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Unificar las luchas de los trabajadores palestinos e israelíes PDF Imprimir E-mail
Jueves, 06 de Noviembre de 2003 01:00
En el √ļltimo mes hemos asistido a un importante crecimiento del terrorismo de estado que practica el gobierno israel√≠ con el objetivo de aplastar en sangre y terror la resistencia del pueblo palestino. En el √ļltimo mes hemos asistido a un importante crecimiento del terrorismo de estado que practica el gobierno israel√≠ con el objetivo de aplastar en sangre y terror la resistencia del pueblo palestino.

En su continua catarata de provocaciones destaca la continuación, a toda prisa, de la construcción del muro con el que pretende separar Cisjordania de Israel. Un muro racista, ni siquiera sobre las fronteras de 1967, sino un muro que roba y anexiona a Israel una importante porción de Cisjordania donde se hallan 145 asentamientos judíos y varios acuíferos.

Tambi√©n ha continuado la construcci√≥n de nuevos edificios para agrandar los asentamientos (en lo que va de a√Īo 1.394 en 226 asentamientos) y s√≥lo en octubre ha anunciado la construcci√≥n de otros 900.

Todas estas provocaciones originaron la habitual respuesta en forma de hombres-bomba de la Yihad, que a primeros de octubre se llevaron por delante a 19 personas en Haifa.

La respuesta israel√≠ no dejo lugar a dudas. Por primera vez desde hace 30 a√Īos aviones israel√≠es bombardearon un campo de refugiados palestinos en suelo de Siria ante la mirada complacida de EEUU. A los pocos d√≠as nuevas operaciones de castigo se cebaban con los campos de refugiados de Gaza.

En Rafa, 200 tanques arrasaban la poblaci√≥n, asesinando a ocho civiles (dos de ellos ni√Īos) y derrumbaban 150 casas, dejando en la calle a m√°s de 2.000 personas.

‚ÄúEn pocos minutos el n√ļmero 231 de la calle Salahadin se vino abajo, dejando sin techo a cuatro familias, algo m√°s de 30 personas, entre ellas una decena de ni√Īos. Hab√≠an vivido all√≠ durante los √ļltimos 56 a√Īos, cuando se instalaron procedentes de la aldea de Yibna, en Cisjordania, de la que fueron expulsados por los israel√≠es en 1948. La ofensiva mort√≠fera no hab√≠a hecho m√°s que empezar. (‚Ķ) Las excavadoras y los tanques, en su recorrido por la zona abrieron zanjas profundas y cortaron de cuajo las conducciones de agua, electricidad y tel√©fono‚ÄĚ (El Pa√≠s 14/10/03).

Los mismos hechos se repet√≠an el 26 de octubre en la localidad de Al-Zahar. Trece bloques de viviendas fueron desalojados de madrugada para inmediatamente ser volados, dejando sin casa a 5.000 personas. La justificaci√≥n en este caso: represalia por el asalto de un comando palestino el d√≠a anterior en el que murieron tres soldados. ¬ŅPuede alguien encontrar alguna diferencia entre esta forma de actuar y la del ej√©rcito nazi en la Segunda Guerra Mundial?

Crisis social y económica en Israel.

Huelga general

contra los recortes

Sharon quiere la inmediata rendición de la Intifada. Es consciente que sólo con la derrota de este movimiento, podría obligar a la Autoridad Palestina a aceptar como solución al conflicto una ficción de estado títere en Gaza y en el 60% de Cisjordania.

Las condiciones irrealizables que exige para retomar el dialogo no son sino una provocaci√≥n m√°s: ‚ÄúPrimero los terroristas deben ser detenidos, interrogados y castigados. Segundo deben ser desmanteladas las organizaciones terroristas Yihad, Hamas, FPLP, frente Democr√°tico. Tercero, sus armas ser√°n incautadas y entregadas a una tercera parte, que solo puede ser EEUU, y destruidas‚ÄĚ (El Pa√≠s, 16/10/03).

Pero parece que no sólo se trata del conflicto con Palestina. La prolongación de la actual situación responde también a un intento por desviar la atención del conflicto social interno.

