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Egipto, maniobras del r茅gimen y abstenci贸n en el refer茅ndum constitucional. La revoluci贸n tiene que completarse PDF Imprimir E-mail
Escrito por Ulises Benito   
Lunes, 18 de Abril de 2011 00:00

La revoluci贸n tiene que completarse

mani_egiptoLos medios de comunicaci贸n burgueses tienen prisa por enterrar el proceso revolucionario en Egipto (y en T煤nez). Sin embargo, la revoluci贸n contin煤a, los problemas fundamentales de las masas siguen sin solucionarse, y estas han dado poderosas muestras de no contentarse con cambios cosm茅ticos.

El primer Gobierno provisional impuesto por los militares, encabezado por Ahmed Shafik (designado por Mubarak), y trufado de personajes del PND (el aparato pol铆tico de la dictadura), no pod铆a tener ninguna autoridad para parar la lucha de las masas y finalmente cay贸. El 5 de marzo la c煤pula militar design贸 un nuevo Gobierno, dirigido esta vez por Esam Sharaf, y compuesto por miembros del PND que abandonaron el barco de Mubarak, ya naufragado, convenientemente a tiempo. Sharaf fue ministro de Transportes con Mubarak, de 2004 a 2005, y diferencias con 茅l le llevaron a abandonar el Gobierno. Esta aparente ruptura con el dictador y su participaci贸n desde el primer momento en la insurrecci贸n, evidentemente le da un margen. Pretende utilizar su autoridad para imponer una vuelta al orden, una transici贸n ordenada a un r茅gimen formalmente democr谩tico, pero donde las riendas contin煤en en manos de una delgada capa social formada por altos bur贸cratas estatales, imperialistas, y los mismos burgueses que se lucraron con la dictadura de Mubarak.

Juramento en la plaza Tahrir

El mismo d铆a en que fue nombrado, Esam Sharaf acudi贸 a la plaza Tahrir, como todos los viernes repleta de manifestantes (la prensa calcula un mill贸n de ellos). All铆 les asegur贸: 鈥淢i legitimidad viene de ustedes鈥; y organiz贸 un acto de juramento.
La intenci贸n de Sharaf es enga帽ar a las masas; les dice 鈥渢en茅is el poder鈥 mientras toma medidas para mantener celosamente el poder en manos de militares y capitalistas propios y for谩neos. Sin embargo, el hecho de que trate de legitimarse de esa manera demuestra la fuerza que todav铆a tiene el proceso revolucionario.
Mientras Sharaf era designado primer ministro, la oleada de manifestaciones y asaltos a comisar铆as se extend铆a por el pa铆s, exigiendo la disoluci贸n de Seguridad del Estado, la polic铆a pol铆tica de Mubarak, e intentando impedir la quema de documentos comprometedores. Tambi茅n exigen la liberaci贸n de todos los presos pol铆ticos y el fin de los juicios militares a civiles. El s谩bado 6 de marzo, la sede central de ese cuerpo policial, en El Cairo, fue tomada por miles de manifestantes, a pesar de los esfuerzos del Ej茅rcito. Tambi茅n se ocuparon las oficinas de Alejandr铆a (21 polic铆as fueron heridos), Guiz茅 o el barrio cairota de Seis de Octubre (aqu铆 los agentes llegaron a disparar). El nuevo primer ministro ha prometido reestructurar la polic铆a pol铆tica, neg谩ndose a su disoluci贸n.

La reforma constitucional...

La Constituci贸n de Mubarak ha sido reformada por una comisi贸n elegida por la c煤pula militar. Las reformas son muy limitadas y apenas afectan a las elecciones presidenciales (duraci贸n del mandato, posibilidad de presentaci贸n de independientes, etc). Con estas m铆nimas reformas y promesas de elecciones parlamentarias y presidenciales a lo largo de este a帽o, la clase dominante pretende centrar la atenci贸n en cuestiones menores como el desarrollo de leyes electorales o cambios en la estructura del Estado, mientras orilla la satisfacci贸n de las graves necesidades sociales y de las aspiraciones democr谩ticas profundas de las masas.
Lo m谩s destacable del refer茅ndum no es la ratificaci贸n de las reformas por parte de tres cuartas partes de los votantes. Lo m谩s destacable es la escas铆sima participaci贸n, de un 41%, algo absolutamente sorprendente en las primeras elecciones supuestamente libres tras la ca铆da de una dictadura. El 60% del censo electoral ha boicoteado el refer茅ndum, a pesar de la intensa campa帽a estatal a favor del s铆, a pesar del intento de identificar las reformas con la revoluci贸n, y a pesar del apoyo de la Hermandad Musulmana al texto En total, el 73% de los llamados a la consulta ha votado no o se ha abstenido. Aun as铆, sectores de la Coalici贸n de la Juventud Revolucionaria 鈥攓ue pidi贸 el voto negativo鈥 han expresado sus sospechas de manipulaci贸n. El voto no se concentr贸 en las dos grandes aglomeraciones urbanas, El Cairo y Alejandr铆a, reflejando el peso de la clase obrera en 茅l. En definitiva, este resultado expresa una magra base social para dar por finiquitada la revoluci贸n.

