payday loans
La caída de Gadafi y las tareas de la revolución libia PDF Imprimir E-mail
Escrito por William Sanabria y Yonie Moreno   
Jueves, 22 de Septiembre de 2011 10:09
libia_tanque

El rechazo a la criminal intervención imperialista que, desde hace meses, vemos en Libia es un deber irrenunciable para cualquier revolucionario. Al mismo tiempo, es un grave error sacar de esa premisa la conclusión de que debemos apoyar a Gadafi o que su derrocamiento significa un fortalecimiento del imperialismo y un paso atrás para la lucha antiimperialista en todo el mundo.

 

La derrota de Gadafi no es producto de la voluntad o fortaleza del imperialismo sino del hecho de que tras décadas de represión, corrupción y pactos con distintos poderes imperialistas para repartirse las riquezas del país, mientras se incrementaban las desi-gualdades sociales, se acumuló un rechazo masivo hacia su régimen que finalmente llevó a su caída.

De la insurrección popular a la guerra civil

En realidad, la intervenci√≥n de los imperialistas en Libia en los √ļltimos a√Īos se ha hecho mediante una alianza con la familia Gadafi. Recientemente sali√≥ a la luz como el servicio secreto brit√°nico MI6 colaboraba estrechamente con el r√©gimen de Gadafi, pas√°ndole informaci√≥n sobre la actividad de la oposici√≥n pol√≠tica dentro del pa√≠s, o como Gadafi colaboraba activamente con la CIA, permitiendo que los ‚Äúvuelos secretos‚ÄĚ tuvieran como destino Libia, en cuyas c√°rceles los prisioneros eran interrogados. S√≥lo cuando estall√≥ la insurrecci√≥n de las masas, el 15 de febrero, y √©stas se hac√≠an con el control de las ciudades e incluso amenazaban con cortar el suministro de petr√≥leo a Occidente si segu√≠a apoyando a Gadafi, en todos los estados mayores del imperialismo se encendieron las luces de alarma y las distintas potencias cambiaron de estrategia para intentar controlar y descarrilar la revoluci√≥n en marcha y tratar de mantener Libia bajo su control.
Lo que ocurrió en Libia entre el 15 de febrero y principios de marzo no fue un movimiento organizado por los imperialistas sino una insurrección popular revolucionaria de masas contra esas políticas de acaparamiento, corrupción, represión y aumento de las diferencias sociales que sufría el pueblo libio. En ciudades como Bengasi, Tobruk y muchas otras las masas tomaron el control y empezaron a organizar mediante asambleas y comités populares el abastecimiento de la población, la seguridad, etc. Durante estos días de revolución nadie, ni siquiera Gadafi y sus partidarios, pudieron presentar un solo caso de violación de los derechos humanos, ajusticiamientos, etc. El poder y entusiasmo de las masas en revolución se contagiaba de una ciudad a otra y se extendía a la propia base del ejército que se pasaba en masa a las filas de la revolución.
El plan inicial de los imperialistas fue buscar un acuerdo entre Gadafi y algunos sectores de la oposici√≥n burguesa en el exilio. Fue la movilizaci√≥n de las masas y la propia decisi√≥n de Gadafi de intentar aferrarse al poder a toda costa y reprimir el movimiento la que ech√≥ por tierra estos planes. En ese contexto, fue cuando Obama exigi√≥ p√ļblicamente la salida de Gadafi y el imperialismo franc√©s, en un intento de recuperar posiciones en su tradicional zona de influencia, el Magreb, puso a las dem√°s potencias ante el hecho consumado de la intervenci√≥n y del reconocimiento de los dirigentes del Consejo Nacional Libio de Transici√≥n (CNT).
La relaci√≥n entre el imperialismo franc√©s y el CNT queda bastante bien reflejada en una carta de este √ļltimo, fechada el 3 de abril de 2011 y dirigida al emir de Qatar, intermediario de Sarkozy para la entrega de armas a los rebeldes, en la que se afirma: ‚ÄúEn cuanto al acuerdo sobre el petr√≥leo cerrado con Francia a cambio del reconocimiento de nuestro Consejo en la cumbre de Londres, como representante leg√≠timo de Libia hemos delegado al hermano Mahmoud (Shamman, ministro de Medios del CNT) para que firme ese pacto que atribuye un 35% del total del petr√≥leo bruto a los franceses a cambio del respaldo total y permanente a nuestro Consejo‚ÄĚ (P√ļblico, 1/09/11).
La aceptación por parte de aquellos que inicialmente fueron aupados por el movimiento de masas a la dirección de los comités populares de un pacto amplio para conformar el CNT junto a sectores burgueses de oposición proimperialistas y a ministros de Gadafi, que acababan de cambiar de bando, significó el primer paso en el descarrilamiento de la revolución. El segundo fue buscar la colaboración del imperialismo lo cual, en la práctica, significaba someterse a su dominio. Como ha ocurrido en otras muchas revoluciones el papel de la dirección del movimiento, qué programa e ideas políticas adoptase ésta, era determinante para el futuro de la revolución.

