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Capitalismo marroquí y reforma democrática PDF Imprimir E-mail
Escrito por Yassin Ben Salem Antonio Garc√≠a Sinde   
Lunes, 02 de Mayo de 2011 10:05

mohamed_VIA lo largo del mes de abril la comisi√≥n nombrada por Mohammed VI para preparar una reforma de la Constituci√≥n ha ido avanzando algunas de sus propuestas. Como era previsible, el alcance de los cambios planteados se limita a algunas reformas superficiales que no alteran en lo fundamental la organizaci√≥n del Estado marroqu√≠. Los poderes extraordinarios del Rey se reducir√≠an en algunos aspectos (por ejemplo, perder√≠a su capacidad de elegir al primer ministro), pero las palancas b√°sicas del poder pol√≠tico seguir√≠an en sus manos. As√≠, en la propuestas de la comisi√≥n se mantiene la condici√≥n de ministerio ‚Äúde soberan√≠a‚ÄĚ a Defensa y Asuntos Exteriores (los ministerios de soberan√≠a son aquellos cuyos titulares son elegidos por el Rey y s√≥lo responden ante √©l), se conserva el car√°cter sagrado de la figura del Rey, y se mantiene su capacidad de nombrar y cesar a altos mandos militares y responsables de los servicios de inteligencia, y de declarar el estado de excepci√≥n.
La comisi√≥n, presidida por Abdellatif Menouni, un antiguo profesor del Rey, ha contrastado su propuesta con partidos y sindicatos, que, de momento, parecen dispuestos a contentarse con estos m√≠nimos cambios. Incluso las direcciones de las dos grandes fuerzas de la izquierda marroqu√≠, la Uni√≥n Socialista de Fuerzas Populares y el Partido del Progreso y el Socialismo han dado la espalda a la opini√≥n de sus bases y apoyan estas supuestas reformas. S√≥lo alg√ļn peque√Īo partido, como el Partido Socialista Unificado, y el reci√©n nacido Movimiento 20 de Febrero (el movimiento juvenil que desde febrero de este a√Īo ha convocado regularmente manifestaciones por la democracia) han manifestado su desacuerdo con estas propuestas.

Las protestas contin√ļan

Mientras tanto, en las calles de Marruecos las movilizaciones y protestas contin√ļan e incrementan la presi√≥n sobre el gobierno y la monarqu√≠a, que se sienten cada d√≠a m√°s deslegitimados y crecientemente amenazados por el aumento del descontento popular. No hay que olvidar que en las √ļltimas elecciones parlamentarias s√≥lo participaron el 37% de los potenciales votantes, en una clara demostraci√≥n de la desconfianza del pueblo marroqu√≠ hacia las instituciones del Estado.
manifestacion_marruecosAnte este aumento de la intensidad de las protestas, el Gobierno marroqu√≠ est√° respondiendo con la ampliaci√≥n de las concesiones realizadas en las √ļltimas semanas. A las medidas decretadas en febrero y marzo (ver n√ļms. 247 y 248 de El Militante) se han unido nuevas propuestas de reforma legal, como una Ley Anticorrupci√≥n que, supuestamente, evitar√≠a el robo sistem√°tico de recursos p√ļblicos por parte de los gobernantes y los altos funcionarios, o un nuevo C√≥digo de Prensa que aligerar√≠a la f√©rrea censura a la que est√°n sometidos los medios de comunicaci√≥n. Como colof√≥n, el 14 de abril el rey ha amnistiado a 148 presos pol√≠ticos y ha reducido la condena a otros 42, en un intento de enmascarar la naturaleza represiva de su r√©gimen.
Asimismo, se ha iniciado un proceso de negociación con los sindicatos, que ha encallado nada más empezar. Las demandas sindicales de actualización de sueldos y pensiones, así como de establecimiento de un plan de ayudas para la escolarización de alumnos con pocos recursos se valoran en 3.900 millones de euros, que es una cantidad que la burguesía marroquí, en estos momentos, no está dispuesta a ceder.
En estas condiciones, la respuesta que desde el Movimiento 20 de Febrero se est√° dando ante la posici√≥n claudicante de las direcciones de la USFP y el PPS no parece suficiente. La alternativa de convocar elecciones a una Asamblea Constituyente que se encargar√≠a de elaborar una nueva constituci√≥n en modo alguno asegura que los cambios  profundos que el pueblo marroqu√≠ est√° demandando llegar√≠an finalmente a hacerse realidad, y no se limitan a modificaciones del ordenamiento jur√≠dico que, por ‚Äúradicales‚ÄĚ que parezcan, dejen finalmente intacta la miserable y opresiva realidad cotidiana de las masas marroqu√≠es.