La economía israelí no levanta cabeza y sigue en recesión. El 20% de la población está bajo el umbral de pobreza. El coste de las aventuras militares y de la construcción del muro (1.500 millones de dólares) saldrá de los bolsillos de la clase obrera. Mantener el odio chovinista parece seguir siendo la fórmula de un sector de la burguesía israelí para conservar el control de la situación y tratar de desviar la atención del creciente malestar provocado por la política de recortes salariales y gastos sociales. Sin embargo esta vieja receta también tiene sus límites, como refleja el creciente movimiento de protesta protagonizado por la clase obrera israelí.

Ya antes del verano el Histadrut ‚ÄĒsindicato de la clase obrera en Israel‚ÄĒ convoc√≥ a la huelga general, para desconvocarla despu√©s de una serie de promesas del gobierno que r√°pidamente han sido incumplidas. Desde el jueves 23 de octubre los trabajadores de aeropuertos, puertos, bancos y transporte, est√°n llamados a la huelga contra la pol√≠tica de recortes salariales. La presi√≥n ha ido en aumento y la huelga contra la pol√≠tica econ√≥mica del gobierno (en concreto contra la reforma de las pensiones y el subsidio de desempleo) convocada por el Histadrut se convirti√≥ en general en todo el sector p√ļblico el 3 de noviembre, precedida de una macro manifestaci√≥n en Tel-Aviv, el domingo 2 de noviembre, de m√°s de 100.000 asistentes que tambi√©n clamaban por la paz. El ministro de Econom√≠a, y ex primer ministro, Netanyahu, ha tenido que recurrir a todo tipo de leyes represivas para tratar de minimizar los efectos de la huelga y que √©sta se quedase en cuatro horas. El Histadrut ha respondido planteando que la de 24 horas s√≥lo queda aplazada.

Declaración de Ginebra

Otros sectores ven los riesgos y el descontento que genera la pol√≠tica de Sharon y tratan de buscar nuevas v√≠as. As√≠ se entiende la muy publicitada reuni√≥n en Ginebra entre intelectuales, ex ministros laboristas y dirigentes de Fatah, que culmin√≥ con una declaraci√≥n saludada por los sectores ‚Äúprogresistas‚ÄĚ como un paso hacia el final del conflicto y que tambi√©n apoya el Partido Comunista Israel√≠. Nada nuevo bajo el sol. Se tratar√≠a de retomar las negociaciones donde las dejaron Barak y Arafat hace tres a√Īos, aceptando los palestinos, como algo inevitable, que los millones de refugiados no puedan volver nunca a su tierra. El ‚Äúpeque√Īo‚ÄĚ problema es que precisamente este tipo de claudicaciones fueron las que hicieron estallar la Intifada. S√≥lo tras una sangrienta derrota y con una previsible guerra civil de por medio se podr√≠a imponer esta humillaci√≥n.

Como vemos, tanto la pol√≠tica salvaje de Sharon como la negociadora y civilizada de sectores del laborismo israel√≠, son dos medios para llegar a un mismo final: la renuncia de las hist√≥ricas reivindicaciones nacionales del pueblo palestino. Las diferencias son cuestiones de matiz (‚Äú¬Ņcuanta porci√≥n de Cisjordania estamos dispuestos a devolver a los palestinos?‚ÄĚ).

¬ŅQue alternativa hay

para la lucha palestina?

Frente a ello ¬Ņqu√© nos encontramos en el bando palestino? Por un lado, las divisiones y crisis en el gobierno de Arafat contin√ļan tras la salida de Abu Mazen. Desde entonces se ha constituido un gabinete de crisis con Abu Ala como primer ministro. La base de esta crisis la explic√°bamos en el n√ļmero 164 de El Militante: ‚ÄúArafat es el Bonaparte de la situaci√≥n, oscilando continuamente entre los sectores partidarios de mantener la Intifada y los liquidacionistas. Sus v√≠nculos con el movimiento le hacen comprender que plegarse sin m√°s a los designios USA significar√≠a ponerse la soga al cuello, pol√≠tica y personalmente.

