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El reconocimiento de Palestina en la ONU. La crisis del sionismo facilita crear una alternativa revolucionaria para judíos y palestinos PDF Imprimir E-mail
Escrito por Ulises Benito   
Viernes, 14 de Octubre de 2011 11:38

palestina_banderasLa reciente iniciativa de Mahmud Abás, presidente de la Autoridad Palestina (AP), de pedir el ingreso de Palestina como Estado miembro de la ONU, ha creado un enorme revuelo en el mundillo diplomático internacional. Los principales gobiernos imperialistas han presionado de mil formas, y amenazado, para que Abás no llevara a efecto su petición. La iniciativa palestina va a remarcar una vez más la hipocresía imperialista, que pretende presentarse como amiga de la revolución árabe y como equidistante entre Palestina e Israel. Estados Unidos no tendrá más remedio que vetar el ingreso de Palestina cuando se plantee a votación en el Comité de Admisiones de la ONU (allí están representadas las cinco potencias con derecho a veto).


Obama, desde junio de 2008 (mes de su famoso discurso en El Cairo, prometiendo un giro en su pol√≠tica exterior en la zona, y calificando de insostenible la situaci√≥n de la ocupaci√≥n de Palestina), ha negado reiteradamente con los hechos lo que afirmaban sus palabras; pero este veto a reconocer Palestina como Estado demuestra de forma di√°fana los irrompibles lazos que ‚ÄĒmal que le pese a un sector del propio imperialismo‚ÄĒ unen a las clases dominantes de Estados Unidos e Israel.
En cuanto a la Uni√≥n Europea, qu√© decir. El discurso de cada gobierno es divergente, mientras hacen √≠mprobos esfuerzos por mantener una posici√≥n com√ļn. Si al final la hay, parece ser que se impondr√° la misma que tiene EEUU, que es la de Alemania y Gran Breta√Īa (y eso a pesar de que la mayor√≠a de los gobiernos europeos, de forma demag√≥gica, optan por el reconocimiento).
Pero ¬Ņc√≥mo es posible que el mismo dirigente, Mahmud Ab√°s, que ha colaborado tanto con Estados Unidos ‚Äďsus fuerzas de seguridad han sido entrenadas por la propia CIA-, que  ha mantenido un perfil bajo en la denuncia de la brutal ofensiva militar contra Gaza del invierno de 2008, y que se ha mostrado tan predispuesto al pacto desfavorable (para el pueblo palestino) con el sionismo, haya sido capaz de retar a Obama y al primer ministro israel√≠, Benjamin Netanyahu, de esta forma?
Varios factores pueden estar detr√°s de la sorpresiva decisi√≥n de Ab√°s. En primer lugar, la revoluci√≥n √°rabe, que marca en gran medida los vertiginosos acontecimientos que se suceden en el Mediterr√°neo, y cuya ola expansiva abraza toda la Tierra. El gran movimiento revolucionario iniciado en T√ļnez preocupa a todos los sectores dominantes de la zona, sean claramente proimperialistas o de apariencia antiimperialista. De tal forma, que si la AP, en Cisjordania, y Ham√°s, en Gaza, han coincidido en algo, es en la represi√≥n de los brotes de contagio de la revoluci√≥n, surgidos en forma de manifestaci√≥n en ambos territorios. La fortaleza de las masas al derrotar a dictaduras aparentemente fuertes como las de Ben Al√≠ y Mubarak, ha dejado a√ļn m√°s en evidencia la impotencia, tanto de Al Fatah (partido de Ab√°s), como de Ham√°s, para resolver o siquiera paliar alguno de los problemas sociales y nacionales del pueblo palestino. Durante estos lustros de negociaciones frustrantes, donde la contraparte palestina hac√≠a dejaci√≥n voluntaria de su √ļnica herramienta para presionar (ya que la movilizaci√≥n masiva de la poblaci√≥n fue contenida y eliminada), el sionismo dio paso tras paso para el dominio de la zona: la paulatina colonizaci√≥n de Cisjordania, la construcci√≥n del muro de la verg√ľenza, la supeditaci√≥n total de la econom√≠a palestina, el bloqueo criminal de Gaza‚Ķ La sumisi√≥n de Fatah al imperialismo USA, intentando convencerle de ser m√°s equilibrado, no ha servido de nada. Mahmud Ab√°s, con el intento de ingreso en la ONU, pretende revertir el pronunciado aislamiento en el que se sit√ļa ante la poblaci√≥n palestina, y crear ilusiones en los procedimientos legales internacionales, acompa√Īando √©stos, quiz√°s, de ciertas movilizaciones, siempre que no se le vayan de la mano.