Crisis y demandas sociales

Por eso, debemos comprender, en primer lugar, hasta que punto la situaci√≥n actual del capitalismo marroqu√≠ es compatible con el tipo de reformas y medidas a las que aspira la inmensa mayor√≠a del pueblo marroqu√≠. ¬ŅEs posible que, cuando en Estados Unidos y Europa Occidental se ven amenazadas conquistas sociales que parec√≠an irreversibles, en Marruecos se avance en la conquista de nuevos derechos sociales sin alterar las bases del sistema capitalista? ¬ŅEs cre√≠ble que en medio de la mayor crisis mundial del capitalismo desde 1929 Marruecos pueda erigirse en una isla de prosperidad y bienestar mientras que en el resto del mundo capitalista la burgues√≠a lanza una ofensiva sin precedentes contra la clase trabajadora y la juventud? ¬ŅEs posible que las demandas democr√°ticas y las reivindicaciones de tipo econ√≥mico y social capaces de mejorar las condiciones de vida de la poblaci√≥n de Marruecos puedan conquistarse sin necesidad de que las propias masas tomen en sus manos las riendas de sus vidas mediante la expropiaci√≥n de los capitalistas y la creaci√≥n de sus propios √≥rganos de poder, que coordin√°ndose den lugar a la instituci√≥n de un parlamento revolucionario?
Repasar el desarrollo del capitalismo marroquí, y los lazos indisolubles que lo unen al gran capital internacional, nos ayudará a comprender mejor por qué sólo un programa orientado a la transformación socialista de la sociedad puede guiar al pueblo marroquí a la victoria definitiva contra sus opresores.

