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Egipto: la revoluci贸n revive contra el r茅gimen militar PDF Imprimir E-mail
Escrito por Ulises Benito   
Lunes, 05 de Diciembre de 2011 12:26

egipto_movilizacionesDesde el 18 de noviembre, decenas, cientos de miles de j贸venes, de trabajadores, recuerdan al mundo, con la reocupaci贸n en la Plaza Tahrir, y con su lucha desigual frente al Ej茅rcito, que la Revoluci贸n en Egipto no ha acabado, que debe continuar hasta la consecuci贸n de todos los objetivos democr谩ticos y sociales. Cualquier intento por finiquitar el proceso revolucionario, sea por parte de militares, de islamistas, o de pol铆ticos bien conectados con el imperialismo (como Mohamed el Baradei, ex alto cargo de la ONU, o Amr Musa, ex secretario general de la Liga 脕rabe), tendr谩 como respuesta la determinaci贸n de las masas a luchar en la calle. El Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA), y su l铆der Mohamed Tantaui, se han desenmascarado definitivamente ante la poblaci贸n egipcia. La salvaje represi贸n, policial y militar, ha provocado decenas de muertos (41, s贸lo seg煤n los datos oficiales) y 1.500 heridos, demostrando, por la v铆a de las balas y de las torturas a los detenidos, que este r茅gimen militar es la continuaci贸n de la dictadura de Mubarak.
El viernes 18 una manifestaci贸n de familiares de los m谩rtires ca铆dos en la revoluci贸n de enero acab贸 con la instalaci贸n, de nuevo, de un campamento en la plaza Tahrir. La determinaci贸n de los miles de participantes la reflejaba Zahrar Kassem (hermana de Khaled Said, cuya tortura y asesinato marc贸 el inicio de la revoluci贸n): 鈥淰olveremos a Tahrir para recuperar nuestros derechos, o morir all铆鈥. Los polic铆as, deseosos de dar un escarmiento definitivo a los sectores m谩s avanzados de la revoluci贸n, reprimieron a sangre y fuego. Las tiendas de campa帽a fueron incendiadas y los manifestantes dispersados con balas, y no s贸lo de goma. Hay sospechas de la utilizaci贸n de gas mostaza, y de hecho hay casos de muerte por asfixia. A diferencia de en enero, esta vez hubo implicaci贸n total, desde el primer momento, del Ej茅rcito. La prensa refleja c贸mo un oficial del Ej茅rcito fue llevado en hombros en la plaza por negarse a reprimir. Toda la madrugada hubo una lucha constante, con el resultado de 12 muertos por la represi贸n. Pero el movimiento pudo recuperar finalmente la plaza. Al d铆a de escribir este art铆culo, las fuerzas de represi贸n no han podido impedir el mantenimiento de la acampada.
A pesar de la manipulaci贸n de los medios de comunicaci贸n, y del intento de movilizar a los sectores m谩s atrasados, la lucha no ha quedado aislada. Muy al contrario, manifestaciones de masas se han sucedido en Ismailia, Alejandr铆a, Suez y las principales ciudades, y el lunes 21 se celebr贸 la mayor manifestaci贸n desde la ca铆da de Mubarak, quiz谩s con un mill贸n de participantes. Una nueva movilizaci贸n masiva inund贸 la zona de Tahrir el viernes 25 de noviembre.
hermanos_musulmanesEl r茅gimen acus贸 el golpe. El gobierno de Essam Sharaf tuvo que presentar la dimisi贸n al CSFA. 脡ste, despu茅s de denigrar a los manifestantes, acus谩ndoles de boicotear las elecciones cuyo inicio estaba previsto para el lunes 28, tuvo que poner su cara amable el martes 22, el d铆a despu茅s de la gran manifestaci贸n. Tantaui acept贸 la renuncia del Gobierno, prometi贸 buscar a los culpables de la represi贸n, y manifest贸: 鈥淓l Ej茅rcito est谩 completamente preparado para entregar inmediatamente el poder (鈥) si la naci贸n lo desea, a trav茅s de un refer茅ndum si es necesario鈥. Pero esta palabrer铆a s贸lo se concreta en la permanencia del poder militar hasta, al menos, julio, mes de las elecciones presidenciales (su pretensi贸n declarada era mantenerse hasta finales de 2012 o 2013). Una aut茅ntica burla hacia los manifestantes, que as铆 se lo tomaron. Para sustituir a Essam Sharaf, los militares colocaron a Kamal Ganzuri, que fue ya primer ministro con Mubarak entre 1996 y 1999. El nombramiento de este nuevo t铆tere tampoco ha contentado a Tahrir.
El viernes 25, d铆a de la segunda gran manifestaci贸n, el poder intenta movilizar su base social, con un magro resultado: unos pocos miles de manifestantes frente a los cientos de miles que exigen la retirada del CSFA. Ese mismo d铆a, la Casa Blanca, temiendo la radicalizaci贸n de la Revoluci贸n, expresa el deseo de que 鈥渟e realice cuanto antes una completa transferencia de poder a un Gobierno civil鈥. El d铆a siguiente, Tantaui se re煤ne con Amr Musa y El Baradei para intentar llegar a un acuerdo y ganar tiempo.