 

Debilidad del imperialismo

El momento elegido para este golpe sobre la mesa no puede ser más oportuno. El sionismo tiene sus propios problemas, y en estos momentos pasa por una situación de debilidad evidente. La irrupción del fenómeno de los indignados en Israel no se puede entender sin valorar la extrema descomposición de la ideología sionista en la sociedad israelí, y el distanciamiento entre los israelíes y sus instituciones (el 27% votaría por los indignados si se transformaran en partido*).
Otro factor que est√° presente en los movimientos pol√≠ticos de Ab√°s es la √©poca de decadencia senil que vive el imperialismo USA, lastrado por su derrota en Iraq, Afganist√°n y Pakist√°n. La iniciativa palestina, la actitud de Turqu√≠a de jugar un papel de potencia en todo Oriente Medio y el Magreb, de forma independiente a Estados Unidos, la propia actitud desafiante del sionismo frente a Obama, o la imposici√≥n a √©ste, por parte de Sarkozy, de la intervenci√≥n militar en Libia, son reflejos del mismo proceso. El veto a Palestina aislar√° a√ļn m√°s a USA en la zona, como explica Turki ben Faisal, exjefe de los servicios secretos saud√≠es (El Pa√≠s, 24/09/11). De una forma clara, por primera vez desde el colapso del estalinismo, los dirigentes de Fatah ven la posibilidad de equilibrarse entre Estados Unidos y potencias regionales en auge: Turqu√≠a, Arabia, quiz√°s China‚Ķ Aunque, claro, esa apuesta no est√° exenta de riesgos.
Sin embargo, la iniciativa de Ab√°s tiene escaso recorrido. El imperialismo puede maniobrar indefinidamente para evitar que se vote el ingreso. Aun teniendo √©xito, la admisi√≥n de Palestina como Estado cambiar√≠a poco la situaci√≥n sobre el terreno. Ochenta y nueve resoluciones de la ONU sobre el conflicto palestino han sido aprobadas sin mayor efecto. Comenzando por la n√ļmero 242, que, pocos meses despu√©s de la ocupaci√≥n de Gaza y Cisjordania, en 1967, exig√≠a la retirada israel√≠ ‚Äúinmediata‚ÄĚ. La historia de la ONU es la historia de un organismo burocr√°tico que nunca se ha enfrentado al imperialismo y que, si alguna vez ha tenido √©xito, ha sido en crear vanas ilusiones de una legalidad y justicia internacionales.

El terrorismo sionista

La reacci√≥n del sionismo a esta ofensiva diplom√°tica palestina ha sido la pol√≠tica de hechos consumados y el histerismo. Han aprobado un plan de construcci√≥n de 1.100 nuevas viviendas para jud√≠os en Jerusal√©n; para m√°s inri, en el barrio de Gila, el arrabal elegido por la AP como futura capital palestina (en sustituci√≥n de Jerusal√©n Este).  En v√≠speras de la presentaci√≥n de la solicitud palestina, Netanyahu aument√≥ en 1.500 soldados los ocupantes de Cisjordania. El mismo d√≠a de la presentaci√≥n, el viernes 23 de setiembre, la polic√≠a militar israel√≠, colonos jud√≠os, y paramilitares fascistas, atacaron algunas de las manifestaciones pac√≠ficas celebradas en las principales ciudades cisjordanas (por ejemplo, las de Hebr√≥n y Bilin), as√≠ como la del paso de Kalandia. Tambi√©n han permitido las incursiones terroristas de colonos en Natzaret y otras ciudades del llamado Coraz√≥n de Galilea (zona israel√≠ de mayor√≠a palestina y asentamientos jud√≠os). Y parte de la derecha sionista (un sector del principal partido, el Likud, comenzando por su presidente, m√°s el partido de los ultraortodoxos sefard√≠es, el Shas), plantear√° a votaci√≥n en el parlamento israel√≠ la anexi√≥n directa de los territorios palestinos. Aunque esta medida no tiene ninguna posibilidad de ser aprobada, refleja bien la radicalizaci√≥n cada vez m√°s a la derecha del sionismo. Su enemigo no es tanto las maniobras diplom√°ticas de Ab√°s, ni mucho menos los cohetes que de vez en cuando caen desde Gaza, o incluso la reciente bomba en un autob√ļs militar israel√≠ (respondido con el bombardeo de Gaza, el asesinato de civiles y la muerte, tambi√©n, de varios militares egipcios). Las acciones de terror indiscriminado, por parte de peque√Īos grupos palestinos, sirven al sionismo para rehacer, aunque sea moment√°neamente, la precaria unidad nacional israel√≠ frente al enemigo com√ļn. No, realmente la amenaza m√°s inmediata del sionismo son las masas israel√≠es, que est√°n despertando a la lucha. Los sionistas no tienen margen para concesiones importantes, por eso necesitan exprimir al m√°ximo ‚ÄĒuna vez m√°s‚ÄĒ la coartada nacionalista, creando un clima de guerra en la sociedad para desviar la atenci√≥n. Sin embargo, esta estrategia est√° ya muy desgastada, despu√©s de medio siglo, y podr√≠a volverse en su contrario.
Existen las bases para un programa revolucionario