El desarrollo del capitalismo tras la independencia

mani_marruecosLa declaración de la independencia en 1956 no supuso un cambio fundamental para la inmensa mayoría de la población marroquí. La dependencia de la economía de Marruecos respecto a las potencias occidentales no desapareció con la independencia política, sino que simplemente cambió de forma.
Desde las primeras intervenciones del colonialismo portugu√©s en el siglo XV hasta la intervenci√≥n francesa, iniciada en las primeras d√©cadas del siglo XIX y consolidada con la declaraci√≥n formal del Protectorado franco-espa√Īol en 1912, Marruecos fue objeto de la ambici√≥n de las potencias europeas, tanto por sus recursos naturales, especialmente los mineros, como por su posici√≥n geogr√°fica, que le daba un singular valor estrat√©gico para el control de la navegaci√≥n entre el Atl√°ntico y el Mediterr√°neo.
Los rasgos fundamentales de la economía marroquí se gestaron durante la dominación francesa y se conservan hasta el día de hoy sin cambios que afecten a la estructura básica de la propiedad y de la distribución de la riqueza.
La primera consecuencia de la dominaci√≥n colonial francesa fue un cambio fundamental en la propiedad de la tierra. Francia desplaz√≥ a Marruecos un alt√≠simo n√ļmero de colonos (en 1950 eran m√°s de medio mill√≥n), que se apropiaron de las mejores tierras de cultivo. M√°s de un mill√≥n de hect√°reas (de los 6,5 millones que se consideraban a principios del S. XX como susceptibles de uso agr√≠cola) pasaron a manos francesas por diferentes v√≠as. Las antiguas tierras comunales, junto con una parte de las tierras administradas por fundaciones religiosas, fueron ocupadas a la fuerza, y, bajo la presi√≥n de la administraci√≥n colonial, miles de peque√Īos campesinos fueron obligados a vender sus mejores tierras de regad√≠o. Para valorar convenientemente lo que signific√≥ para Marruecos la ocupaci√≥n colonial francesa hay que recordar que la esclavitud fue legal hasta 1925.
Al mismo tiempo, los franceses iniciaron la explotación sistemática de los recursos mineros de Marruecos, fundamentalmente los fosfatos, pero también el cobre, el hierro, y otros minerales. Para facilitar esta explotación, Francia tuvo que construir puertos, carreteras, redes telefónicas, ferrocarriles, etc. La creación de esta infraestructura fue una oportunidad de oro para que la burguesía gala se hiciera con el control total de la economía marroquí. Los bancos franceses concedieron ingentes créditos al sultán, y las empresas francesas se apropiaron de ramas enteras de la producción. El profundo entrelazamiento entre los intereses de la burguesía francesa y los intereses de la monarquía y la élite tradicional marroquí hunde sus raíces en ese período.
La independencia trajo consigo cambios en la c√ļpula del Estado, pero muy poco cambi√≥ en la vida cotidiana de las masas. Las propiedades agrarias de los colonos franceses fueron repartidas entre los grandes terratenientes marroqu√≠es, vinculados a la corte de Mohammed V, que mantuvieron el mismo tipo de explotaci√≥n brutal del campesinado que los antiguos colonizadores. La miseria y el atraso del campo marroqu√≠ se profundizaron a√ļn m√°s, y obligaron a millones de marroqu√≠es a emprender el camino de la emigraci√≥n para sobrevivir.
Tampoco hubo cambios significativos en el resto de los sectores econ√≥micos. En un primer momento, el nuevo Estado marroqu√≠ procedi√≥ a nacionalizar los recursos mineros, algunos servicios b√°sicos, como los ferrocarriles y la telefon√≠a, e incluso algunas ramas industriales, como la qu√≠mica y el textil, que recibieron fuertes inversiones p√ļblicas. Pero en la medida que Marruecos no rompi√≥ con el capitalismo, el peso de la deuda hist√≥rica con la banca francesa, unido al nuevo endeudamiento con otros pa√≠ses europeos y, muy especialmente, con su nuevo aliado econ√≥mico y militar, Estados Unidos, condujo a Marruecos a una grave crisis, que desemboc√≥ en 1983 en un plan de ajuste del Fondo Monetario Internacional que oblig√≥ a privatizar el sector p√ļblico y a liberalizar las importaciones. Gracias a estas privatizaciones, el capital imperialista volvi√≥ a retomar el pleno control directo de la econom√≠a marroqu√≠. Eso s√≠, en esta ocasi√≥n el monarca marroqu√≠ hizo valer sus intereses y consigui√≥ participaciones importante en el accionariado de las grandes empresas de Marruecos. A d√≠a de hoy,  Mohammed VI es, adem√°s de monarca casi absoluto y jefe religioso, el principal empresario del pa√≠s, a trav√©s del grupo empresarial SNI-ONA (Soci√©t√© Nationale d‚ÄôInvestissement - Omnium Nord-Africain).

La monarquía y el capitalismo

El grupo SNI-ONA, que ha cambiado varias veces de nombre y que se oculta tras una intrincada red de sociedades interpuestas y participaciones accionariales cruzadas, tiene su origen en la sociedad formada en 1919 por el banco francés Paribas (actualmente BNP Paribas, uno de los mayores bancos del mundo) para administrar sus inversiones en Marruecos. Junto a Mohammed VI, en el capital de ONA participan actualmente empresas como la aseguradora AXA, la cementera Lafargue, la alimentaria Gervais Danone o el banco suizo UBS. Es tal la dimensión del grupo SNI-ONA que, junto con sus filiales, representa más del 50% de la capitalización total de la Bolsa de Casablanca.

