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¬°Las masas revolucionarias libias y √°rabes son las √ļnicas que pueden acabar con r√©gimen de Gadafi y la opresi√≥n imperialista! PDF Imprimir E-mail
Escrito por Declaraci√≥n de la Corriente Marxista Revolucionaria (Internacional)   
Martes, 22 de Marzo de 2011 01:00

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¬°Fuera la OTAN y el imperialismo de Libia!

El pasado 17 de marzo Naciones Unidas aprob√≥ una resoluci√≥n para imponer una zona de exclusi√≥n a√©rea sobre Libia, con el fin ‚ÄĒseg√ļn declara la misma‚ÄĒ de hacer frente a la ‚Äúviolaci√≥n de los derechos humanos‚ÄĚ por parte del r√©gimen de Gadafi. Desde el pasado fin de semana las fuerzas armadas del imperialismo occidental han desencadenado un vasto operativo militar, a trav√©s de constantes bombardeos por aire y mar, contra el ej√©rcito de Gadafi y sus defensas a√©reas y terrestres en Tr√≠poli y otras ciudades del pa√≠s. La operaci√≥n militar est√° comandada por los EEUU, Francia y Gran Breta√Īa, pero en ella intervienen otros pa√≠ses ‚Äúaliados‚ÄĚ como Italia y el Estado espa√Īol.

Las cínicas mentiras del imperialismo. La ONU instrumento de las grandes potencias

Al igual que en anteriores intervenciones y con el fin de justificar la acci√≥n militar del imperialismo ante la clase trabajadora y las masas de todo el mundo ‚ÄĒy especialmente de sus propios pa√≠ses‚ÄĒ, los gobiernos de EEUU y de los pa√≠ses de Europa implicados han recurrido a las mentiras, las manipulaciones y la m√°s burda demagogia. Durante la invasi√≥n de Iraq, la excusa repetida hasta la saciedad para justificar la invasi√≥n militar y la posterior ocupaci√≥n fue la de la presencia de armas de destrucci√≥n masiva. En el caso de Libia, el pretexto planteado por los imperialistas es la supuesta ‚Äúprotecci√≥n‚ÄĚ de la poblaci√≥n de Bengasi para salvarla de un ‚Äúba√Īo de sangre‚ÄĚ. Tambi√©n se ha esgrimido la intenci√≥n de la mal llamada ‚Äúcomunidad internacional‚ÄĚ de intentar evitar una guerra civil. Cualquier joven o trabajador ante esta propaganda imperialista, apoyada vergonzosamente por los dirigentes socialdem√≥cratas y sindicales en Europa, debe hacerse las siguientes preguntas para poder ver los motivos reales que hay tras la intervenci√≥n en Libia. ¬ŅD√≥nde  y cu√°ndo el imperialismo norteamericano, franc√©s o brit√°nico con la anuencia del resto de potencias, ha intervenido militarmente para salvaguardar la vida de civiles o con fines humanitarios? ¬ŅPor qu√© intervienen en Libia y en cambio respaldan la represi√≥n salvaje del r√©gimen de Yemen o de Bahrein contra las masas revolucionarias? ¬ŅPor qu√© quieren eliminar ahora a Gadafi, cuando √©ste dictador sanguinario, como en su momento ocurri√≥ con Sadam Hussein, ha sido durante a√Īos un aliado mimado por las potencias imperialistas y de las grandes multinacionales occidentales del gas y del petr√≥leo? ¬ŅPor qu√© intervienen militarmente justo en el momento en que la ofensiva militar de los mercenarios y tropas de elite de Gadafi hab√≠an llevado a las masas libias insurrectas a una situaci√≥n desesperada?

gadafi_obamaEl imperialismo occidental ha puesto en marcha su maquinaria propagandista para manipular el sano sentimiento de las masas, tanto fuera como dentro de las fronteras de Libia, con un √ļnico fin: ocultar sus responsabilidades en el sostenimiento de todo tipo de reg√≠menes reaccionarios y dictaduras en el mundo √°rabe, mantener los beneficios de las multinacionales a las que obedecen los gobiernos que comandan la pol√≠tica imperialista y asegurar sus intereses econ√≥micos, estrat√©gicos, de prestigio e influencia. Y junto a estas razones realizar una demostraci√≥n de fuerza para intimidar a las masas √°rabes que est√°n protagonizando una maravillosa revoluci√≥n contra reg√≠menes tir√°nicos sostenidos por esos mismos imperialistas. No se trata de defender los ‚Äúderechos humanos‚ÄĚ, como creen algunos, sino de asegurarse el control sobre un pa√≠s y una zona estrat√©gica.  El balance de las intervenciones norteamericanas y del resto de potencias en Yugoslavia o las invasiones en Afganist√°n o Iraq, responde √ļnicamente al objetivo de preservar sus intereses econ√≥micos y pol√≠ticos, no a la defensa de la poblaci√≥n. El resultado de estas intervenciones ha significado una pesadilla para los pueblos, que han sido v√≠ctimas de matanzas, pillajes y robo indiscriminado bajo el paraguas de la llamada ‚Äúlegalidad internacional‚ÄĚ.

La primera guerra de Iraq, en 1992, tuvo como fin, seg√ļn la propaganda imperialista, restablecer la democracia de Kuwait. Con eso justificaron la intervenci√≥n. Casi 20 a√Īos despu√©s en el Golfo P√©rsico siguen existiendo  monarqu√≠as desp√≥ticas (como la del propio Kuwait, Arabia Saud√≠, Bahrein...), donde la poblaci√≥n carece de cualquier derecho democr√°tico. En Yugoslavia la excusa para la intervenci√≥n y el bombardeo fue ‚Äúsalvar al pueblo kosovar de la agresi√≥n serbia‚ÄĚ. 20 a√Īos despu√©s se descubre como la intervenci√≥n sobre Yugoslavia no evit√≥ sangrientas ‚Äúlimpiezas‚ÄĚ √©tnicas por parte de las partes en conflicto, pero si permiti√≥ al imperialismo occidental destruir la Federaci√≥n Yugoslava y crear Estados sat√©lites en Croacia o Kosovo, adem√°s de imponer un programa de privatizaciones y apertura de toda la zona al control de las multinacionales occidentales.  Los m√°s de 100.000 muertos reconocidos como resultado de la ocupaci√≥n de Iraq por las tropas estadounidenses y brit√°nicas tras la segunda intervenci√≥n imperialista en 2003, son muestra inequ√≠voca de una barbarie que a√ļn no ha terminado en este pa√≠s. Bush, Blair y Aznar manipularon y mintieron descaradamente para justificar su guerra de rapi√Īa, buscando armas de destrucci√≥n masiva que jam√°s existieron.

