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Yemen, entre la revoluci贸n y la reacci贸n. El pueblo se rebela contra el d茅spota PDF Imprimir E-mail
Escrito por Ulises Benito   
Viernes, 08 de Julio de 2011 10:02

yemenEl eslab贸n m谩s d茅bil de los reaccionarios reg铆menes en la Pen铆nsula Ar谩biga se est谩 rompiendo. Desde finales de enero los ecos de la rebeli贸n tunecina han inflamado las calles yemen铆es con persistentes manifestaciones y acampadas de masas. Pese a la brutal represi贸n del r茅gimen de Al铆 Abdulah Saleh, pese al enfrentamiento militar entre 茅ste y los jeques de la confederaci贸n tribal Hashed, y pese a las maniobras de la supuesta oposici贸n, los j贸venes, los oprimidos, mantienen una y otra vez su presi贸n con un primer objetivo: la dimisi贸n de Saleh y elecciones libres. En estos momentos pende un gran interrogante: 驴avanzar谩 la revoluci贸n, o se volver谩 a imponer la reacci贸n?

Su posici贸n geogr谩fica en la Pen铆nsula, su valor geoestrat茅gico (al situarse en la misma entrada del Mar Rojo), y su producci贸n en petr贸leo y gas natural, no le impide a Yemen ser uno de los pa铆ses m谩s pobres del mundo. Los hidrocarburos suponen un 35% del PIB, constituyen el grueso de una industria muy d茅bil en el resto de sectores. La mayor铆a de la poblaci贸n ha tenido que emigrar, el resto vive (malvive, en su mayor parte) de la agricultura (un tercio) y de la pesca. La estructura del Estado depende en gran medida de la financiaci贸n saud铆 y USA. El 40% de la poblaci贸n sufre los rigores de la pobreza, el 20% el paro. El futuro para los j贸venes (el 65% de la poblaci贸n tiene 25 a帽os o menos) es negro.

La Universidad de Sanaa (la capital, en el Norte) ha sido el epicentro de la protesta. En los primeros d铆as, Saleh intent贸 pararla anunciando concesiones: no se presentar铆a a la reelecci贸n (隆en setiembre de 2013!), retomar铆a el di谩logo con la oposici贸n parlamentaria, subir铆a los salarios, etc. Sin embargo, estos gestos estimularon la lucha, como hemos visto en tantas ocasiones.

Una caracter铆stica de los j贸venes que acampaban en la plaza Tahrir de Sanaa, y tras su expulsi贸n en el recinto universitario, as铆 como en otras ciudades del pa铆s, fue su extrema desconfianza hacia los partidos oficiales. Desconfianza sobradamente justificada durante todo este per铆odo. Mientras las masas exig铆an una y otra vez la renuncia de Al Saleh, la Mesa Unida de Partidos se limitaba a exigir di谩logo a un d茅spota cada d铆a m谩s acorralado. Fue despu茅s de tres semanas cuando llam贸 a participar en las manifestacioes. La Mesa es una coalici贸n donde el partido dominante es Al Islah; se trata de la reacci贸n islamista, que tiene base social en las zonas rurales del conservador Norte, y ha sido estimulado por la propia camarilla de Saleh. Los otros partidos (empezando por el Partido Socialista, antiguo partido 煤nico en el r茅gimen estalinista de Yemen del Sur, y hoy en la Internacional Socialista) son comparsas.

Escalada sangrienta de represi贸n

La inutilidad de las concesiones dio paso r谩pidamente a una escalada de represi贸n que tuvo un punto culminante el 18 de marzo. Los manifestantes fueron atacados por francotiradores en la Universidad de Sanaa, muriendo 52 de ellos. La ira popular se extendi贸 por todo el pa铆s, de igual forma quela extrema brutalidad del r茅gimen. El 30 de mayo cincuenta protestantes fueron asesinados, al desalojar la polic铆a el campamento de Taiz. Algunos murieron abrasados, dentro de sus tiendas incendiadas, otros fueron aplastados por los bulldozers. Saleh eleg铆a una sangrienta huida hacia el abismo, intentando presentarse, ante sus patrocinadores imperialistas, como imprescindible para apagar las llamas que 茅l mismo, en gran parte, ha creado y avivado. Sin embargo, esta salvaje represi贸n ha multiplicado la masividad de la protesta, provocando incluso la deserci贸n de una gran parte del Ej茅rcito.