El movimiento de los indignados refleja la base objetiva que existe para un programa revolucionario, antisionista, entre los trabajadores y j√≥venes jud√≠os. El gobierno intent√≥ capear las extraordinarias movilizaciones creando una comisi√≥n para realizar recomendaciones. Su informe ha ca√≠do como un jarro de agua fr√≠a. Reconoce la necesidad de una escuela infantil p√ļblica desde los 3 a√Īos (y no como ahora desde los 5 a√Īos), medida ya aprobada pero no aplicada; la construcci√≥n de 200.000 viviendas para alquiler; subvenciones para alimentos b√°sicos; y as√≠, medidas que supondr√≠an invertir 6.000 millones de euros en cinco a√Īos. Pero a la vez, el informe de la comisi√≥n Trajtenberg admite que ese dinero s√≥lo podr√≠a detraerse de los presupuestos militares, lo cual, dice, no es f√°cil (por no decir que es imposible) teniendo en cuenta ‚Äútodas las amenazas que nos rodean‚ÄĚ. El 28 de octubre volver√°n las manifestaciones masivas.
La ocupación de los territorios palestinos, fuente de beneficios para el conglomerado capitalista-militar-político, sólo supone perjuicios para los trabajadores y jóvenes (aunque, claro, no al mismo nivel que para los palestinos). El agujero sin fondo del gasto militar mantiene enormemente retrasado el bienestar social, la sobreexplotación de palestinos en las fábricas israelíes, sin derechos, tira a la baja las condiciones laborales también para el judío, y encima los jóvenes deben realizar un largo servicio militar en tierra hostil, mientras el sector más sionista, base de la reacción (los ultraortodoxos), está exento de servir al ejército, e impone cada vez más su agenda integrista a una sociedad abrumadoramente laica.
El 69% de los israelíes considera que Israel debería aceptar el ingreso de Palestina en la ONU. De ellos, el 34% piensa que la reacción de Israel debe ser negociar la creación de un Estado palestino. Y el 35%, o sea, uno de cada tres israelíes, opina que se debería aceptar, unilateralmente, un Estado palestino en las fronteras de 1967. Los que defienden la anexión de los territorios ocupados o su invasión sólo son el 11%. Estos datos reflejan un potencial enorme para acabar con la ocupación, con la opresión nacional, acabando con la misma clase dominante que explota las rivalidades entre unos y otros para su dominio.
El 26% de los palestinos defiende el retorno a la lucha armada. Pero el 37% de ellos (54% en Cisjordania) prefiere las movilizaciones de masas y la resistencia no violenta como método para echar a Israel.
Es imprescindible un programa revolucionario, internacionalista, antisionista, que una a los jóvenes y trabajadores por encima de su origen nacional, que se base en la movilización masiva para expropiar a los capitalistas israelíes, y que, apoyándose en la extraordinaria palanca de la revolución árabe (empezando por las masas egipcias), haga bandera de una Federación Socialista de los países de la zona.

* Todos los porcentajes de este art√≠culo est√°n basados en la √ļltima encuesta de The Harry S. Truman Institute for the Advancement of Peace, realizada conjuntamente con la Universidad Hebrea de Jerusal√©n y con un organismo cisjordano, en septiembre pasado. http://truman.huji.ac.il/poll-view.asp?id=408

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