libia_bengaziPor todo ello es evidente que el imperialismo, es decir, la pol√≠tica de las grandes potencias al servicio de los grandes monopolios y el capital financiero, utiliza la excusa de la ‚Äúintervenci√≥n humanitaria‚ÄĚ como un paraguas para su pol√≠tica de saqueo y dominaci√≥n en la zona, tal y como lo han hecho otras veces. En el caso de Libia la intervenci√≥n aprobada por la ONU tiene el mismo fin. Y el hecho de que haya sido aprobada una resoluci√≥n en el Consejo de Seguridad no cambia un √°pice la naturaleza imperialista de la agresi√≥n. Por eso, los trabajadores y la juventud de todo el mundo no debemos tener ninguna confianza en la ONU, un organismo al servicio de los intereses estrat√©gicos de las grandes potencias que nunca ha movido un dedo para frenar la pol√≠tica represiva de aquellos gobiernos que han sido aliados de los imperialistas occidentales, como en el caso de Israel. Las matanzas sistem√°ticas de las que ha sido v√≠ctima el pueblo de Palestina jam√°s han motivado ninguna intervenci√≥n militar de las potencias ‚Äúdemocr√°ticas‚ÄĚ para salvaguardar los derechos humanos de los palestinos, constantemente pisoteados por el gobierno sionista. Lo mismo se puede decir cuando se produjo el golpe militar en Chile en 1973, que llev√≥ al poder al general Pinochet, o en el caso de Argentina en marzo de 1976. Estos reg√≠menes, igual que muchos otros en Latinoam√©rica, asesinaron a decenas de miles de trabajadores, sindicalistas y j√≥venes activistas de izquierda, pero siguieron conservando su asiento en la ONU y no se propuso ninguna intervenci√≥n militar para salvaguardar los ‚Äúderechos humanos‚ÄĚ de la poblaci√≥n. Y la raz√≥n es obvia: a pesar de que eran dictaduras sangrientas, eran dictaduras aliadas de las potencias occidentales y hab√≠an servido para cortar el avance de la revoluci√≥n socialista en Am√©rica Latina.

El papel del Consejo Nacional libio de Bengasi y sus relaciones con el imperialismo

Como hemos se√Īalado en anteriores declaraciones, el r√©gimen de Gadafi ha sido un fiel aliado del imperialismo occidental y de las grandes multinacionales del petr√≥leo. Su pol√≠tica de privatizaciones ha recibido los parabienes del FMI, y el dictador era agasajado con todos los honores en las capitales europeas. Los EEUU y muchos gobiernos de la UE no dudaron en hacer lucrativos negocios con el r√©gimen. Considerar a la dictadura de Gadafi como un gobierno revolucionario o antiimperialista entra en contradicci√≥n total con los hechos.

Tras el estallido de la revoluci√≥n en T√ļnez y en Egipto, la decisi√≥n de las masas de llevar la lucha hasta el final provoc√≥ la ca√≠da de las odiadas dictaduras de Ben Al√≠ y de Hosni Mubarak. Ambas dictaduras fueron sostenidas, financiadas y armadas por el imperialismo occidental. Para aquellos que todav√≠a sostienen que Gadafi es un revolucionario o un antiimperialista, hay que recordarles que el s√°trapa libio apoy√≥ hasta el √ļltimo momento a los dictadores de T√ļnez y Egipto, y fue una de la voces m√°s vehementes en este respaldo‚Ķ junto al gobierno sionista de Israel. La revoluci√≥n √°rabe no se limit√≥ a las fronteras de T√ļnez o Egipto, se extendi√≥ como un incendio a toda la regi√≥n: Yemen, Bahrein, y Libia. Ahora tambi√©n sacude a Marruecos, Siria y las corruptas monarqu√≠as del golfo. Pero en Libia, el movimiento revolucionario de las masas lleg√≥ m√°s lejos que en otras partes. La insurrecci√≥n popular en Bengasi, Tobruk y otras ciudades, provoc√≥ la ruptura del aparato del Estado en su parte m√°s sensible: el ej√©rcito. Cientos de soldados y mandos militares se sumaron a la insurrecci√≥n, que r√°pidamente se dot√≥ de comit√©s populares para organizar la vida cotidiana de las ciudades liberadas, y crear milicias armadas para combatir a las fuerzas de la dictadura. Como atestiguan numerosos observadores internacionales antiimperialistas, la revoluci√≥n ten√≠a un car√°cter popular, no ten√≠a nada que ver con Al Qaeda como intentaba plantear Gadafi, y respond√≠a  a un profundo sentimiento de liberaci√≥n entre la masas contra una dictadura reaccionaria y sangrienta que hab√≠a eliminado los derechos democr√°ticos m√°s b√°sicos de la poblaci√≥n.

libia_masacreLas masas insurrectas de Libia dieron un ejemplo de audacia y valent√≠a, combatiendo con pocos recursos a unas fuerzas militares integradas por regimientos profesionales y mercenarios. Pero como muchas veces ocurre en las revoluciones, una cosa es la honestidad, el arrojo y la capacidad de sacrificio, y otra es la necesidad de dotar a la revoluci√≥n y sus organismos de un programa y una estrategia para la victoria. Ese programa s√≥lo puede provenir de una firme orientaci√≥n socialista y revolucionaria, que plantee con claridad la vinculaci√≥n de las aspiraciones democr√°ticas de la poblaci√≥n ‚ÄĒlibertad de expresi√≥n, de reuni√≥n, de organizaci√≥n de partidos y sindicatos, depuraci√≥n del aparato estatal de la dictadura‚Ķ‚ÄĒ a la satisfacci√≥n de sus necesidades materiales: empleo, viviendas, educaci√≥n y sanidad p√ļblica dignas, buenos salarios, lo que implica la lucha por expropiar las riquezas de la camarilla gobernante y de las potencias imperialistas implicadas en la explotaci√≥n del petr√≥leo y del gas. Es decir, un programa por la revoluci√≥n socialista que adem√°s debe tener como eje un llamamiento a la solidaridad revolucionaria de las masas √°rabes para defender la insurrecci√≥n y completar con √©xito el derrocamiento de la dictadura.

Lamentablemente, a pesar de la voluntad revolucionaria de las masas libias, la dirección del movimiento no ha tenido esta perspectiva. Al igual que en otras revoluciones populares de la historia, la dirección de los rebeldes, en particular el Consejo Provisional instalado en Bengasi, capital de la insurrección, se ha llenado de arribistas, desertores de la dictadura que tienen sus propios objetivos e intereses y que han oscilado hacia las potencias imperialistas. En lugar de plantear el combate militar como una guerra revolucionaria de liberación social, insistiendo en la solidaridad internacionalista de las masas de otros países en revolución, han puesto toda su confianza en una intervención imperialista, un juego muy peligroso que puede convertirse en el estrangulamiento de la propia revolución.

El imperialismo se ha hecho eco de estos elementos en el seno del movimiento revolucionario en Libia, los antiguos  ministros de exteriores y de interior del r√©gimen de Gadafi, entre otros funcionarios del Estado, para justificar su intervenci√≥n.  Estos sujetos que hicieron su carrera y beneficios a la sombra de Gadafi durante a√Īos y participaron activamente en la represi√≥n y saqueo del pueblo libio junto a la familia Gadafi, decidieron abandonarla a su suerte cuando la insurrecci√≥n parec√≠a que, al igual que en T√ļnez  y Egipto, hab√≠a sentenciado el futuro del dictador.  Y se pusieron al frente del Comit√© Nacional libio en Bengasi, autoproclam√°ndose los l√≠deres de la oposici√≥n a Gadafi.