Arabia y Estados Unidos ten铆an razones para estar preocupados. Un derrocamiento revolucionario en cualquier esquina de la Pen铆nsula tendr铆a un efecto poderoso en el pa铆s clave, el reino saud铆. La oligarqu铆a petrolera y el imperialismo USA no lo pueden permitir, por eso los tanques saud铆es han ocupado Bahrein y reprimido su revoluci贸n. Pero hay m谩s: la colaboraci贸n inestimable de Saleh en su lucha contra Al Kaida. La aviaci贸n estadounidense ha estado interviniendo constantemente en el pa铆s, de forma no reconocida, con un resultado terrible en vidas humanas.  En diciembre de 2009 el asesinato de 62 civiles en Abyan y la consiguiente reacci贸n popular llev贸 a USA a una tregua en el uso de cazabombarderos, tregua que ha roto en este proceso de revoluci贸n; el 3 de junio un nuevo bombardeo, en el Sur, mat贸 a cuatro civiles. La pol铆tica anterior de Obama hacia Saleh, que se mide en hechos y no en palabras, se resume con este dato: 300 millones de d贸lares anuales es el precio que le paga, supuestamente para la lucha antiterrorista (las filtraciones de Wikileaks dejan claro que tambi茅n existe un objetivo pol铆tico contra la oposici贸n, asumido conscientemente por el imperialismo). Evidentemente, la posible influencia de los yihadistas en el pa铆s, donde tienen a su favor las condiciones geogr谩ficas y sociales, y desde donde podr铆an controlar la entrada del Mar Rojo, es un quebradero de cabeza para el imperialismo. Sin embargo, con la exageraci贸n de este problema se esconde un objetivo muy concreto: el control directo de la zona para evitar el triunfo de la revoluci贸n y la expropiaci贸n de la industria de hidrocarburos. El propio Saleh tambi茅n exagera el peligro de Al Kaida, con el fin de no perder el favor de sus hasta ahora firmes mentores. Hay indicios de que la supuesta toma yihadista de la ciudad de Zinjibar, en uno de los momentos m谩s extremos de represi贸n, ha sido favorecida conscientemente por 茅l.

Sin embargo, esas maniobras son en vano. La clase dominante y el imperialismo no pueden mantener el sistema de la misma forma, sin sacrificar a la antigua figura prominente y a (al menos) algunos de sus familiares y c贸mplices. Una y otra vez, el Consejo de Cooperaci贸n del Golfo (arma pol铆tica de coordinaci贸n de las diferentes camarillas peninsulares, bajo la batuta de la familia real saud铆), y los embajadores de Estados Unidos y los principales pa铆ses europeos, han intentado conciliar a Saleh con otros sectores de la oligarqu铆a, y con la oposici贸n, en base a un acuerdo. Este acuerdo supondr铆a la retirada del d茅spota, bajo garant铆a de impunidad para 茅l y su familia; la continuidad institucional a trav茅s del vicepresidente de la Rep煤blica (Abd Rabo Mansur Habi); y la formaci贸n de un Gobierno de unidad nacional con la oposici贸n.  Este acuerdo, al d铆a de hoy, no ha sido aceptado por Saleh, y tiene grandes dificultades para concretarse: los allegados a 茅ste presionan para no firmar y mantener sus grandes intereses econ贸micos, mientras los manifestantes rechazan la impunidad y la continuidad de los altos cargos del r茅gimen.

Los jeques tribales en escena

La situaci贸n de empate (Saleh est谩 socialmente aislado, mientras el movimiento de masas no est谩 dotado de un programa para la toma del poder, limit谩ndose 鈥揳l menos de momento- a resistir en la calle) no pod铆a mantenerse indefinidamente. Surgi贸 en escena Sadek al Ahmar, l铆der de la confederaci贸n tribal Hashed. Su padre, fundador del partido islamista Al Islah, fue el gran colaborador de Saleh, desde su llegada al poder en 1979 (como presidente de Yemen del Norte). 脡l mismo ha colaborado estrechamente, siendo un pilar fundamental del r茅gimen. Su hermano Hamid, actual dirigente de Al Islah, formado en Estados Unidos y con buenas relaciones con Arabia, dirige el conglomerado empresarial Al Ahmar Group, que incluye Sabafon (la principal compa帽铆a de telefon铆a m贸vil) y el Islamic Bank of Saba. Y el general Mohsen al Ahmar, que ha desertado con una parte del Ej茅rcito, fue uno de los impulsores del reclutamiento de 鈥榓fganos鈥 (brigadistas que lucharon contra los sovi茅ticos en Afganist谩n) contra el Yemen del Sur 鈥榮ocialista鈥 en 1994, en una guerra que acab贸 con los restos de econom铆a nacionalizada y devolvi贸 las tierras a los latifundistas. Hoy es uno de los hombres m谩s ricos del pa铆s. Pero la complicidad en el control del poder, por parte de los Al Ahmar y los Saleh, no excluye las tensiones por su reparto, y 茅stas explotaron a finales de mayo al calor de la revoluci贸n, concret谩ndose en enfrentamientos armados en Sanaa entre las fuerzas gubernamentales, por un lado, y la milicia tribal de Al Ahmar y las tropas al mando del general Mohsen, por otro. La debilidad de Saleh se expresa en que la mayor parte de los ministerios y organismos oficiales de la capital fueron ocupados por aquella, en una sangrienta batalla que en solo dos d铆as provoc贸 62 muertos. El propio palacio presidencial fue cercado y atacado por unidades blindadas de Mohsen, que hirieron al propio presidente.

