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El 1 de mayo, George W. Bush, daba por terminada de forma oficial la guerra contra Iraq y anunciaba el inicio de la posguerra. Un mes después, las dificultades del imperialismo americano para controlar la situación y reestablecer un gobierno títere p El 1 de mayo, George W. Bush, daba por terminada de forma oficial la guerra contra Iraq y anunciaba el inicio de la posguerra. Un mes después, las dificultades del imperialismo americano para controlar la situación y reestablecer un gobierno títere pero con una cierta autoridad entre la población iraquí, no han cesado.

Que los militares angloamericanos no iban a ser tratados como libertadores por el pueblo iraquí era algo que se veía venir desde los primeros días de la ocupación, y esto ya está pasando factura a la administración USA. Jay Garner, la máxima autoridad en Iraq, y la responsable de Servicios Básicos en Bagdad han sido destituidos. Mientras, el capitán David Connely habla de que “existen todavía bolsas de resistencia” que lanzan ataques, emboscadas, etc. contra el ejército de ocupación. Al menos 20 soldados americanos han muerto y unas decenas han sido heridos desde el fin de la guerra en ciudades como Faluga, Ramadi, Hit, Hadithah, Bagdad... Para el general Mckiernan “son acciones de combate, no ataques criminales” porque “la guerra no ha terminado”. Las tropas americanas están en máxima alerta en previsión de nuevos ataques.

En Basora, la mitad de la población no tiene agua potable y los cortes de luz son constantes. Esto ocurre ante los ojos de los 25.000 soldados británicos que mantuvieron sitiada la ciudad durante más de dos semanas y que hoy siguen allí. Según Graham Grinns, comandante de la 7ª Brigada Acorazada, si las cosas no mejoran es posible que haya un rebelión. En Bagdad, miles de personas se manifestaron exigiendo la retirada de las tropas de ocupación y exigiendo un gobierno de transición iraquí. En Nayaf, el rechazo a la autoridad impuesta por EEUU y las manifestaciones encabezadas por los islamistas chiíes son un hecho, siendo la sede del Consejo de la Revolución Islámica en Iraq desde donde se gobierna realmente. El líder chiíta, Al-Hakim, avisaba también de la posibilidad de un “estallido social” si la situación sigue como hasta ahora. Y es que, por ejemplo, los pensionistas y funcionarios del Estado (más de tres millones) no reciben sus salarios desde enero o febrero de este año, a la vez que los precios de los productos básicos se han disparado: un kilo de carne que a principios de abril costaba medio dólar, a finales de mayo llega a los seis dólares.

La ONU apoya la ocupación

militar de Iraq

Para levantar la economía iraquí se habla de al menos dos años y se calcula en más de 70.000 millones de dólares las inversiones necesarias para reflotar el sistema de extracción y refinado del crudo, algo clave para la economía iraquí. EEUU necesita empezar a exportar petróleo lo antes posible para hacer frente a los gastos de reconstrucción del país y para ello necesita que se levanten las sanciones. La administración Bush ya se ha puesto manos a la obra consiguiendo que, el pasado 22 de mayo, se aprobara en el Consejo de Seguridad de la ONU, por 14 votos a favor y ninguno en contra, una resolución — la 1.483 — que pone fin a las sanciones económicas contra Iraq (excepto el embargo de armas), avala la ocupación de Iraq, sin poner ninguna fecha tope, y legitima a EEUU y Gran Bretaña como máxima autoridad en Iraq dándoles plenos poderes en la reconstrucción del país.

Si por parte de gobiernos como los de Francia, Rusia, China, o Alemania se escucharon críticas al imperialismo americano y se posicionaron en contra de la guerra, desde luego no fue por motivos pacifistas, ni por defender los derechos humanos, sino para defender con más fuerza sus negocios y no perder su influencia en esta zona del mundo. De hecho, países como por ejemplo, Francia o Rusia tienen fuertes intereses en Iraq. Las empresas de estos países tenían firmados contratos con el régimen de Sadam para explotar el petróleo cuando se levantara el embargo. El estallido de la guerra les ponía en una situación de partida peor ante EEUU que pasaría a controlar directamente el país.

Sin embargo, una vez que ha terminado la guerra vemos como todos esos lamentos y gritos hipócritas que hablaban de que era una “guerra ilegal” se han terminado. Los distintos gobiernos burgueses han negociado con EEUU las condiciones más ventajosas posibles para sus negocios a cambio de su voto en el Consejo de Seguridad que legitime la presencia de las tropas de ocupación del imperialismo americano. El texto de la resolución 1.483 reconoce que serán EEUU y Gran Bretaña quiénes gestionen el petróleo iraquí. Además, se creará un Fondo de Desarrollo (al que la ONU, de momento, aportará 1.000 millones de dólares) que será supervisado y auditado por la ONU, el FMI, el BM y el Fondo árabe para el Desarrollo Social y Económico. Las promesas de Bush que anunciaban que “el petróleo sería para el pueblo iraquí” se han quedado en eso y, por supuesto, las multinacionales se dedicarán al expolio de las riquezas del pueblo iraquí. A la vez, Israel participará en la reconstrucción iraquí con contratos con empresas del sector de las telecomunicaciones, agricultura y electrónica, adquiriendo un papel que no tenía antes. Con la ocupación de Iraq EEUU garantiza que los intercambios comerciales serán en dólares, cortando la tendencia, reflejada en Iraq, Irán y otros países, a utilizar el euro como moneda de referencia.

A cambio del apoyo a esta resolución, EEUU ha dado unas cuantas migajas a sus amigos de la Vieja Europa. Así, ha permitido que los contratos firmados por Francia y Rusia por valor de 300 y 1.500 millones de dólares, respectivamente, con el Gobierno de Sadam se mantengan por lo menos en parte. Además, la Resolución 1483 establece la obligación de Iraq de pagar su deuda que, según el Centro Internacional de Estudios Estratégicos, alcanza los 127.000 millones de dólares, siendo los principales beneficiados países como Rusia (al que se le adeudan más 8.000 millones de dólares), China, Francia y Alemania.

Ahora los capitalistas tratan de lavar la imagen de la ONU, que participará con un “enviado especial” en la reconstrucción iraquí y en la creación de un “gobierno representativo”, con el objetivo de poder utilizarla en próximos conflictos.