El que elementos del antiguo r√©gimen se pongan al frente de las masas al inicio de una revoluci√≥n es un fen√≥meno que se ha repetido a la largo de la historia. Las masas revolucionarias, euf√≥ricas tras las primeras victorias, liberadas del yugo que las oprim√≠a durante d√©cadas, permitieron, en no pocas ocasiones, que elementos burgueses, proimperialistas, que en definitiva quieren volver la revoluci√≥n hacia atr√°s  y darle un cauce procapitalista se pusieron al frente del movimiento. La revoluci√≥n rusa de 1917 condujo a la toma del poder por parte del proletariado con el partido bolchevique  pero al comienzo de la misma se estableci√≥ un  gobierno de coalici√≥n  burgu√©s  y reformista,   con un terrateniente mon√°rquico al frente, el pr√≠ncipe Lyov, que hab√≠a saltado al lado revolucionario  poco tiempo antes de la ca√≠da del zar.  El mismo gobierno ten√≠a como ministro de asuntos exteriores al jefe de la patronal rusa, Miliukov, que al mismo tiempo era vocero de la burgues√≠a francesa y brit√°nica. El proletariado y los campesinos rusos tuvieron que pasar por una dur√≠sima experiencia para deshacerse de esta lacra y  de los dirigentes reformistas que sosten√≠an ese gobierno.  No fue sino con la ayuda y direcci√≥n del partido bolchevique como los soviets se hicieron con el poder a trav√©s de una pol√≠tica revolucionaria, y derrotaron a los elementos pro capitalistas e imperialistas que, de haberse perpetuado, hubiera llevado la misma a la derrota y a un ba√Īo de sangre de los obreros y campesinos. El ejemplo de la revoluci√≥n rusa es trasladable a la gran mayor√≠a de las revoluciones.

Como explic√°bamos los marxistas en anteriores materiales, mientras el sentimiento mayoritario de las masas que protagonizaban la revoluci√≥n en Bengasi y el resto de ciudades de Libia era de oposici√≥n a cualquier intervenci√≥n imperialista (como muestran los videos publicados en webs antiimperialistas como The Real News y numerosos testimonios recogidos en la prensa), este sector burgu√©s que, ante la ausencia de una organizaci√≥n revolucionaria al frente del movimiento de las masas, se ha hecho con la direcci√≥n efectiva de los comit√©s que por doquier surgieron en la revoluci√≥n libia, desde un comienzo se caracteriz√≥ por todo lo contrario. Como no pod√≠a ser de otra manera dado su car√°cter burgu√©s, esta direcci√≥n puso toda la fe en el apoyo del imperialismo europeo y norteamericano. Estos dirigentes desconf√≠an de la capacidad revolucionaria de las masas  para vencer a Gadafi y en el fondo tem√≠an a √©stas profundamente, no sin raz√≥n ya que las masas tend√≠an a superarles y tomar el poder en sus propias manos. Para frenar el √≠mpetu revolucionario y mantener el movimiento dentro de los l√≠mites que consideraban aceptables, estos dirigentes maniobraron en connivencia con el imperialismo para tratar de desviar el movimiento de las masas revolucionarias. Con horror los voceros del imperialismo se√Īalaban que Libia ca√≠a en la anarqu√≠a por carecer de Estado, polic√≠a, jueces, etc. Sin embargo, en las ciudades que gobernaron los comit√©s revolucionarios no se vio ning√ļn caos, al contrario, lo que predominaba era el esp√≠ritu de solidaridad fraternal entre la poblaci√≥n y la toma de decisiones para organizar la vida cotidiana de una forma directa a trav√©s de la participaci√≥n popular. Lo que tem√≠a el imperialismo, los ex socios de Gadafi, es precisamente al nuevo orden revolucionario que no pod√≠an controlar. Ten√≠an que ver el modo de minar la confianza de las masas en sus propias fuerzas y poder introducir  en su seno la idea ‚ÄĒhasta entonces rechazada por √©stas‚ÄĒ de la necesidad de que el imperialismo interviniera. Como hemos dicho, el sano instinto de las masas populares y de los trabajadores era de oposici√≥n a cualquier tipo de intervenci√≥n extranjera, como se revel√≥ en numerosos medios de comunicaci√≥n independientes. Sin embargo, ya desde las primeras horas en las que el r√©gimen estaba colgando de un hilo, los dirigentes proimperialistas  del consejo nacional libio introdujeron  varias ideas perniciosas para la revoluci√≥n: 1) no somos suficientemente fuertes para vencer por nosotros mismos a Gadafi debido a que controla la fuerza a√©rea. 2) No queremos la intervenci√≥n extranjera, pero podemos ganar si la OTAN o la ONU intervienen con una zona de exclusi√≥n a√©rea.

El programa militar para la victoria de la revolución

libiaprotestas5Es evidente que √©ste modo de plantear la cuesti√≥n de la lucha contra Gadafi introdujo un elemento de par√°lisis y, una cuesti√≥n vital en la revoluci√≥n, rest√≥ confianza en sus propias fuerzas a las masas, de cara a acometer el asalto final contra la dictadura. Esto dio un tiempo vital al r√©gimen de Gadafi y a los propios  imperialistas, hasta entonces paralizados y sorprendidos por el ascenso del movimiento revolucionario, para recuperar la iniciativa. Si bien el ej√©rcito y la polic√≠a se hab√≠an descompuesto, fruto de la acci√≥n revolucionaria de las masas, Gadafi y su familia ten√≠an a√ļn una guardia pretoriana de regimientos de elite y de mercenarios con los que pudo controlar Tr√≠poli temporalmente y retomar la ofensiva contra las ciudades revolucionarias. De hecho, Al Jazira inform√≥ que ‚Äúla empresa israel√≠ Global CST, ha enviado hasta ahora 20 mil mercenarios a Libia, a fin de reprimir las revueltas populares. De acuerdo a dicho informe los representantes de esta empresa mantuvieron un encuentro con el titular de Inteligencia Interior de Libia, Abdullah Sanusi, y los detalles del tratado han sido confirmados. Se dice que Gadafi paga diariamente por cada uno de los mercenarios 2 mil d√≥lares, de lo cual cada uno recibe s√≥lo 100 d√≥lares y el resto se reparte la empresa israel√≠ y los jefes de las tribus abastecedores de estas fuerzas.‚ÄĚ (www.elciudadano.cl/2011/03/02). Conforme la ofensiva de Gadafi fue ganando terreno, jefes militares que hab√≠an permanecido al margen esperando ver como se dilucidaba la lucha, se volvieron a posicionar con Gadafi.