Actualmente Saleh est谩 en Arabia, reponi茅ndose de sus heridas. Un abandono del poder (te贸ricamente temporal, pero seguramente definitivo) que ha sido celebrado masivamente en Yemen, pero que deja muchos interrogantes. Los pr铆ncipes saud铆es y los imperialistas intentar谩n por todos los medios estabilizar la situaci贸n, dejando el poder en manos de los reaccionarios dirigentes tribales, y quiz谩s utilizando a la oposici贸n socialdem贸crata como cobertura 鈥榙emocr谩tica鈥. Pretenden as铆 acabar con las movilizaciones, al menos temporalmente. Sin embargo, les ser谩 complicado. No podr谩n contentar a la vez a las masas y a la familia Saleh, que exige la impunidad y seguir manteniendo una porci贸n del poder.

Un Yemen socialista

Estabilizar Yemen est谩 descartado. De hecho, ha fracasado como Estado. La identidad nacional es muy fr谩gil, ya que realmente el pa铆s fue fragmentado por el imperialismo y separado durante siglo y medio, hasta hace s贸lo veinte a帽os. En 1994, a los tres de su unificaci贸n, se produjo una guerra civil entre Norte y Sur, con la imposici贸n del Norte y su programa de contrarrevoluci贸n capitalista. Desde entonces ha habido movimientos independentistas en el Sur. En general, esta zona es m谩s industrial (su capital, Ad茅n, es el centro econ贸mico del pa铆s), y socialmente m谩s avanzada, en parte por la implantaci贸n de un r茅gimen estalinista tras su independencia de Reino Unido. En las zonas rurales del Norte predominan las influencias tribales y el Islam m谩s rigorista, tanto en su versi贸n sun铆 como en la chi铆 (el 46% profesa esta rama). El fr谩gil Estado yemen铆, basado en dif铆ciles equilibrios entre tribus, clanes y zonas (en parte estimulado por el propio Saleh, para dominar mejor) conforma una clase dominante especialmente d茅bil, amorfa y atrasada. A las influencias de Al Kaida en zonas rurales sun铆es hay que sumar la rebeli贸n de los 鈥榟outhis鈥, milicia de los chi铆es zaid铆es, que controlan en la pr谩ctica la zona donde son mayor铆a y han estado cerca de sitiar la capital; Saleh ha echado mano de la aviaci贸n saud铆, en repetidas ocasiones, para atemperar la arremetida de este grupo.

La 煤nica posibilidad de un futuro digno para la poblaci贸n yemen铆 es romper con las diferentes camarillas del poder, y con el imperialismo. Esto exige dotarse de un programa revolucionario, que incluya la nacionalizaci贸n bajo control obrero de las principales industrias, la expropiaci贸n de los ingentes bienes acumulados por los detentadores del poder, acabar con el terrorismo imperialista, e instaurar una federaci贸n socialista del Yemen con m谩ximas libertades democr谩ticas (incluyendo los derechos de la mujer, la no discriminaci贸n de la minor铆a chi铆, la separaci贸n del Islam y el Estado, etc.). Para llevar a cabo este programa es imprescindible la organizaci贸n del movimiento en asambleas y comit茅s, en cada barrio, empresa, etc., as铆 como una estrategia para la toma del poder.

Pero, si la revoluci贸n 谩rabe s贸lo puede completarse, triunfando definitivamente no en uno o dos pa铆ses sino en todo el mundo 谩rabe, en el caso de la Pen铆nsula es mucho m谩s evidente. La poderosa fuerza reaccionaria de la dinast铆a Al Saud no permitir谩 el desarrollo de la revoluci贸n en ning煤n rinc贸n de la Pen铆nsula, por ello los oprimidos yemen铆es han de llamar a la solidaridad, a la revoluci贸n, a sus hermanos bahrein铆es, oman铆es y, especialmente, saud铆es. La clave para acabar con la reacci贸n es ganar a los millones de trabajadores, inmigrantes y nativos, del reino saud铆, con la bandera de una federaci贸n socialista en toda la zona.

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