El car√°cter proimperialista
del CNT

El resultado de la política proimperialista de los dirigentes del CNT ha sido convertir lo que era una revolución triunfante en una cruenta guerra civil de más de seis meses, que ha costado miles de vidas. A pesar de la dificultad que conllevaba el desplazamiento a un segundo plano de la lucha revolucionaria y la injerencia imperialista, finalmente carente de apoyo social y con una resistencia basada fundamentalmente en tropas de élite, mercenarios y el terror, Gadafi cayó.
Sin embargo, todas las contradicciones que hicieron estallar la insurrecci√≥n (elevad√≠simo desempleo juvenil, las desigualdades sociales, el derecho a una vida digna‚Ķ, vinculado inseparablemente a las demandas democr√°ticas de libertad de expresi√≥n y manifestaci√≥n, derecho a formar sindicatos y organizaciones pol√≠ticas independientes, etc.) siguen ah√≠ y m√°s pronto que tarde pasar√°n a primer plano. Ahora la subasta ha comenzado y todos los bandidos imperialistas pujan por llevarse el mejor trozo posible y llegar a un acuerdo entre ‚Äúcaballeros‚ÄĚ para utilizar a Libia como muro de contenci√≥n contra la extensi√≥n de la revoluci√≥n √°rabe. Pero una cosa son sus planes y objetivos, y otra lo que la lucha de clases y la situaci√≥n de inestabilidad y ruptura del equilibrio capitalista mundial determinen.
Los dirigentes burgueses y peque√Īo-burgueses del CNT, agarrados a las faldas de los imperialistas, no dar√°n soluci√≥n a las necesidades urgentes de la mayor√≠a de la poblaci√≥n. En el CNT hay ya una lucha a muerte entre distintos grupos y clanes por ver qui√©n se hace con el control del poder, como demuestra el asesinato durante este verano de Abdel Fatah Yunis, jefe del Estado Mayor del ej√©rcito rebelde (y ministro de Interior de Gadafi en el momento de estallar la insurrecci√≥n) a manos de una facci√≥n rival del mismo ej√©rcito rebelde. Una vez en el poder estas luchas y contradicciones internas se recrudecer√°n.
Lo mismo es válido para las distintas potencias imperialistas. Lo más probable es que las tensiones y contradicciones por controlar los recursos del pueblo libio y apoyarse en cada una de las mafias, clanes y grupos que integran la clase dominante local para aumentar su poder e influencia en la región, tiendan a agudizarse y se conviertan en otro factor más de tensión y desestabilización cuyas consecuencias pagarán fundamentalmente las masas.
Las diferentes potencias imperialistas pretenden instaurar en Libia un  protectorado bajo la cobertura de  los l√≠deres burgueses del CNT. En la Conferencia de ‚ÄúAmigos de Libia‚ÄĚ (en realidad, de bandidos de Libia) celebrada en Par√≠s el 1 de septiembre, con el objetivo de establecer el reparto del pastel petrolero, uno de los temas principales fue c√≥mo desarmar al pueblo libio. En ese sentido son muy significativas las declaraciones realizadas por Hillary Clinton en dicha reuni√≥n: ‚Äúlas nuevas autoridades libias deben continuar luchando contra el extremismo violento y trabajar con nosotros para asegurar que los almacenes de armas de Gadafi no se convierten en una amenaza para los vecinos de Libia y del mundo‚ÄĚ. Tras este hip√≥crita lenguaje de la diplomacia norteamericana se esconde el tema central: una de las primeras medidas que propone el imperialismo al CNT, y a la que condiciona la ayuda econ√≥mica y el desbloqueo de las cuentas de Gadafi en el exterior (50.000 millones de d√≥lares), es el desarme general de las milicias. Temen, con raz√≥n, que las masas insurrectas se  nieguen a entregar las armas y que, ante el nuevo escenario abierto en el pa√≠s, haya un resurgimiento de la lucha de masas ahora contra el imperialismo y sus t√≠teres en Libia. El pueblo armado ser√≠a un obst√°culo para el objetivo del imperialismo de reconstruir el Estado burgu√©s, fundamental para poner a raya a las masas y poner al pa√≠s a su servicio.  Por ello hablan continuamente de la necesidad de reconciliar que, en su boca, significa recomponer el aparato del estado con los antiguos funcionarios del r√©gimen de Gadafi. No quieren repetir el error que cometieron en Iraq cuando tras la intervenci√≥n y la ca√≠da de Saddam Hussein destruyeron el partido Baaz, donde podr√≠an haber encontrado los cuadros para recomponer el aparato estatal.