...y la ley antihuelgas

Mientras hablan de refer茅ndums, elecciones y democracia, el Gobierno de Shafik muestra su verdadera cara. El 23 de marzo, con menos de dos semanas de vida, aprob贸 un borrador de ley que implica una amenaza directa al movimiento obrero y a la revoluci贸n. Se trata de una ley antihuelgas, que en la pr谩ctica proh铆be todo tipo de paros y de sindicalismo, e impone multas y hasta penas de c谩rcel, a trav茅s de juicios militares, a aquel que convoque huelgas. La excusa es la grave afectaci贸n que tienen 茅stas sobre la econom铆a, especialmente las que implican al sector tur铆stico. Este ataque est谩 creando una nueva oleada de protestas laborales; para el 27 de marzo hab铆a convocadas manifestaciones en la plaza Tahrir y las principales calles y plazas egipcias. Al铆 Fotuh, conductor del sector p煤blico, dice: 鈥淣osotros realmente ten铆amos esperanza en que el nuevo Gobierno nos apoyar铆a y mirar铆a por nuestras reivindicaciones (...). No entiendo c贸mo dicen que las protestas afectan al tr谩fico o a los negocios. 驴Por qu茅 no aceptan nuestras demandas y as铆 no tenemos que ir a la huelga? Este tono me recuerda los viejos tiempos de Mubarak (...). Esto ya no es v谩lido despu茅s de la revoluci贸n del 25 de Enero鈥. Al铆 reflexiona: 鈥淓gipto es ahora un pa铆s libre, ninguna ley nos reprimir谩. Esta ley debe ser rechazada, no en el Parlamento, sino en la plaza Tahrir. Ellos deben entender que all铆 es donde nosotros tenemos nuestra legitimidad鈥.
En el otro lado de la barricada, el banco de inversiones Beltone Financial reflexiona: 鈥渆stamos de acuerdo en que es una necesidad para el trabajo volver a la normalidad, para que la econom铆a egipcia empiece un proceso de reconversi贸n, pero tambi茅n pensamos que la decisi贸n del Gobierno de criminalizar las protestas y huelgas podr铆a provocar un descontento mayor y m谩s movilizaciones鈥. El miedo a la revoluci贸n se palpa entre los analistas burgueses.
El r茅gimen militar tambi茅n intenta explotar a su favor, y en contra de la revoluci贸n, las diferencias religiosas. Algo que ya intent贸 Mubarak. 脡ste organiz贸 el salvaje asesinato de 24 cristianos coptos, en la ceremonia del A帽o Nuevo de este a帽o. El nuevo-viejo r茅gimen no prescinde de los pogromos contra coptos y de intentar enfrentar a los musulmanes con la minor铆a cristiana. El 5 de marzo una iglesia copta fue quemada en el marginal barrio cairota de Mokatam; las manifestaciones de protesta acabaron, el d铆a 9, con diez muertos. Estos ataques, junto a otros contra manifestantes por los derechos de la mujer trabajadora, estimulados por la polic铆a y los grupos integristas, deben ser contestados por el movimiento obrero y revolucionario con la oposici贸n tajante a toda divisi贸n en l铆neas religiosas o de g茅nero y la organizaci贸n de la autodefensa en barrios populares y manifestaciones.
El futuro de la revoluci贸n pasa por que el movimiento revolucionario defienda una pol铆tica de independencia de clase. La consecuci贸n de reivindicaciones democr谩ticas, sociales y econ贸micas s贸lo ser谩n efectivas con la lucha de masas, y especialmente la lucha obrera. Es decisivo la formaci贸n y extensi贸n de comit茅s obreros que, a la vez que unifiquen las huelgas y diferentes luchas parciales que se est谩n produciendo, se doten de un programa para llevar la revoluci贸n hasta el final, exigiendo desde la retirada de la ley antihuelgas y del resto de leyes represivas (empezando por la Ley de Emergencia), derechos democr谩ticos plenos (incluyendo la separaci贸n del Islam del Estado, reivindicaci贸n defendida por un sector amplio del movimiento), la disoluci贸n de Seguridad del Estado, el encausamiento de Mubarak y el resto de la camarilla detentadora del poder, un aumento generalizado y dr谩stico de salarios, la depuraci贸n de los cargos corruptos y vinculados a la dictadura en todas las empresas y sectores, etc. hasta la expropiaci贸n de las palancas fundamentales de la econom铆a bajo control de los trabajadores para poder hacer frente a las necesidades del pueblo egipcio.

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