Danton, jefe militar de la revoluci√≥n francesa, acu√Ī√≥ como consiga el lema: ‚Äúaudacia, audacia  y mas audacia‚ÄĚ. Esto no era una frase hecha, vac√≠a, sino una cuesti√≥n vital para la supervivencia y victoria de cualquier insurrecci√≥n. La revoluci√≥n, y particularmente la insurrecci√≥n de masas, s√≥lo puede vencer si avanza sin tregua conquistando cada posici√≥n y derribando todos los obst√°culos: si no lo hace todo el edificio creado por ella amenaza con derrumbarse. Y eso es lo que ha sucedido en la revoluci√≥n libia. Esto ha sido consecuencia de la ausencia de un partido revolucionario que diera una orientaci√≥n clasista e internacionalista a la guerra librada contra las fuerzas armadas de la dictadura, empezando por la urgencia de la ofensiva militar. Que llamar√° a la poblaci√≥n a la m√°s absoluta desconfianza hacia los nuevos dirigentes del consejo nacional libio, combatiendo desde el principio la idea de la exclusi√≥n a√©rea, una trampa que dejaba a los imperialistas el terreno despejado para sus maniobras, e infundiera entre las masas el esp√≠ritu de que la √ļnica victoria posible pasaba por la toma inmediata de Tr√≠poli. Y junto a todo esto, llamar a la solidaridad internacionalista de la poblaci√≥n √°rabe de todos los pa√≠ses de la zona, a la organizaci√≥n de huelgas de solidaridad, boicots econ√≥micos al r√©gimen de Gadafi, y a la ayuda militar de los trabajadores y j√≥venes con voluntarios para combatir. El programa militar de la revoluci√≥n es fundamental, por eso la actividad del ej√©rcito insurrecto deb√≠a dirigirse con acciones concretas decididas a demostrar a la poblaci√≥n, de dentro y de fuera de Libia, que el objetivo era la liberaci√≥n social para barrer el dominio de la familia Gadafi, del resto la burgues√≠a libia y a las multinacionmales imperialistas que llevan a√Īos saqueando juntos el pa√≠s, es decir: terminar con el capitalismo luchando por la transformaci√≥n socialista de la sociedad. Al no hacer esto le dio la oportunidad a Gadafi de lanzar una contraofensiva y a los imperialistas de poner en marcha una nueva estrategia para intentar mantener el control del pa√≠s.

La ausencia de una organizaci√≥n revolucionaria que unificara las diferentes milicias con este programa, hizo que el lado fuerte de las mismas, que es el entusiasmo, la espontaneidad y el esp√≠ritu de sacrificio, ante el ataque de fuerzas menores en n√ļmero pero mejor preparadas y dispuestas a cualquier atrocidad, como eran los mercenarios de Gadafi, pusieran de manifiesto su lado d√©bil, su deficiente entrenamiento militar, su dispersi√≥n. Como se√Īalamos en la declaraci√≥n de la CMR, Revoluci√≥n y contrarrevoluci√≥n en Libia: ‚ÄúLas masas, inquietas, intentan salvar su revoluci√≥n con las pocas armas a su alcance y un inmenso coraje y voluntad de resistir hasta el final pero carecen de un partido revolucionario que les d√© direcci√≥n, que organice la lucha militar y al mismo tiempo proponga un programa y una estrategia para completar y consolidar la revoluci√≥n. Ese es el factor decisivo que puede acabar condicionando el futuro de la revoluci√≥n.

Como ha explicado muchas veces el marxismo, la contrarrevoluci√≥n para lanzarse al ataque no necesita tener m√°s apoyo social que la revoluci√≥n. De hecho, siempre que han conseguido derrotar a la revoluci√≥n lo han hecho no por ser m√°s sino por la ausencia de direcci√≥n al frente de las filas revolucionarias o por los errores cometidos por esa direcci√≥n al no aprovechar la oportunidad de noquear definitivamente a la reacci√≥n y permitir a √©sta conservar aunque s√≥lo sea una parte de su poder. En Libia volvemos a ver c√≥mo el poderoso r√≠o desbordado de la iniciativa espont√°nea de las masas necesita inevitablemente el cauce de una organizaci√≥n revolucionaria formada por miles de cuadros y activistas unidos por un mismo programa y estrategia para vencer. Debido a esa falta de una direcci√≥n revolucionaria, el momento inicial de avance incontenible del movimiento revolucionario y desbandada en las filas del r√©gimen, que llev√≥ a la revoluci√≥n hasta las propia puertas del palacio de Gadafi en Tr√≠poli, no fue aprovechado para  unificar de manera inmediata a los comit√©s y milicias populares que de manera espont√°nea las propias masas estaban creando en cada poblaci√≥n para velar por su seguridad y garantizar la defensa. No se constituy√≥ un ej√©rcito revolucionario unificado formado por el pueblo en armas ni se organiz√≥ un avance masivo sobre Tr√≠poli que acompa√Īase la insurrecci√≥n de las masas en los barrios m√°s pobres de la capital.

Esta insurrección en Trípoli se produjo, pero ahí era donde Gadafi que, aunque criminal y enloquecido, sí tenía un plan y concentraba sus fuerzas más fiables: las unidades de elite dirigidas por sus propios hijos Khamis y Muntasim (y otros altos oficiales estrechamente vinculados a la corrupta camarilla que controlaba el poder) y su ejército de mercenarios procedentes del extranjero. Esta guardia pretoriana equipada con moderno armamento vendido por los propios imperialistas estadounidenses y de la Unión Europea y financiadas con el dinero del petróleo y los negocios que la familia Gadafi mantiene con los imperialistas es la que hoy están masacrando al pueblo. El resultado es que mediante el uso del terror Gadafi pudo mantener el control de Trípoli y lanzar el ataque que ahora está causando miles de víctimas y podría acabar con la revolución.

Como explicaba Engels, el Estado, en √ļltima instancia, son cuerpos de hombres armados en defensa de la propiedad. Algunos de esos cuerpos de hombres armados en Libia se vieron disueltos por el ascenso revolucionario, sobre todo en el este del pa√≠s. Muchos soldados y oficiales se pasaron a la revoluci√≥n pero de un modo en su mayor parte descoordinado e individual, sum√°ndose a milicias y grupos armados que en cada localidad intentaban asegurar la defensa. El grueso del armamento, en particular el armamento pesado, y las unidades mejor equipadas y con mayor poder de destrucci√≥n, siguen, sin embargo, en manos de Gadafi. El ej√©rcito y, especialmente, los cuerpos profesionalizados y de elite (no digamos ya los mercenarios), tiende a constituir la √ļltima l√≠nea de defensa de cualquier r√©gimen reaccionario contra las masas. Los mandos militares y los mercenarios, adem√°s, est√°n acostumbrados a actuar de manera disciplinada, implacable, reprimir y matar.

libia_masasLas masas se ven ahora obligadas a luchar en condiciones de inferioridad militar, con las √ļnicas armas de su mayor n√ļmero, entusiasmo y disposici√≥n a ir hasta el final pero sin coordinaci√≥n, y un plan unificado frente a unas tropas bien adiestradas y equipadas y que carecen de escr√ļpulos a la hora de disparar contra civiles desarmados, bombardear a la poblaci√≥n, etc. Para derrotar la acometida de Gadafi y vencer, la revoluci√≥n necesita en primer lugar organizar el armamento general del pueblo en Bengasi y las dem√°s zonas liberadas, creando un ej√©rcito revolucionario del pueblo mediante la unificaci√≥n de todas las milicias. Al mismo tiempo, los comit√©s populares deben ser la base de un Estado revolucionario, socialista, que nacionalice todos los recursos del pa√≠s y tome de manera inmediata medidas para resolver todos los problemas sociales que sufre la poblaci√≥n‚ÄĚ.