La experiencia del r茅gimen militar

Durante los meses que van de febrero a diciembre, los egipcios han podido comprobar lo que puede dar de s铆 el nuevo r茅gimen, un r茅gimen militar que combina las vagas y lejanas promesas democr谩ticas con la misma pol铆tica de opresi贸n y represi贸n de Mubarak. Empezando por Tantaui (conocido como el 鈥減errito faldero鈥 de Mubarak durante la dictadura), todo el aparato pol铆tico, burocr谩tico y policial del Estado proviene de la dictadura mubarakista. En estos meses se han realizado ni m谩s ni menos que 12.400 juicios militares a civiles, a cientos simplemente por permanecer en Tahrir y 鈥渄esobedecer a las autoridades鈥 antes de la ca铆da de Mubarak. Un bloguero est谩 en la c谩rcel condenado a tres a帽os por 鈥渋nsultos al Ej茅rcito鈥; el 20 de noviembre llevaba dos meses en huelga de hambre. Por otra parte, el salvajismo de las torturas de polic铆as y militares ha sido sobradamente documentado. Estos datos contrastan con el juicio al dictador, que con su ej茅rcito de mil abogados y sus v铆nculos con el poder actual ha conseguido aplazar una y otra vez las vistas.
Otro rasgo distintivo del gobierno militar ha sido la represi贸n de la lucha obrera, ampar谩ndose en una salvaje ley anti-huelgas que incluso criminaliza la actividad sindical. Pese a ello, el CSFA no ha podido impedir la actividad huelgu铆stica, que tuvo un punto de inflexi贸n en septiembre (con cientos de miles de obreros participando en paros, manifestaciones, ocupaciones鈥). En Mahalla, principal centro industrial egipcio, tuvieron que desplegar tanques. En una importante f谩brica de Suez los trabajadores han hecho en noviembre un llamamiento a una huelga general indefinida. Los obreros de Aceites y Lino Tanta ocuparon la f谩brica el 13 de noviembre para exigir su renacionalizaci贸n (sentenciada por los jueces pero ignorada por las autoridades). Y los 700 trabajadores de Indorama Shebin al Kom ocuparon la delegaci贸n del Gobierno en Munifiya con las reivindicaciones de la renacionalizaci贸n y la mejora de sus condiciones salariales y laborales.
egipto_eleccionesLa detentaci贸n militar del poder est谩 determinada por la absoluta simbiosis de la c煤pula castrense con Mubarak y su c铆rculo m谩s cercano, lo que le ha permitido el control del 25% del PIB a trav茅s de una red de empresas de todo tipo. Para mantener el control m谩s all谩 de supuestas elecciones democr谩ticas, est谩n intentando imponer las llamadas 鈥渘ormas supraconstitucionales鈥, que deber谩n prevalecer por encima de cualquier cambio constitucional. Estas normas les blindar铆an con diferentes medidas, como la designaci贸n militar de una parte de los diputados o el mantenimiento en secreto de los presupuestos castrenses.