‚ÄúPor esto Arafat no es de fiar para Israel. Estas contradicciones ten√≠an que acabar estallando y as√≠ ha sido con la dimisi√≥n de Mazen. Ahora la patata caliente la tiene Arafat. Israel ya ha declarado que la expulsi√≥n de Arafat de Palestina es algo inevitable. Es probable que cumplan su amenaza si EEUU no los frena por miedo a las consecuencias de semejante acci√≥n. Arafat est√° en un callej√≥n sin salida, √©l es el responsable de la actual situaci√≥n. Su pol√≠tica en la √ļltima d√©cada es lo que ha fracasado rotundamente, deposit√≥ las aspiraciones palestinas en manos del imperialismo USA y as√≠ le ha ido. Abu Mazen no es sino una criatura y una consecuencia l√≥gica de su pol√≠tica.

‚ÄúAhora no tiene salida, si apoya la Intifada Israel lo echar√°, si propone un nuevo primer ministro moderado que cuente con el visto bueno occidental, lo sucedido con Mazen tarde o temprano se reproducir√°. De hecho parece que el designado es Abu Al√°; baste se√Īalar que es due√Īo de una empresa que vende cemento para la construcci√≥n de asentamientos‚ÄĚ.

Ahora, tal y como preveíamos, la situación se reproduce, con enfrentamientos entre Arafat y su nuevo primer ministro, Abu Alá, por el control de la policía palestina e intentos desesperados por parte de este para conseguir una nueva tregua de Hamas, Yihad y FPLP que demostrase su buena disposición a EEUU, en manos de quién siguen dejando la tarea de conseguir un acuerdo con Israel.

La tregua se podr√≠a conseguir, pero acabar√≠a como la del verano, saltando por los aires. Del lado de los que mantienen la lucha no se ofrece ninguna alternativa. Por supuesto √©sta no va a venir de fuerzas reaccionarias como Hamas o Yihad; pero lo lamentable es la postura de los grupos de izquierda como el Frente Popular de Liberaci√≥n de Palestina: ‚ÄúLa alternativa pol√≠tica a la Hoja de Ruta y la visi√≥n pol√≠tica realista que podr√≠a regular la lucha de la Intifada consiste en: a) instar a la comunidad internacional a asumir sus responsabilidades y ejercer sus presiones sobre Israel para que cese su agresi√≥n contra nuestro pueblo; b) asegurar la protecci√≥n temporal a nuestro pueblo mediante una supervisi√≥n internacional provisoria, etapa transitoria hacia la construcci√≥n de las instituciones de nuestro estado palestino independiente y democr√°tico; y c) convocar una conferencia internacional bajo los auspicios de ONU, con plenos poderes y cuya tarea ser√≠a el establecimiento de mecanismos para que Israel cumpla con las resoluciones de legalidad internacional (‚Ķ)‚ÄĚ (Ahmad Saadat, secretario general del FPLP, art√≠culo escrito desde la c√°rcel el 23 de septiembre de 2003).

Esta postura es la receta acabada para la más lamentable de las derrotas. La respuesta del FPLP a las claudicaciones de Arafat es un gobierno de unidad nacional con los reaccionarios fundamentalistas y confiar en el imperialismo europeo y la ONU para que obliguen a Israel a retirarse. Pensar que la misma ONU que legitima la ocupación imperialista de Iraq, va a mandar tropas a defender a loa palestinos es como creer en los reyes magos.

La liberaci√≥n nacional y social del pueblo palestino no vendr√° de la mano de componendas diplom√°ticas, ni de presuntas presiones americanas a Israel. Los m√©todos del coche u hombre bomba, la perspectiva estrechamente nacionalista o, peor a√ļn islamista, son una receta para el fracaso. No hay liberaci√≥n nacional posible sin liberaci√≥n social. S√≥lo una Intifada genuinamente de masas armada con un programa socialista podr√° ganar a la clase obrera israel√≠ para su causa y acabar con la pesadilla. S√≥lo hay salida en la perspectiva de una Federaci√≥n Socialista de Palestina e Israel.

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