opresor y el sistema social que lo sustenta. Una vez más, la situación del Magreb pone de relieve la urgente necesidad de que el movimiento obrero cuente con una sólida organización marxista capaz de dotarle de una perspectiva y una estrategia que conduzca la revolución a la victoria.

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