Las elecciones y los islamistas

Las propias elecciones actuales son un reflejo de esa intenci贸n. 脡stas, iniciadas el lunes 28 de noviembre, no acabar谩n hasta marzo, tiempo suficiente para poder presionar y maniobrar fraudulentamente en caso necesario. A pesar de sus limitaciones, era evidente que habr铆a una explosi贸n de participaci贸n en los comicios. Esto no supone ninguna contradicci贸n con el apoyo a los luchadores de Tahrir y con la cr铆tica a los militares, aunque s铆 recalca la labor que tiene por delante cualquier grupo que se considere revolucionario: llegar a las masas 鈥攜 en primer lugar a las masas obreras y juveniles鈥 a trav茅s de un programa de ruptura con la herencia del r茅gimen mubarakista, con el capitalismo y con el imperialismo.
Los medios de comunicaci贸n dan por hecha la victoria de Libertad y Justicia (FJP), el brazo pol铆tico de los Hermanos Musulmanes. Es probable. Este partido se presenta en coalici贸n con otros, incluyendo alguno naserista, y frente a otros tres bloques: el de los salafistas (el sector islamista ideol贸gicamente pr贸ximo a Al Qaeda, y por tanto la reacci贸n m谩s extrema), el Bloque Egipcio (coalici贸n de los naseristas integrados en el r茅gimen de Mubarak, liberales y socialdem贸cratas), y Continuar la Revoluci贸n (el grupo m谩s vinculado a la revoluci贸n de enero, de entre los que se presentan; incluye a naseristas de izquierda, la Coalici贸n de la Juventud Revolucionaria 鈥攓ue jug贸 un papel central en la movilizaci贸n鈥, la Corriente Egipcia 鈥攅scisi贸n de los J贸venes Hermanos Musulmanes, fruto de la influencia de la revoluci贸n sobre su base鈥, y socialdem贸cratas).
El terreno del parlamentarismo burgu茅s no es el m谩s id贸neo para expresar la fuerza de la conciencia revolucionaria. En esas condiciones, una parte importante de las masas puede expresar, con el voto a los Hermanos Musulmanes, una forma incompleta, amorfa, de oposici贸n al r茅gimen, y a la mayor铆a de los grupos pol铆ticos, que no son otra cosa que los restos resecos y camuflados del Partido Nacional Democr谩tico, la estructura pol铆tica de la dictadura. De alguna forma, para una gran parte de las masas despose铆das, especialmente la que est谩 menos en contacto con el movimiento obrero, el voto a los Hermanos es un reflejo de su mentalidad todav铆a confusa; saben lo que no quieren, no lo que quieren, y se refugian en el 煤nico partido que pueden conocer con una aparente coherencia y fuerza. La evoluci贸n de estos sectores hacia la revoluci贸n, o hacia la contrarrevoluci贸n, depende en gran parte de la existencia de un programa netamente socialista y de la fuerza del movimiento obrero.
Sin embargo, para los sectores de vanguardia de la revoluci贸n (y esto implica a decenas o centenares de miles de j贸venes y trabajadores), el papel de los islamistas es bastante evidente, hasta tal punto que Mohamed Beltayi, el dirigente de Libertad y Justicia, fue expulsado de la plaza Tahrir, el jueves 24, acusado de oportunismo, ya que hasta ese momento su partido no hab铆a participado en la movilizaci贸n. Los Hermanos Musulmanes s贸lo pretenden hacerse un hueco (mejor dicho, aumentar el hueco que ya tienen) dentro de la clase dominante, compartiendo con los imperialistas, los militares y otros sectores el control de la econom铆a capitalista.
plaza_tharir_de_nocheLas elecciones no van a dar m谩s estabilidad al pa铆s milenario. Ni el Ej茅rcito ni un gobierno burgu茅s de cualquier color van a solucionar la dram谩tica ca铆da de ingresos, ni van a acabar con las huelgas y luchas, y por tanto tampoco con la represi贸n. No van a depurar el Ej茅rcito, la polic铆a o el Estado. Ni pueden mejorar las condiciones de vida de la mayor铆a, ni permitir el libre ejercicio de los derechos democr谩ticos. Inevitablemente, un sector importante de las masas, ayudado por su propia experiencia, pondr谩 en cuesti贸n la existencia misma del capitalismo egipcio, cimiento sobre el que se asienta el actual r茅gimen bonapartista.
De los sindicatos independientes pueden surgir los n煤cleos de lo que podr铆a ser un partido revolucionario. Para ello es imprescindible ligar las reivindicaciones democr谩ticas, como el fin del tutelaje militar, el derecho de huelga y asociaci贸n (cada partido, para legalizarse, debe demostrar tener mil militantes y una cantidad exagerada de fondos), la libertad de cultos y la separaci贸n religi贸n-Estado, o la depuraci贸n del Estado, con las reivindicaciones sociales y con la necesidad de nacionalizar o renacionalizar el grueso de la econom铆a.

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