La caída de Gadafi abre una
nueva etapa en la revolución libia

La lucha contra Gadafi ha servido hasta ahora a los dirigentes del CNT de excusa para ganar tiempo, no ofrecer soluciones concretas a las demandas populares y justificar su alianza con los imperialistas. Con la desaparición de esa excusa el verdadero carácter de clase de estos dirigentes y la incapacidad del capitalismo para ofrecer condiciones de vida dignas a las masas se hará cada vez más evidente.
As√≠ las cosas, los dirigentes burgueses libios y los imperialistas intentar√°n todo tipo de maniobras para desviar la atenci√≥n de las masas. Bajo excusas como la ayuda humanitaria se ha planteado que la OTAN contin√ļe en Libia y se prepara una misi√≥n de la ONU para supervisar el pa√≠s. Si no consiguen controlar y desarmar a las masas, no dudar√°n en recurrir en alentar la divisi√≥n y enfrentamiento, resucitando las diferencias tribales que han jugado un papel secundario en todo el conflicto.
Su apuesta principal a corto plazo es la formaci√≥n de un gobierno de unidad acompa√Īado probablemente con la promesa de convocar elecciones ‚Äúdemocr√°ticas‚ÄĚ en un plazo de tiempo que les permita intentar preparar y controlar el desarrollo de dichas elecciones. Sin embargo, como explicamos desde el principio, cualquier promesa de construir una democracia en Libia ‚ÄĒcomo en el resto de la regi√≥n‚ÄĒ sin poner los gigantescos recursos petroleros del pa√≠s bajo el control y la gesti√≥n democr√°tica de la sociedad ‚ÄĒempleando los mismos para garantizar empleo, salud, educaci√≥n, vivienda y condiciones de vida dignas para toda la poblaci√≥n‚ÄĒ ser√° una farsa.
Las demandas democráticas en Libia sólo pueden ser conquistadas si van de la mano de la lucha por la transformación socialista de la sociedad. Es imprescindible defender un programa de consignas transicionales que vincule la lucha por la paz y la reconstrucción del país tras la guerra, por empleo digno y para todos, agua, vivienda y servicios sociales, a la necesidad de expropiar las industrias petroleras y demás riquezas del país.
Unido a ese programa hay que defender, frente al intento imperialista de formar cualquier parlamento o asamblea nacional (incluida en un determinado momento la posibilidad de lanzar una asamblea constituyente si lo necesitasen para intentar paralizar y enga√Īar a las masas) que act√ļe como t√≠tere de los planes imperialistas, la reorganizaci√≥n desde abajo de los comit√©s populares y su unificaci√≥n en una asamblea revolucionaria de delegados de estos comit√©s elegibles y revocables en todo momento que dirija el pa√≠s. La experiencia de las masas, autogobern√°ndose durante varias semanas en Bengasi y otras ciudades, no ha ca√≠do en saco roto. Las masas experimentaron su poder y su fuerza, vieron no en teor√≠a sino en la pr√°ctica que pod√≠an dirigir la vida social sin necesidad de los imperialistas o los capitalistas.

¬°Fuera la OTAN y la ONU de Libia!
¬°Por una Libia socialista y revolucionaria libre de la bota
de Gadafi y del imperialismo!
¡Por una federación socialista

Bookmark and Share