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El 26 de mayo se celebró la cumbre del G-8, uno de los puntos centrales de discusión fue la denominada “primavera árabe”, es decir, cómo contener la marea revolucionaria en estos países. Este hecho por sí solo demuestra la enorme preocupación de los capitalistas ante estos acontecimientos y el terror a que se sigan extendiendo como un reguero de pólvora.

En el evento se acordó la creación de un fondo de 20.000 millones de dólares, ampliables a 40.000 millones, destinados a ayudar a la “transición democrática” en estos países. Por supuesto, no es una donación altruista para apoyar “firmemente las aspiraciones de la primavera árabe y las del pueblo iraní” como se puede leer en el comunicado del G-8. Este programa de ayuda no tiene nada que ver con el “fortalecimiento de la democracia” en el sentido de incrementar la participación real y efectiva  de la mayoría de la sociedad en las decisiones políticas y económicas, su objetivo es apuntalar a regímenes pro-occidentales, acabar con movimiento revolucionario de las masas y, por último, pero no menos importante, garantizar la estabilidad de sus jugosos y estratégicos negocios con estos países.

Una parte de esta aportación económica se dará en forma de créditos a través del Banco Mundial, el Banco Europeo de Inversiones (BEI), el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD) y el Banco Islámico. Para hacernos una idea de cómo se utilizarán estos créditos basta con conocer la historia del BERD, este banco fue creado en 1991 para canalizar toda la Inversión Directa Extranjera a las economías de Europa del Este tras la caída de la URSS. Se utilizó para promover la economía de libre mercado y la creación de una importante fuente de mano de obra barata para las grandes multinacionales europeas y norteamericanas. El resto de la ayuda será distribuida por el FMI a cambio de la aplicación de sus Planes de Ajuste Estructural, es decir, más privatizaciones, más liberalización y desregulación económica.

Este “aluvión” de millones no mejorará la situación económica de estos países, menos aún supondrá un cambio radical en las condiciones de vida de las masas. A esta cumbre asistieron representantes de los gobiernos interinos de Túnez y Egipto y los dos manifestaron que esta ayuda era claramente insuficiente; según el representante de Egipto este país necesitaría entre 10.000 y 12.000 millones de dólares antes de un año, y para el representante Túnez el suyo necesitaría 25.000 millones de dólares durante los próximos cinco años.

Brutal represión en Siria

Uno de los países que más preocupa a los imperialistas es Siria. Aunque se siguen produciendo manifestaciones masivas todos los viernes, parece que el régimen de Al Assad ha conseguido, por ahora, evitar su extensión y que alcancen una mayor magnitud en las dos grandes ciudades: Damasco, la capital, y Aleppo. Esto se debe a dos factores, el primero y más importante es la brutal represión que está llevando a cabo el régimen, que ha provocado ya centenares de muertos. La policía y el ejército hacen redadas regulares en los barrios de Damasco arrestando a cientos de personas. Mantienen sitiada la ciudad de Hama, la cuarta más grande del país, el ejército cerró barrios enteros en Homs, una ciudad con 1,5 millones de habitantes y que concentra la mayoría de las fábricas del país, una de las dos refinerías petroleras y azucareras.

Pero otro factor a tener en cuenta es la ausencia de una dirección revolucionaria o de izquierdas,  dejando al movimiento a merced de elementos pro-occidentales y de la Hermandad Musulmana, que no ocultan sus preferencias hacia un régimen pro-EEUU y que durante estas últimas semanas han visitado la Casa Blanca, un hecho que repele a muchos sirios que anhelan un cambio de régimen para conseguir una vida mejor y no para convertirse en un país títere del imperialismo.

A pesar de todo, la presión sobre el régimen es enorme y está muy lejos de tener controlada la situación. Desde el inicio de las movilizaciones, hace ya más de diez semanas, se ha visto obligado a derogar la ley de emergencia vigente desde 1963, ha anunciado una reforma de le ley electoral y decretado una amnistía general, según algunas organizaciones de derechos humanos en este período ha detenido a 10.000 personas.

Se intensifican los bombardeos sobre Libia

La intervención militar de la OTAN en Libia ha dado un paso más, se han intensificado los bombardeos, sobre todo en Trípoli, donde vive un tercio de la población libia y se supone que está escondido Gadafi, sólo el 24 de mayo murieron en la capital 19 civiles y 150 resultaron heridos, algunos de gravedad.

Francia y Gran Bretaña han anunciado el envío de helicópteros de ataque para incrementar la presión militar y según el ministro de Exteriores francés, Alain Juppé, se podrían utilizar para “el despliegue de tropas terrestres en suelo libio”, aunque el periódico Le Figaró informaba de que ya había tropas de las fuerzas especiales francesas en territorio libio con el objetivo de identificar los ataques de los helicópteros. Al mismo tiempo, se llevan a cabo movimientos para intentar llegar a un acuerdo y que Gadafi se rinda. El último ha sido la visita del presidente sudafricano Jacob Zuma, éste aseguró que Gadafi “está preparado para declarar una tregua que ponga fin a los enfrentamientos en su país”.

La Unión Europea ha dado un paso en su legitimización del Consejo Nacional de Transición con la apertura de una oficina diplomática, a pesar de que sólo Francia e Italia han reconocido al CNT como el gobierno legítimo de Libia. En la ceremonia de apertura de la oficina  uno de los representantes del CNT, Mustafa Abdul-Jalil, declaró que aquellos que apoyen a los rebeldes recibirán una recompensa económica a través de un acceso preferencial a los recursos petroleros libios. “Nuestros amigos que apoyan esta revolución tendrán las mejores oportunidades en los futuros contratos en Libia”. Toda una invitación para los imperialistas.

La cumbre del G-8 dejó también clara las diferencias que existen entre las naciones imperialistas ante la intervención militar en Libia. No consiguieron firmar una declaración conjunta. Francia intentó sin éxito que se aprobara una resolución de apoyo a la intervención militar con el objetivo de “proteger a los civiles”. Rusia y Alemania ya se habían abstenido en el Consejo de Seguridad de la ONU cuando se intentó aprobar una resolución que autorizaba “todas las medidas necesarias” para proteger a los civiles contra la represión del régimen libio. Rusia considera la intervención de la OTAN como una amenaza directa a sus intereses en la industria petrolera libia y por eso lleva a cabo sus propias iniciativas para intentar un alto el fuego.

La perspectiva para el proceso revolucionario que está sacudiendo el mundo árabe aún no está cerrada, las revoluciones de Egipto y Túnez no han dicho su última palabra, como demuestra la masiva movilización que vivió El Cairo el 27 de mayo. La agitación revolucionaria sigue contagiando a países como Yemen, Bahrein, Iraq, Irán o Palestina. La correlación de fuerzas sigue siendo favorable para las masas y ni las intervenciones militares como en Libia, ni los créditos e intrigas diplomáticas imperialistas son una solución para las condiciones de vida de las masas árabes.