Como se√Īalamos en la misma declaraci√≥n, al imperialismo le hubiera gustado intervenir antes pero fue la existencia de las masas revolucionarias que no controlaba y el sentimiento antiimperialista de las mismas, las que imped√≠an que estos intervinieran. Se ten√≠an que crear las condiciones pol√≠ticas para que la intervenci√≥n pudiera darse: ‚ÄúPor eso, con el cinismo que les caracteriza, parece que el juego imperialista es esperar a que Gadafi machaque a las masas un poco m√°s y a √ļltima hora realizar alg√ļn tipo de intervenci√≥n. Con la moral y energ√≠a de la poblaci√≥n insurrecta debilitada y un sector de sus propios dirigentes pidiendo la intervenci√≥n, la t√°ctica de los imperialistas es aparecer como salvadores y al mismo tiempo establecer una cu√Īa sobre el terreno que garantice sus intereses econ√≥micos y pol√≠ticos en la regi√≥n. Como se afirma en la √ļltima declaraci√≥n de la CMR de Venezuela, ‚Äúintentan atraerse a diferentes representantes del llamado Consejo Nacional Libio de Transici√≥n (CNLT) y colocar a las masas revolucionarias ante una situaci√≥n insostenible que les permita llegar a acuerdos con determinados representantes pol√≠ticos de cara a que asuman sus puntos de vista y aseguren los negocios imperialistas en el pa√≠s.‚ÄĚ

Los imperialistas contra la revolución libia. La posición de la izquierda en Europa y América Latina

Los acontecimientos han sucedido como se√Īal√°bamos en esa resoluci√≥n. El imperialismo franc√©s, que tiene poderosos intereses en la regi√≥n y quiere ampliar su zona de influencia, tras la resoluci√≥n de la ONU puso al resto de potencias ante el hecho consumado de su decisi√≥n de atacar Libia. En esas condiciones, los Estados Unidos y Gran Breta√Īa no se pod√≠an quedar atr√°s, a pesar de todas las vacilaciones mostradas en las semanas anteriores y se decidieron por la intervenci√≥n y por tener un papel protagonista de primer orden.

Gadafi declar√≥ recientemente que iba a entrar en Bengasi como las tropas de Franco entraron en Madrid en la guerra civil espa√Īola. Para todos aqu√©llos que desde la izquierda tuvieron alguna duda del car√°cter reaccionario de este elemento, sus propias palabras le delatan.  Gadafi representa la contrarrevoluci√≥n armada contra las masas insurgentes. Al igual que Franco en los primeros d√≠as de la guerra civil espa√Īola, sin bases de apoyo firmes en el pa√≠s tras la insurrecci√≥n obrera en Barcelona y Madrid y otras ciudades, tuvo que basarse en las tropas mercenarias legionarias y coloniales marroqu√≠es para utilizarlas como ariete contra las masas revolucionarias. El papel de los dirigentes reformistas y burgueses de la republica espa√Īola, que en un primer momento  intentaron llegar a un acuerdo con los fascistas y se negaron a organizar seriamente la resistencia de los trabajadores contra el golpe, permiti√≥ el avance de Franco de tal modo que en apenas dos meses despu√©s del golpe, Franco estaba en condiciones de sitiar la capital (Madrid) y generar una situaci√≥n desesperada.  El sacrificio de  las masas par√≥ el asedi√≥ a la capital pero la negativa a organizar y coordinar las milicias revolucionarias  por parte del gobierno permiti√≥ a las tropas mercenarias, mejor entrenadas y dispuestas a cualquier masacre, avanzar r√°pidamente.  Una situaci√≥n muy similar se est√° viendo en Libia. Tras los primeros r√°pidos contragolpes de las tropas fascistas, los dirigentes republicanos, reformistas y estalinistas de  la republica espa√Īola, entraron en p√°nico y en vez de poner el √©nfasis en la capacidad de las masas para vencer al fascismo por sus propias fuerzas con la ayuda de la clase trabajadora de otros pa√≠ses y sobre la base de un programa revolucionario, colocaron la confianza de la victoria en la intervenci√≥n extranjera, de Francia y Gran Breta√Īa, ‚Äú las potencias democr√°ticas‚ÄĚ.  Para garantizar tal intervenci√≥n, impusieron un programa burgu√©s en el campo republicano y frenaron toda iniciativa revolucionaria por parte de las masas. Todo ello sent√≥ las bases para la victoria del fascismo en Espa√Īa en abril de 1939.

Por ahora, en Libia, la intervenci√≥n de las fuerzas imperialistas  se ha acotado a crear una zona de exclusi√≥n a√©rea acabando con capacidad a√©rea del mermado ej√©rcito libio. Sin embargo, esto es s√≥lo el inicio de la intervenci√≥n. La guerra tiene su propia din√°mica y es la ecuaci√≥n m√°s compleja de todas. El imperialismo no se va a detener y no se puede detener. Su objetivo es controlar al pa√≠s e intentar derrotar a Gadafi, pero sobre todo, acabar con la revoluci√≥n popular.  La posibilidad de enviar tropas terrestres, como en Afganist√°n o Iraq, es una alternativa que pone los pelos de punta a los imperialistas por las consecuencias impredecibles que puede tener. Y esta perspectiva ya ha provocado fisuras abiertas en la coalici√≥n occidental: Alemania se opone, Turqu√≠a se opone, EEUU tiembla ante esta soluci√≥n y, por otro lado, otras potencias como Rusia y China tambi√©n se oponen. La cuesti√≥n es que derrotar a Gadafi con bombardeos a√©reos es poco probable. Por eso los imperialistas pueden barajar, como salida inmediata, ayudar con armas, log√≠stica y hombres a los insurrectos. Pero s√≥lo lo har√°n si hay garant√≠as de que la revoluci√≥n est√° liquidada. En todo caso, una opci√≥n de este tipo tambi√©n tiene sus riesgos.

libia_ruinasSi las tropas rebeldes, debido a la pol√≠tica nefasta de su direcci√≥n, aceptan jugar este papel, significar√≠a en la pr√°ctica que, temporalmente, los imperialistas pueden terminar de descarrilar la revoluci√≥n y utilizarlos como carne de ca√Ī√≥n para sus planes imperialistas en la regi√≥n. Esta hip√≥tesis significar√≠a una guerra cruenta y larga, que tendr√≠a tambi√©n otros efectos. No se podr√≠a descartar que en un conflicto de este tipo, las fuerzas de Gadafi pudiesen resistir por un periodo y el r√©gimen se viera reforzado en el interior de Libia apelando al sentimiento antimperialista de las masas con su demagogia. Aunque su apoyo social es nulo, la intervenci√≥n le da un margen de maniobra mayor.

El mayor problema de la revoluci√≥n libia es que tras los primeros d√≠as en los que la iniciativa espont√°nea de las masas descompuso al Estado burgu√©s y rompi√≥ los planes imperialistas (que inicialmente eran buscar una negociaci√≥n entre Gadafi y la oposici√≥n burguesa en el exterior), la iniciativa pol√≠tica, tanto dentro como fuera de Libia,  pas√≥ totalmente a manos del imperialismo y de los sectores afines a √©l.  Las masas han estado hu√©rfanas de direcci√≥n y sin un punto de referencia a donde mirar y guiarse, salvo su instinto revolucionario sobre que es lo que no quieren.  En ese sentido, los dirigentes de las organizaciones pol√≠ticas y sindicales de masas que se identifican con la izquierda tienen una enorme responsabilidad.