Las inversiones de SNI-ONA se extienden por todos los sectores de la economía marroquí, desde la agricultura y la minería hasta la banca, pasando por las minas, la energía o el negocio turístico-inmobiliario. Su posición de práctico monopolio permite que sus inmensos beneficios crezcan a ritmos desconocidos en el resto del mundo. Como muestra, los beneficios de SNI se incrementaron en 2009 en nada menos que un 300%.
La funci√≥n de SNI-ONA es actuar como canalizador de las inversiones extranjeras en Marruecos. Cada a√Īo, aproximadamente 3.200 millones de  euros llegan al pa√≠s en forma de inversi√≥n directa, es decir inversi√≥n destinada a la compra de activos fijos, a lo que habr√≠a que sumar las inversiones financieras, dirigidas fundamentalmente a la Bolsa de Casablanca, y la inversi√≥n inmobiliaria de car√°cter especulativo. Pr√°cticamente todas las empresas multinacionales que operan en el pa√≠s lo hacen a trav√©s de acuerdos o alianzas con este grupo. Su papel es puramente parasitario, y formaliza la alianza entre la √©lite tradicional marroqu√≠ que, a trav√©s de la represi√≥n sobre el movimiento obrero mantiene unas condiciones salvajes de explotaci√≥n, y el gran capital financiero internacional y los gobiernos imperialistas, que aprovechan esas circunstancias pol√≠ticas para hacer sus buenos negocios. Una vez m√°s, la teor√≠a de la revoluci√≥n permanente, con su visi√≥n del desarrollo desigual y combinado del capitalismo, se verifica en la pr√°ctica.

Por la expropiaci√≥n  de los monopolios

primer_ministro_marruecosEl resultado de este f√©rreo control de la econom√≠a, que vincula inseparablemente la propiedad latifundista m√°s tradicional con los intereses de las multinacionales capitalistas m√°s punteras y con lo m√°s sofisticado de las finanzas mundiales, es la condena del pueblo marroqu√≠ a la perpetuaci√≥n del atraso y la miseria. Para solucionar el problema de la pobreza y el desempleo ser√≠a necesario un crecimiento econ√≥mico anual algo superior al 10%. Pero, a pesar de las inmensas riquezas de Marruecos, el yugo del capitalismo hace que su econom√≠a apenas haya conseguido sobrepasar el 5% de crecimiento medio anual  en el per√≠odo que se extiende entre 2003 y 2010. El atraso de la agricultura, que pese a ocupar al 43% de la fuerza laboral de Marruecos s√≥lo aporta el 14% de su PIB, pesa como una losa sobre el conjunto de la econom√≠a. Tampoco el tipo de industrializaci√≥n orientado a la exportaci√≥n, o la profusi√≥n de empresas ocupadas en la prestaci√≥n de servicios externalizados por grandes empresas extranjeras (call-center y similares), a pesar de toda su innovaci√≥n tecnol√≥gica (la revista The Economist clasific√≥ en 2009 a Marruecos como la econom√≠a m√°s competitiva de √Āfrica), han ayudado a superar la pobreza.
Y sumado a todo esto, otra grave amenaza se cierne sobre los trabajadores marroqu√≠es. La inminente puesta en marcha de la zona de libre comercio euro-mediterr√°nea acelerar√° todav√≠a m√°s las inversiones extranjeras orientadas a sacar provecho de los m√≠seros salarios marroqu√≠es, que en algunos sectores llegan a ser hasta diez veces menores que los salarios medios europeos, e invadir√° el pa√≠s con productos importados que hundir√°n a√ļn m√°s su agricultura y su peque√Īa industria y comercio.
De modo que, cuando el pueblo marroqu√≠, siguiendo el ejemplo de otros pueblos √°rabes, liquide finalmente la monarqu√≠a corrupta de Mohammed VI, se encontrar√° con que el control de una parte fundamental de la econom√≠a de Marruecos estar√° al alcance de sus manos. En ese momento, ser√° fundamental que un sector decisivo de los trabajadores y la juventud defienda la necesidad de que, 55 a√Īos despu√©s de la conquista de su independencia pol√≠tica, la riqueza de Marruecos se ponga al fin al servicio del bienestar de su pueblo, a trav√©s de la nacionalizaci√≥n bajo control obrero de las grandes empresas, la banca, la tierra y los recursos naturales. Bajo un sistema de econom√≠a planificada, el campo marroqu√≠ podr√° encontrar los recursos necesarios para salir de su atraso secular y para ofrecer a los campesinos una vida digna.
Hoy más que nunca, el movimiento revolucionario de los pueblos árabes necesita un programa socialista e internacionalista, que le permita concentrar toda su energía contra el auténtico enemigo de los trabajadores de todo el mundo: el sistema capitalista.

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