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voz_dormida_cartelEn 2002 la ya fallecida Dulce Chacón publicaba su mejor novela: La Voz Dormida, una apasionada denuncia de la represión franquista que siguió tras el triunfo del levantamiento fascista y la derrota de la Revolución Española. A través de las vivencias de un grupo de mujeres, el libro es todo un homenaje a todas las mujeres que sufrieron el terror bajo la dictadura de Franco, uno de los colectivos más castigados por el fascismo. Este otoño se estrenó su adaptación al cine de la mano del director Benito Zambrano. Sin ser una adaptación completamente fiel al libro, la película refleja muy bien algunas de las barbaridades habituales del fascismo. Especialmente intensa y realista es la descripción del ambiente que había en las cárceles franquistas, por ejemplo cuando se producía una saca de mujeres, para su posterior fusilamiento: los vínculos de solidaridad creados por la convivencia en la reclusión se transformaban en dolor colectivo cuando las compañeras eran llamadas para ser fusiladas. Las reclusas conformaban verdaderas familias en las cárceles, apoyándose unas a otras, organizándose en condiciones extremadamente duras y de gran represión y vigilancia; reuniéndose y difundiendo la prensa de sus correspondientes partidos, teniéndose que comer en ocasiones los papeles escritos, cuando las funcionarias registraban las celdas… También el procedimiento judicial que seguían los fascistas en los juicios sumarísimos, y en la propia cárcel, cuando comunicaban a las acusadas la petición del fiscal, momento en el que las acusadas no podían defenderse. “Juzgadas” por militares fascistas,  se aprovechaban del analfabetismo de muchas de las reclusas para hacerles firmar las acusaciones que ellos querían, a la mayoría el delito de “adhesión a la rebelión”. No era más que un montaje para fusilarlas. El abogado defensor se limitaba a pedir la rebaja en un grado de la pena impuesta, admitiendo la culpabilidad de sus “defendidas”.
Otro aspecto que denuncia la película es el drama que vivían los familiares de los presos. No se les informaba de los procesamientos. Se enteraban,  cuando  ya los habían fusilado. Sin olvidar el régimen de visitas que tenían que soportar, viendo a sus familiares en una sala concurrida de gente, teniendo que gritar para hacerse oír, y separados por un pasillo por donde se paseaba una funcionaria, que vigilaba las conversaciones, los objetos y las cartas que los familiares pasaban a las presas. Los familiares sufrían tremendas dificultades cuando trasladaban a sus presos a otra población. Muchas  veces  sólo podían verse una vez al año por falta de medios económicos para trasladarse. En la película, se mezclan frases de mujeres que existieron realmente, represaliadas por el régimen fascista, puestas en boca de los personajes de ficción, un ejemplo es el momento en que una de las protagonistas es llamada para fusilar, y ante la tranquilidad que mostraba al vestirse, la funcionaria nerviosa la presiona para que se dé prisa, a lo que la penada le contesta: “Déjeme tranquila, ¿no ve que me estoy poniendo mi propia mortaja?”. También quedan muy bien expuestos los métodos de tortura a los que eran sometidos los detenidos: anillas eléctricas en los pezones a las mujeres y en los genitales a los hombres, palizas hasta dejar inconsciente al detenido, con el fin de conseguir una confesión falsa con la que poder encausarlos… En definitiva, su objetivo era exterminar, no sólo a cualquier persona que se hubiera opuesto, mediante acción u omisión, al levantamiento militar fascista, sino también a sus familiares y conocidos.
La Voz Dormida resalta la esperanza que tenían, tanto las presas y presos, como los militantes  clandestinos, de que con la incipiente Segunda Guerra Mundial en Europa, una vez vencido el fascismo alemán, las llamadas “potencias democráticas” acabarían con Franco. Como sabemos los capitalistas angloamericanos no sólo no terminaron con Franco, sino que le convirtieron en un gran aliado. Ninguno de los dirigentes de las principales organizaciones obreras españolas fue capaz de anticipar o explicar estos acontecimientos, desarmando ideológicamente a la resistencia antifranquista. Sin embargo, muchos guerrilleros permanecían en los montes, a la espera de instrucciones del PCE en el extranjero, para derrotar al régimen. La actuación de los maquis queda en la novela mucho más definida que en la película.
voz_dormida_libroPero además en la adaptación cinematográfica se introducen ideas y planteamientos que el libro de Dulce Chacón nunca plantea: el director Zambrano pone en boca de los protagonistas sentencias del tipo “nunca debería haber pasado”. Es la idea reaccionaria de la “reconciliación nacional”. Como sucedió con la adaptación de la novela Las Trece Rosas, sectores de la intelectualidad progresista tratan de demostrar machaconamente que la guerra fue un “conflicto entre hermanos” para diluir el carácter anticapitalista y revolucionario que tuvo la lucha contra el fascismo. La propia burguesía hoy en día, comprende que tantos años después no se trata de “reconciliación nacional”, sino de mantener la impunidad de los fascistas y de sus cómplices así como manipular la historia para que las nuevas capas de trabajadores y jóvenes no conozcan lo que realmente sucedió. En los años 30 la clase obrera se levantó contra la opresión capitalista. La burguesía, los terratenientes y la Iglesia, apoyados por las potencias imperialistas, aplastaron de la manera más sangrienta y brutal la revolución.
En los últimos años, se está publicando numeroso material, sobre todo novelas —y también las adaptaciones al cine de estos textos—, centradas en recuperar la memoria histórica. Pero estas producciones de la intelectualidad progresista son un reflejo del ambiente que se cuece entre la juventud y la clase obrera: un cuestionamiento creciente del sistema capitalista, del régimen político y social del Estado español y de la búsqueda de la verdadera historia y de los verdaderos héroes de los años 30 para reivindicarlos y emularlos: los proletarios, milicianos, maquis, activistas y luchadores antifascistas que dieron su vida por acabar con la opresión y la tiranía.