Los dirigentes de la izquierda reformista en Europa en lugar de utilizar la enorme simpat√≠a que la revoluci√≥n en el mundo √°rabe, en T√ļnez, Egipto, Libia, Bahrein, ha despertado entre los j√≥venes y trabajadores para movilizar a las masas en sus pa√≠ses en apoyo a las masas libias, denunciar la pol√≠tica de colaboraci√≥n con Gadafi y el saqueo de los recursos del pueblo libio y los dem√°s pueblos √°rabes que llevan a cabo los gobiernos burgueses de la Uni√≥n Europea, han apoyado desde el primer momento la intervenci√≥n del imperialismo, y muchos de ellos en este momento saludan, incluso, la resoluci√≥n de la ONU y los bombardeos. Ante esta pol√≠tica reformista y pro-capitalista, los ojos de millares de revolucionarios de los pueblos √°rabes y de todo el mundo estaban puestos en la izquierda revolucionaria de Am√©rica Latina. En Bengasi eran muchos los que se preguntaban por qu√© Ch√°vez no les daba un apoyo decidi√≥ contra Gadafi. Tras su heroica resistencia y sus victorias frente al imperialismo, las revoluciones en Venezuela y Cuba, y las figuras de Fidel Castro y Hugo Ch√°vez, se han ganado el derecho a ser vistas por millares de j√≥venes y trabajadores en todo el mundo como un punto de referencia a la hora de luchar contra el imperialismo, el capitalismo y la opresi√≥n. Precisamente por ello, los imperialistas y sus lacayos a sueldo en los medios de comunicaci√≥n se esfuerzan por intentar identificar a estos dirigentes y gobiernos revolucionarios con contrarrevolucionarios y represores como Mubarak, Gadafi o Ben Al√≠.

La revoluci√≥n en el mundo √°rabe era una oportunidad, adem√°s, para apoyar a las masas de estos pa√≠ses, para combatir estas calumnias imperialistas y unir en la lucha a las masas revolucionarias √°rabes y latinoamericanas. Si desde la izquierda latinoamericana y, particularmente  desde Venezuela y Cuba, se hubiera dado una apoyo a las masas insurrectas √°rabes, primero en T√ļnez y Egipto donde se vio el movimiento desde un primer momento con dudas y desconfianza, y luego en Libia, donde simplemente se neg√≥ que existiese ninguna revoluci√≥n, esto habr√≠a estimulado la revoluci√≥n en todo el mundo √°rabe, enlazado con el instinto de las masas de Bengasi y obstaculizado de forma importante los planes, tanto de los dirigentes de la oposici√≥n burguesa a Gadafi como del imperialismo, para desviar de sus objetivos revolucionarios a estas masas y abrir las puertas a la actual intervenci√≥n.

En lugar de ello, se dio por buena la teor√≠a de que en Libia no hab√≠a ninguna revoluci√≥n, se acept√≥ en la pr√°ctica la demagogia de Gadafi y se plante√≥ la idea de que si los imperialistas estadounidenses y europeos denunciaban a √©ste era porque se trataba de un l√≠der antiimperialista (en contra de toda evidencia ya que Gadafi ha firmado durante los √ļltimos a√Īos todo tipo de acuerdos y alianzas con estos mismos imperialistas, privatizado las empresas y atacado los derechos de los trabajadores por todo lo cual, como hemos insistido, ha sido elogiado por el mism√≠simo FMI).  Esta posici√≥n del gobierno bolivariano y de otros gobiernos de izquierda de la regi√≥n ‚ÄĒindependientemente de que su intenci√≥n no sea √©sa‚ÄĒ no ha servido para levantar un muro contra los planes del imperialismo que pretenden separar la revoluci√≥n en el mundo √°rabe de la revoluci√≥n en Latinoam√©rica, intervenir hoy contra la primera e intentar aislar y desprestigiar a la segunda.

Aprender de los acontecimientos

Los revolucionarios latinoamericanos y del resto el mundo tenemos que aprender de nuestro enemigo de clase, de los capitalistas y de los imperialistas. El imperialismo norteamericano comprendi√≥ que era complicado mantener a sus t√≠teres en estos pa√≠ses, y r√°pidamente se posicion√≥ para que tras la ca√≠da de los mismos sus intereses estuvieran lo mejor representados, tratando de ponerse o aparecer al frente del movimiento por la democracia. Esta h√°bil jugada pol√≠tica descoloc√≥ a la izquierda en general y a la  latinoamericana en particular, salvo honrosas excepciones. Ten√≠amos que haber aprendido del imperialismo: si desde el primer momento se hubiera apoyado  la revoluci√≥n √°rabe y, sobre todo, Ch√°vez hubiera aparecido ante las masas √°rabes como su campe√≥n planteando que no ten√≠an tan s√≥lo que luchar por la democracia burguesa representativa sino, como se intenta hacer en Venezuela, por el socialismo, eso hubiera sido una piedra de toque contra los planes del imperialismo en la zona y hubiera consolidado la unidad entre las masas y los pueblos revolucionarios de Am√©rica Latina y Oriente Medio. Desafortunadamente, esto no ha sucedido permitiendo al imperialismo avanzar sus peones.

Sin embargo, los cálculos de los imperialistas se hacen sobre bases completamente falsas. Obama y la socialdemocracia cree que en el mundo árabe estamos ante una revolución democrática, haciendo una analogía falsa con la caída del estalinismo. Como hemos resaltado en otros artículos y declaraciones, el carácter de la revolución árabe no es democrático, si por democracia burguesa se entiende este concepto, sino socialista, porque las masas para resolver sus problemas más inmediatos, desde el pleno ejercicio de las libertades de expresión, de manifestación y organización hasta las demandas básicas de empleo, vivienda, sanidad… van a chocar (están chocando ya) con el capitalismo, con el aparato del Estado burgués que, aunque debilitado, sigue en pie. Es por ello que, lejos de llevar a un control y estabilización de los nuevos regímenes que surjan, el imperialismo y el capitalismo se va a encontrar con enormes dificultades para controlar a las masas que van a aumentar el calado y la audacia de sus demandas, poniendo en cuestión que bajo el sistema capitalista es imposible darles satisfacción.

