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La reforma constitucional de Mohammed VI no acalla el descontento PDF Imprimir E-mail
Escrito por Yassin Ben Salem y Antonio Garc√≠a Sinde   
Lunes, 18 de Abril de 2011 00:00

Manifestaciones_MarruecosEl discurso televisado de Mohammed VI el 9 de marzo anunciando una reforma constitucional que reduciría sus poderes casi absolutos y garantizaría los derechos y libertades del pueblo marroquí es una clara demostración del enorme impacto que han tenido las grandes movilizaciones populares que sacuden el mundo árabe.

Ante el terror a enfrentarse a una ola creciente de protestas, el rey y su camarilla han optado por seguir realizando algunas concesiones para frenar la movilizaci√≥n. Tres semanas antes, el gobierno hab√≠a aprobado una dotaci√≥n de m√°s de 1.300 millones de euros para ampliar los fondos de la Caja de Compensaci√≥n, el organismo que regula los precios de los productos de consumo b√°sicos. Con esta medida el gobierno marroqu√≠ aporta 3.000 millones de euros (algo m√°s del 4% del PIB) para contener las subidas de precios y evitar que el malestar social acumulado estalle s√ļbitamente. Con ese mismo objetivo, el gobierno anunci√≥ que se crear√≠an 4.000 nuevos puestos de trabajo en el sector p√ļblico para licenciados en paro.
Pero, por mucho que el gobierno marroqu√≠ intente evitarlo mediante ‚Äúreformas democr√°ticas‚ÄĚ, la situaci√≥n social de Marruecos, la miseria que afecta a su poblaci√≥n campesina, las dur√≠simas condiciones de explotaci√≥n que sufren los trabajadores, las desigualdades insultantes, los continuos abusos y atropellos de las autoridades, el paro, que golpea de forma especialmente sangrante a los j√≥venes diplomados, las dificultades para acceder a una educaci√≥n b√°sica (el 40% de la poblaci√≥n marroqu√≠ es analfabeta) o a una atenci√≥n m√©dica digna, son un terreno abonado para que se produzcan levantamientos similares a los de T√ļnez o Egipto.‚Äā
Las primeras protestas de 2011 tuvieron como motivo expresar la solidaridad con las revoluciones tunecina y egipcia, y culminaron en el D√≠a de la Ira del 20 de febrero. Ese d√≠a, m√°s de 200.000 j√≥venes y trabajadores se manifestaron en 50 ciudades para exigir derechos democr√°ticos, y‚Äālos d√≠as siguientes trabajadores y j√≥venes protestaron con energ√≠a contra el r√©gimen corrupto de Mohammed VI en T√°nger, Alhucemas, Larache, Chefchaouen, Sefrou, y en otras muchas localidades. La polic√≠a reprimi√≥ con enorme brutalidad a los manifestantes, demostrando los l√≠mites de las promesas de reforma constitucional formuladas por el rey.

La dictadura marroquí reprime las protestas

El 20 de marzo nuevamente se repiti√≥ la convocatoria. A los manifestantes no les convenci√≥ el discurso del rey y salieron a las calles en varias ciudades para reclamar justicia social y el fin de la corrupci√≥n y de la monarqu√≠a absoluta. En Casablanca (capital econ√≥mica) se registr√≥ la mayor participaci√≥n: seg√ļn los organizadores entre 40.000 y 50.000 personas marcharon por las principales calles de la ciudad. En esta ciudad, a los cinco d√≠as de que el rey Mohammed VI prometiese reformas pol√≠ticas y democracia, las fuerzas del orden reprimieron violentamente una manifestaci√≥n pac√≠fica, provocando decenas de heridos y m√°s de 150 detenidos. Seg√ļn un testigo ‚Äúla represi√≥n record√≥ los acontecimientos del 21 de junio de 1981‚ÄĚ.
Al tiempo que las movilizaciones exigiendo democracia se extienden, por todo Marruecos siguen surgiendo luchas de trabajadores y j√≥venes que no pueden soportar por m√°s tiempo sus condiciones de vida. El 15 de marzo cientos de parados asaltaron las oficinas de la Oficina Cherifiana de Fosfatos (OCP) en la ciudad minera de Khouribga, cerca de Casablanca. En las calles de Sal√© (ciudad industrial de 800.000 habitantes, situada al lado de Rabat) se multiplican las protestas de los trabajadores textiles contra el cierre de casi 30 factor√≠as en la ciudad, como consecuencia de la disminuci√≥n de las exportaciones a Europa a causa de la crisis. En la peque√Īa ciudad de Taourirt decenas de familias montaron un campamento en las afueras para reclamar su derecho a una vivienda digna. En pocos d√≠as el campamento creci√≥ de una manera r√°pida, pero despu√©s del fracaso de las negociaciones entre las autoridades y los acampados, el 21 de marzo las fuerzas del orden destruyeron el campamento. ‚ÄúLa intervenci√≥n fue muy violenta y muchas mujeres y ni√Īos fueron golpeados‚ÄĚ, asegura un militante de los derechos humanos.
También las autoridades tuvieron que emplearse a fondo para desactivar la jornada de protesta convocada el 23 de marzo en cien institutos, que, a pesar de la represión, fue un éxito en numerosos centros.
Ante esta situación, los dirigentes de la izquierda reformista de la Unión Socialista de Fuerzas Populares (USFP) y del Partido del Progreso y el Socialismo (PPS, promovido por el antiguo Partido Comunista de Marruecos), han vuelto a demostrar su completa bancarrota y su total incapacidad para dar una alternativa a los trabajadores marroquíes, decidiendo continuar en el gobierno.
Esta posici√≥n de la izquierda oficial no desmoraliza a los trabajadores y j√≥venes marroqu√≠es, que cada d√≠a comprenden mejor que ninguna reforma constitucional, ning√ļn cambio en las instituciones pol√≠ticas, servir√° para mejorar sus duras condiciones de vida. El √ļnico camino que permitir√° convertir Marruecos en un pa√≠s capaz de garantizar a sus habitantes una vida digna es la uni√≥n de todas las luchas, la unificaci√≥n de las luchas por el pan de cada d√≠a con las luchas por acabar con la monarqu√≠a dictatorial de Mohammed VI, bajo un programa que promueva la transformaci√≥n socialista de la sociedad. Las grandes tradiciones de lucha de la clase obrera y el pueblo de Marruecos, son la garant√≠a de que este objetivo es posible.

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