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El pasado mes de diciembre terminó oficialmente la presencia del imperialismo norteamericano en Iraq, aunque mantendrá en la región 50.000 soldados en diferentes bases. El balance de la intervención no puede ser más penoso: un gasto total de tres billones de dólares para las arcas estadounidenses, contribuyendo al enorme déficit público, cerca de 4.000 soldados muertos y otros 30.000 heridos. Ha tenido que salir por la puerta de atrás, dejando un rastro de destrucción y muerte que costará décadas reparar, con centenares de miles de muertos, cerca de cinco millones de desplazados internos, además de la destrucción del legado cultural iraquí.

EEUU lejos de sus objetivos

¿Logró EEUU los objetivos que se marcó con la intervención? Lejos de apuntalar el poder del imperialismo norteamericano en el país y en la zona, lo que queda es un gobierno débil. El régimen iraquí es un régimen criminal, que se mantiene sobre la base de la división en líneas sectarias del país y que es uno de los más corruptos del mundo, corrupción alentada por el imperialismo norteamericano. La salida de Iraq significa que el peso iraní aumenta y que el imperialismo, en vez de tener un país gobernado y seguro para sus intereses, ha conseguido todo lo contrario, entregarlo a uno de sus mayores enemigos. Iraq está lejos de ser un régimen democrático, recientemente el propio presidente del parlamento iraquí lamentaba la penosa situación de los derechos humanos en el país, que eran continuamente violados por el Estado, las milicias y los particulares.

Inestabilidad y peligro de guerra civil

La inestabilidad va a continuar, la salida de las tropas de EEUU fue respondida con un atentado con coche bomba en Iraq que costó la vida a 70 personas. Al mismo tiempo, las tensiones en líneas sectarias se han incrementado con la orden de detención el 19 de diciembre del vicepresidente suní del país, Tareq al Hashemi, por parte del presidente Al Maliki, se le acusa de organizar actos terroristas. Con el fin de mantener la división sectaria, la presidencia, el cargo de primer ministro, los dos vicepresidentes y los dos viceprimeros ministros se reparten entre chiíes, suníes y kurdos. La situación ha llegado a tal extremo que el ex primer ministro Allawi denunciaba que tras la salida norteamericana, el país podría encaminarse hacia una sangrienta guerra civil. La salida que proponía Allawi para detener esta situación era el regreso de las fuerzas norteamericanas.
El imperialismo norteamericano es el principal causante de esta situación en Iraq. Sólo la lucha por la unidad del pueblo Iraquí por encima de diferencias nacionales, exacerbadas por los enemigos de la clase obrera y los pobres, puede poner fin a la barbarie que trajeron consigo las tropas imperialistas. Esta unidad deber orientarse a la lucha por el socialismo, que es el único medio de mejorar las condiciones de vida de las masas e impedir que la enorme riqueza del país sea saqueada por potencias extranjeras o camarillas corruptas.
Existe el potencial para terminar con la división sectaria y conjurar el peligro de guerra civil. El resultado de las elecciones de 2010 mostró el rechazo de la mayoría de la población a la división sectaria, en un país en que han coexistido durante décadas kurdos, suníes y chiíes. Bajo el calor de la revolución árabe, cuyas primeras llamas ya prendieron en Iraq en febrero de 2011, (movilizaciones reprimidas y que obligaron a instaurar el toque de queda en todo el país) nuevas movilizaciones de masas surgirán contra el aparato estatal y el régimen de milicias sectarias creado por EEUU e Irán.