El caso es que la intervenci√≥n en Libia no resuelve el problema sino que lo empeora, con la posibilidad de una escalada militar y el estancamiento del conflicto. El imperialismo, como en Irak y Afganist√°n, puede quedar entrampado. El ministro de exteriores brit√°nico se√Īal√≥ la posibilidad, incluso, de dividir el pa√≠s. Esto ser√≠a un tremendo crimen contra la revoluci√≥n libia y √°rabe en general, que la poblaci√≥n pagar√≠a con su sangre. Sin embargo, las masas a√ļn no han dicho su √ļltima palabra. Pese a la ofensiva de Gadafi, lejos de estar derrotadas est√°n en ebullici√≥n: de darse la invasi√≥n las tropas imperialistas, incluso en las zonas revolucionarias, no serian bien recibidas y a medida que se haga evidente para las masas el enga√Īo que suponen las palabras imperialistas esto significar√° una nueva fase del conflicto. Como hemos explicado, la experiencia de las masas  desafiando el poder del Estado burgu√©s, el ej√©rcito, etc., e incluso asumiendo durante semanas la gesti√≥n de la vida social en numerosas ciudades, dejar√° una profunda huella en su conciencia y volver√° a empujarlas a la lucha y a sacar lecciones de la amarga experiencia que hoy est√°n viviendo a manos de Gadafi y de los imperialistas: la primera de ellas ser√° comprender que no pueden confiar en nadie m√°s que en s√≠ mismas y que es necesario dotarse de una direcci√≥n surgida de su propio seno, bajo su control permanente y que defienda una pol√≠tica de independencia de clase.

Por otra parte, a medida que la intervención se complique y del plan para imponer una zona de exclusión aérea se tenga que pasar a una intervención más directa, el precario acuerdo que han alcanzado los distintos bandidos imperialistas tenderá a hacerse más difícil y crecerán las tensiones entre ellos. Ya lo estamos viendo. Los imperialistas de China, Rusia y la India, con un cinismo a prueba de bomba, critican la intervención pero no utilizaron su derecho a veto para impedirla sino que, en la práctica, la avalaron con su abstención. Están esperando a ver cómo se desarrollan los acontecimientos para ver si en caso de una victoria imperialista rápida se suman al reparto del botín, o si la guerra se complica marcar distancias y desarrollar un juego diferente en el país. Como hemos dicho muchas veces, pese a los choques de intereses entre todas estas potencias imperialistas, hay una cosa que les une: su desprecio absoluto por las masas y su deseo de seguir explotando a los trabajadores en el mundo árabe, en sus propios países y en todo el planeta.

Otro factor esencial  para comprender las perspectivas es que, como hemos explicado, no estamos ante una revoluci√≥n aislada en un pa√≠s sino en toda la regi√≥n. Tanto los imperialistas como diversos reg√≠menes reaccionarios de la regi√≥n que han apoyado con dinero y mercenarios a Gadafi intentan utilizar ahora Libia o Bahrein (donde el imperialismo tambi√©n est√° interviniendo contra la revoluci√≥n pero a trav√©s de su principal aliado en la zona, la monarqu√≠a reaccionaria de Arabia Saud√≠) para dar una lecci√≥n a las masas, poner l√≠mites al movimiento de √©stas y frenar la extensi√≥n y avance de la revoluci√≥n. Pero la lucha entre revoluci√≥n y contrarrevoluci√≥n, con alzas y bajas, victorias y derrotas coyunturales, continuar√° por todo un per√≠odo hist√≥rico. Lo que ocurra en cada pa√≠s se ver√° condicionado y, a su vez, dial√©cticamente influir√° sobre todos los dem√°s. Y la revoluci√≥n √°rabe lejos de terminar sigue extendi√©ndose. La √ļltima semana ha visto nuevos levantamientos en Yemen, con decenas de muertos, la amenaza de extensi√≥n a Arabia Saud√≠, plaza fuerte del imperialismo, el inicio de las movilizaciones en Siria, las marchas en Gaza, duramente reprimidas por Hamas, etc.  Las ondas de la revoluci√≥n √°rabe, tras el temblor con la que la acci√≥n de las masas  sacudi√≥ al capitalismo e imperialismo internacionalmente, sigue y va a continuar desestabilizando todos los reg√≠menes burgueses, no tan s√≥lo del norte de √Āfrica, si no m√°s all√°.  Este es un factor tambi√©n decisivo para el futuro de la revoluci√≥n libia pese a las maniobras criminales de los imperialistas y sus t√≠teres.

Esta lucha entre revoluci√≥n y contrarrevoluci√≥n en el mundo √°rabe se inscribe en la agudizaci√≥n general de la lucha de clases en todo el mundo y la imposibilidad de los imperialistas de recomponer el equilibrio de su sistema, La decadencia prolongada del capitalismo obligar√° a los j√≥venes y trabajadores en todo el mundo desde Libia, T√ļnez y Egipto hasta Venezuela, Bolivia o Ecuador pasando por Europa, China, Jap√≥n o los propios Estados Unidos a luchar por sus derechos y buscar una y otra vez un camino para transformar la sociedad.

¬ŅQui√©nes son los amigos de la revoluci√≥n?

La intervenci√≥n imperialista sobre Libia tambi√©n ha sido la primera prueba de fuego de la teor√≠a de la multipolaridad. Seg√ļn esta teor√≠a reformista, socialdem√≥crata, vamos hacia un mundo multipolar donde emergen diferentes pa√≠ses que, antag√≥nicos a Estados Unidos, pondr√°n coto al poder del imperialismo. Esta teor√≠a de la multipolaridad es un refrito de la vieja teor√≠a estalinista del bloque antiimperialista, por la cual se ten√≠a que conformar un bloque con todos esos Estados, gobiernos o partidos que por alguna raz√≥n estuvieran enfrentados al imperialismo, aunque su pol√≠tica fuera derechista o reaccionaria con el fin de impedir que el cerco imperialista contra la Uni√≥n Sovi√©tica, China o Cuba, se cerrara. Eso llev√≥ a los Partidos Comunistas a apoyar a todo tipo de elementos capitalistas que llevaron al movimiento revolucionario a la derrota en muchos pa√≠ses o confundieron a la vanguardia revolucionaria. En Ir√°n, por ejemplo, el PC (Tudeh) apoy√≥ a Jomeni; en Iraq ocurri√≥ lo mismo con Sadam. En el caso de Indonesia, el PCI apoy√≥ a Suharto y fue diezmado en el golpe de Estado. Hay muchos y abundantes ejemplos.

En la votaci√≥n del consejo de seguridad de la ONU, China, Rusia, India y Brasil se abstuvieron c√≠nicamente cuando se votaba la resoluci√≥n a favor de la intervenci√≥n militar, lav√°ndose las manos y dejando libre al imperialismo franc√©s, americano y brit√°nico para atacar Libia. Esto muestra a las claras que el d√≠a de ma√Īana ante una intervenci√≥n contra Venezuela por parte del imperialismo norteamericano, Rusia, China o el propio Brasil, lejos de ser amigos, a pesar de los acuerdos comerciales que pueda haber y las buenas relaciones, se convertir√°n en c√≥mplices y verdugos de la intervenci√≥n imperialista contra la revoluci√≥n venezolana.  Estos hechos deben hacer reflexionar al gobierno bolivariano y al comandante Ch√°vez de que la √ļnica manera efectiva de frenar al imperialismo es extendiendo el socialismo a otros pa√≠ses, y que la pol√≠tica de ‚Äúel enemigo de mi enemigo es mi amigo‚ÄĚ puede ser una trampa mortal. Otorgando una supuesta credibilidad revolucionaria a reg√≠menes reaccionarios como el de Ir√°n o Libia o considerando a Rusia, China o Brasil, todas ellas potencias imperialistas y capitalistas, como amigos de la revoluci√≥n bolivariana por estar coyunturalmente enfrentados a los gringos, no quiere decir, ni mucho menos, que a la hora de hacer frente a una intervenci√≥n imperialista en Venezuela o a un golpe de Estado de la contrarrevoluci√≥n, estos pa√≠ses fueran a mover un solo dedo.

El caso del consenso en el consejo de seguridad de la ONU en atacar Libia proviene del car√°cter de clase de los gobiernos  de estos pa√≠ses. Todos ellos son capitalistas, y si en algunos aspectos pueden estar enfrentados al imperialismo norteamericano es por √°reas de influencia y explotaci√≥n. China se est√° convirtiendo en un poderoso competidor econ√≥mico y militar para Estados Unidos, como recientemente se√Īal√≥ Obama, pero China compite no por un mundo mas justo, sino para que los capitalistas chinos, muchos de ellos dirigentes del PCCH, se enriquezcan m√°s a costa de la explotaci√≥n de las masas africanas y de Am√©rica Latina, por no decir de las de su propio pa√≠s.  Lo mismo sucede con Rusia, Ir√°n, y Libia, donde una elite capitalista y explotadora gobierna. Considerar a estos pa√≠ses aliados de Venezuela, supone poner una soga en el cuello de la revoluci√≥n bolivariana.

En la resoluci√≥n de la ONU que permite atacar Libia se muestra como, a la hora de la verdad, para las burgues√≠as de todos estos pa√≠ses prima m√°s el saqueo que las antiguas alianzas o acuerdos con Gadafi.  El mundo est√° repartido entre bandidos imperialistas, que luchan entre s√≠ de un modo creciente por el control de los mercados mundiales, pero llegado el caso, cuando el bandido mayor (EEUU) organiza junto a sus socios menores Gran Breta√Īa y Francia  el saqueo de un pa√≠s e invita al resto de bandidos al fest√≠n, √©stos no tuercen el gesto, sino que c√≠nicamente se lavan las manos y esperan su parte de la tajada. Y lo que es v√°lido hoy para Libia ma√Īana ser√° para Venezuela.

Sin embargo hay una diferencia fundamental entre Venezuela y Libia. El r√©gimen de Gadafi es un r√©gimen reaccionario capitalista al que sus amos han dado la espalda. El imperialismo quiere el petr√≥leo libio, por supuesto, pero tambi√©n quiere, y eso es fundamental para ellos, derrotar el movimiento revolucionario, posicionarse mejor en el norte de √Āfrica, y repartirse el enorme pedazo de tarta que consum√≠a la familia Gadafi directamente entre ellos. Entre bandidos no hay  honor ni lealtad. S√≥lo prima el inter√©s. En Venezuela hay una revoluci√≥n que es la punta de lanza en todo el mundo de la lucha de los trabajadores y oprimidos por el socialismo. Ese es el principal m√©rito del comandante Ch√°vez que se ha convertido en un √≠cono de la lucha por el socialismo.  Las masas de Am√©rica Latina s√≥lo van a poder conjurar la intervenci√≥n imperialista, destruyendo las bases de la misma, el sistema capitalista y confiando en la extensi√≥n de la revoluci√≥n socialista. Luchando internacionalmente por el aut√©ntico socialismo, sobre la base de  la nacionalizaci√≥n de los medios de producci√≥n bajo control obrero y popular para planificar  la econom√≠a nacional y mundialmente para terminar con la anarqu√≠a del mercado y el imperio de las multinacionales y el capital financiero que en verdad controla el mundo. Ese es el socialismo que se debe impulsar y no el intento de la burocracia reformista bolivariana que trata de crear una v√≠a intermedia, que lucha contra el control obrero en Venezuela, que pospone la construcci√≥n del socialismo por d√©cadas, que mantiene la mayor parte de la econom√≠a venezolana en manos capitalistas y sostiene el aparato burocr√°tico que es una de las principales amenazas contra la revoluci√≥n. Esa misma burocracia que tiene mil negocios con la burgues√≠a nacional y con los capitalistas chinos, iran√≠es y rusos, y trata de hacer pasar a estos pa√≠ses como amigos de la revoluci√≥n. Sobre la base de una aut√©ntica pol√≠tica internacionalista que luche por extender la revoluci√≥n socialista en todo el mundo, apoy√°ndonos en la capacidad de combate de las masas, conseguiremos conjurar la amenaza imperialista y terminar con el capitalismo. En el caso de Venezuela, sembrar vanas ilusiones en potencias capitalistas emergentes conducir√° a confundir al pueblo, aislar la revoluci√≥n y preparar la derrota.

Y s√≠ es posible que las masas derroten al imperialismo, no necesitan de falsos amigos, de salvadores, incluido en Libia.  La masacre de los revolucionarios libios que luchan contra Gadafi y que no quieren la intervenci√≥n imperialista, se puede evitar si se moviliza a todas las masas √°rabes, a la clase trabajadora, que tiene que dotarse de un aut√©ntico programa revolucionario socialista. Los trabajadores y pobres latinoamericanos no necesitamos la ayuda de los capitalistas chinos, rusos o iran√≠es. Necesitamos la ayuda de sus pueblos a los que tenemos que ayudar a que derriben a esos gobiernos. Del mismo modo que las masas revolucionarias libias no necesitan de la intervenci√≥n imperialista para dar cuenta de Gadafi y de su camarilla podrida y corrupta.  Tienen que dotarse de un programa, unos m√©todos y unas ideas que sean capaces de agrupar a los trabajadores tunecinos, egipcios, libios y del resto del mundo √°rabe y conducirlos a la victoria. Y este programa es el del  marxismo revolucionario con el que se puede lograr el triunfo de la revoluci√≥n √°rabe y la derrota del imperialismo. Toda la situaci√≥n objetiva empuja hacia estas ideas, conectan con la experiencia de las masas en acci√≥n. Con objetivos claros, dotados de un partido revolucionario que sea capaz de golpear a los capitalistas y los imperialistas, no habr√° fuerza que pueda con las masas levantadas. Ya tumbaron a Ben Al√≠ y Mubarak y lo har√°n solos contra los imperialistas y contra Gadafi, o con cualquier otro gobierno burgu√©s que las potencias occidentales pudiesen imponer. A diferencia de todos los poderes imperialistas y los dictadores, sus secuaces socialdem√≥cratas que justifican sus pol√≠ticas frente a los trabajadores y los pobres, o los intelectuales peque√Īoburgueses desmoralizados que desconf√≠an de la capacidad de las masas para cambiar su situaci√≥n y se limitan a poner nota a cada movimiento revolucionario de las masas y suspenderlo o rebajarlo de categor√≠a si no es lo suficientemente puro y exento de contradicciones, la Corriente Marxista Revolucionaria tiene confianza en la capacidad de los trabajadores unidos para poder sortear cualquier obst√°culo. Los turbulentos acontecimientos de los pr√≥ximos a√Īos, en esta fase de decadencia capitalista, pondr√°n a prueba a todas las tendencias pol√≠ticas del movimiento obrero y dar√°n la oportunidad para que las ideas del marxismo se conviertan en una fuerza de masas en el mundo √°rabe, en Am√©rica Latina, Europa y tambi√©n en los EEUU.

¡No a la intervención imperialista en Libia!

¡Viva la revolución árabe!

¬°Viva el socialismo internacional!

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